9 mar. 2020

Rafael Cancel Miranda y la Tierra Prometida

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Porque ni hoy
ni mañana,
ni nunca,
nuestra Patria dejará
de ser nuestra.

Eugenio María de Hostos

Por Julio A. Muriente Pérez | MINH

Miles de personas participaron en las diversas actividades celebradas en San Juan y Mayagüez para rendir homenaje a nuestro querido Rafael Cancel Miranda. Lugares tan emblemáticos como el Colegio de Abogados, el Ateneo Puertorriqueño y las catedrales de San Juan y Mayagüez, sirvieron como escenarios en los que se volcó el pueblo a expresar el cariño, respeto y reconocimiento a nuestro Héroe Nacional. Innumerables manifestaciones de solidaridad se dieron en la ruta de la comitiva fúnebre, desde la Capital hasta su Mayagüez querido, a donde ha retornado tras larga y singular jornada de vida. Innumerables mensajes de condolencia nos llegaron de diversas partes del mundo.


No era para menos. Rafaelito—su vida, sus ejecutorias, su compromiso y firmeza—constituye un ejemplo de dimensión colosal para una sociedad que busca la ruta digna hacia el porvenir. Es espejo donde obligadamente ha de mirarse cada hombre y mujer de esta tierra que decida aportar a la construcción de un nuevo País. Es parte indispensable de una historia de arrojo y rebeldía, de voluntad patriótica y entrega, que han escrito hijos e hijas de Puerto Rico en más de una ocasión.

Rafael Cancel Miranda tuvo, por así decirlo, varias vidas. Su compromiso con la causa de la independencia de Puerto Rico se remonta prácticamente a su nacimiento. Fueron sus padres quienes desde un principio lo guiaron por la ruta de la entrega total a su Patria. No titubeó cuando a los 18 años se negó a ingresar a las fuerzas armadas de Estados Unidos, por lo que tuvo que pasar dos años de cárcel y destierro. Tampoco titubeó cuando le fue confiada la estremecedora responsabilidad de participar junto a Lolita, Irving y Andrés, en el ataque al Congreso de Estados Unidos, el primero de marzo de 1954. Al ser excarcelado en 1979, tampoco titubeó a la hora de reincorporarse a su Pueblo para desempeñar la función que lo convirtió en uno de los dirigentes más importantes de nuestra lucha. Hasta el día de su muerte. Ni por un segundo abandonó ese propósito rector de su vida tan fructífera, tan valiosa.

Tanta firmeza, tanta alegría patriótica, tanto amor, le insuflan a los descreídos, a los cansados, a quienes sienten que no hay luz al otro lado del túnel, un optimismo renovado, una seguridad fortalecida de que nuestra tierra prometida, en plena libertad , es una posibilidad indiscutida. Pero que no se materializará ese gran ideal, si no renovamos a su vez nuestra disposición a la lucha, si no nos disponemos a organizarnos, a educarnos y a prepararnos junto a nuestro pueblo. A eso dedicó Rafaelito toda su vida. A eso debemos dedicar nosotros y nosotras, aunque sea, parte de nuestras vidas.

Se nos ha ido Rafaelito, pero sigue muy presente en nuestras conciencias. ¡Qué alegría, qué orgullo, qué enorme satisfacción sabernos hijos e hijas de una Patria que produce seres humanos como éste! ¡Cuánta seguridad provoca en nosotros y nosotras formar parte de una Nación donde han nacido héroes como Rafaelito!

Honrar su memoria será obligación de todos y todas. En el combate diario por la independencia nacional. En la edificación de una sociedad superior. En el esfuerzo cotidiano ser mejores hombres y mujeres. Con una sonrisa a flor de labios. Con la monoestrellada muy en alto. Con profundo amor a la vida y la libertad. Como Rafaelito hubiera querido.

Hasta que la Tierra Prometida sea una realidad. Y después.