15 feb. 2020

Sobre el golpe de Estado en Bolivia

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Por FAI Madrid

Reproducimos a continuación el documento de síntesis del conversatorio que sostuvo el Frente Antiimperialista Internacionalista (FAI), desde el Comité de Madrid del FAI el pasado 18 de noviembre de 2019, dedicado a la ofensiva imperialista en América Latina. La emergencia del golpe en Bolivia condicionó enormemente el debate, en el que se analizaron los principales factores que condicionaron su éxito aparente y las enseñanzas que se pueden extraer de este traumático proceso para todo el contexto latinoamericano y, por extensión, global, sobre la naturaleza desestabilizadora, corruptora y criminal del imperialismo y los medios para contrarrestarla:




Conversatorio del FAI de 18 de Nov. 2019

A nadie se le oculta que el proceso de inestabilidad que vive América Latina (AL) en esta segunda década del s. XXI está inducido desde/por Estados Unidos. Mientras este país siga considerando a América Latina como su patio trasero, sometiendo a los distintos países a los intereses de Washington, no puede haber normalidad en ese continente.

La desestabilización y la violencia extrema que han regado de sangre las calles y campos de Bolivia en este final de 2019 obedecen a dos tipos de razones:

  1. Intereses económicos. “Bolivia tiene la mayor reserva mundial de litio”, lo que lo convierte en un plato muy apetecible para el imperialismo norteamericano.
  2. Pero, sobre todo, Intereses políticos: Bolivia ha sido durante más de trece años un país conducido por un indígena antiimperialista, en medio de una sociedad profundamente racista, lo que le ha convertido en doblemente peligroso. Según relata Atilio Borón, “Evo hizo una tarea excepcional y sacó a Bolivia de su postergación, de su pobreza extrema y de su estancamiento económico para convertirla en la estrella del firmamento de los procesos económicos latinoamericanos. Fue el verdadero milagro económico de la región, que desde que accedió al poder en 2006, sostuvo un modelo de desarrollo con inclusión, acabó con la inflación, generó una gran afluencia de inversiones extranjeras y entregó dos pagas extraordinarias anuales cuando el PBI crecía por encima del 4,5% anual”

Todo ello hasta que la oligarquía local y los intereses del capital norteamericano se cansaron y, “como no pudieron ganarle en las urnas, lo sacaron por la fuerza”

UN GOLPE DE ESTADO AL ESTILO CLÁSICO

Lo ocurrido en Bolivia ha sido “un golpe brutal, a la antigua, plagado de violencia”. Nada de golpe blando con los jueces y el law fare (uso abusivo de los procedimientos legales nacionales e internacionales, con el fin de provocar repudio popular contra un gobernante). No se han molestado en disimular. Han practicado un golpe brutal, sin reparo alguno ante la violencia. Una intervención acorde con la catadura política de los sectores que han tomado por asalto el poder y que «se caracterizan por un fanatismo y un racismo pocas veces visto.

El pretexto para el golpe se ha situado en un supuesto fraude electoral en las elecciones a la Presidencia de este 2019. Pero los informes de los organismos políticos menos afines al gobierno tan sólo han detectado algunas mininas irregularidades en la transmisión rápida de los datos; desajustes que nunca alcanzaron una magnitud capaz de volcar el resultado de la elección o rebajar la diferencia que obtuvo Evo por encima de los diez puntos de diferencia sobre su oponente, Carlos Mesa.

De hecho, en el Informe de la OEA sobre las elecciones bolivianas del 2019 la expresión “fraude” o “fraudulento” no aparece ni una sola vez. Y el del prestigioso Center for Economic and Policy Research (CEPR) de Washington sentencia que “no se encuentra evidencia de que hubo irregularidades o fraude que afecten el resultado oficial que le dio al presidente Evo Morales una victoria suficiente en primera vuelta”.

LAS CLAVES DEL GOLPE

A.- Los errores del gobierno de Evo. Se ha hablado mucho de los errores del gobierno de Evo Morales, que debió prever e impedir el ataque golpista. Porque, en efecto, es hasta cierto punto razonable sorprenderse de cómo el gobierno de Evo no percibió a tiempo las señales de la ofensiva, por fallos de inteligencia difíciles de explicar.

El riesgo empezó a ser palpable desde el momento en que detectaron las campañas contra la reputación del líder popular, lo que en la jerga especializada se llama asesinato del personaje (“character assassination”), calificándolo de ladrón, corrupto, dictador o ignorante. De hecho, un mes antes de la agresión se habían publicado documentos con detalles de la operación en marcha.

Tras los insultos y difamaciones, Evo empezó a ser acusado de “demagogo que quiere eternizarse en el poder”. Y no sólo por la oposición más reaccionaria, sino con el apoyo de Medios de Comunicación internacionales y el aval de ciertos ‘intelectuales’ que, como Mario Vargas Llosa, han ejercido de portavoces de la ofensiva contra éste y otros liderazgos populares y han facilitado el terror a cargo de bandas de sicarios contratados para escarmentar a un pueblo que tuvo la osadía de querer ser libre.

El penúltimo aviso fue, como en otras intentonas, la entrada en escena de las Fuerzas de Seguridad”, instituciones controladas por numerosas agencias, militares y civiles, del gobierno de ESTADOS UNIDOS que las entrenan, las arman, hacen ejercicios conjuntos y las educan políticamente. Hay que reconocer que el gobierno había hecho limpieza en las Fuerzas y Servicios armados, pero había sido insuficiente.

Las Fuerzas de Seguridad han practicado en Bolivia un “Golpe de Estado por omisión”. Se retiraron de la escena de sus responsabilidades y dejaron el campo libre para la descontrolada actuación de bandas fascistas, reclutadas y financiadas por la derecha, intimidando de ese modo a toda la población, a la militancia y a las propias figuras del gobierno. Evo quedó indefenso ante las hordas que destruían, mataban e incendiaban.

En el desarrollo del golpe, también el gobierno de Evo cometió errores decisivos. Además de confiar la seguridad y el orden público a instituciones como la policía y el ejército, colonizadas por el imperialismo y sus lacayos de la derecha, el gobierno optó por una política de apaciguamiento y de no responder a las provocaciones de los fascistas. Pero esa posición blanda, lejos de disuadirles, sirvió para envalentonarles y acrecentar la apuesta: primero, exigieron balotaje; después, invocaron el fraude y pidieron nuevas elecciones; luego elecciones pero sin Evo; más tarde, la renuncia de Evo; finalmente, sembrar el terror con la complicidad de policías y militares y forzar a Evo a renunciar. Una secuencia propia de cualquier manual golpista.

En resumen, los errores del gobierno de Evo se pueden sintetizar en que:

  1. Confió demasiado en que el imperialismo y la derecha no iban a desempeñar un papel importante en las elecciones. Y se equivocaron: El imperialismo nunca descansa.
  2. La defensa armada del pueblo indígena frente al ejército regular se ha revelado profundamente insuficiente. Con frecuencia los reformismos no calibran bien lo que se les viene encima ni preparan al pueblo para defenderse.

Con todo, los hechos de Bolivia no pueden atribuirse sólo a falta de previsión. Porque la ofensiva venía de mucho más atrás. Desde el mismo momento en que Evo llegó al poder, el golpe se puso en marcha. Lo que nos demuestra que ganar elecciones y reformar el Estado son tareas difíciles, pero más difícil aún es defenderlo. Cuando se gobierna en circunstancias tan hostiles los retos son muy grandes, equivocarse es fácil y muy difícil acertar. En Cuba siempre lo han tenido muy claro, y han conseguido mantenerse porque contaban con el ejército y las milicias.

B. Resulta también elocuente la evidencia de que por más que se administre de modo ejemplar la economía como lo hizo el gobierno de Evo, se garantice el crecimiento, la redistribución, aumenten las inversiones y se mejoren todos los indicadores macro y microeconómicos, la derecha y el imperialismo jamás aceptan a un gobierno que no se ponga al servicio de sus intereses. Poseer riquezas naturales convierte a los pueblos en objetivo directo del imperialismo. Se ve ahora de nuevo en América Latina, lo mismo que hemos constatado en Oriente Medio, en la mayor parte de Africa y otras regiones estratégicas del planeta. Estamos ante un ataque general, la guerra-mundo.

C. Cuando se pretende desarrollar una política contraria a los intereses de los grupos dominantes, el único resguardo que queda es la capacidad de movilización popular. Y Evo perdió, en gran medida, porque perdió la calle. La calle se la ganó la derecha.
Lo que nos plantea:

  1. la necesidad de analizar por qué son los civiles en la calle los protagonistas de la lucha por el poder, a partir de su defensa de las libertades y los derechos civiles. ¿Estamos ante un nuevo paradigma, diferente de lo que ocurría en las dictaduras de los años 70?
  2. Y aún más evidente: la vigencia inaplazable del internacionalismo. La pretensión de que cada país se defienda por si mismo se evidencia como una quimera.

FACTORES DOMINANTES DEL IMPERIALISMO CONTEMPORÁNEO

Dos ejes más merecen ser tenidos en cuenta en el análisis de los nuevos rasgos del imperialismo:

1.- La trascendencia de la hegemonía ideológico-cultural que antecede y, a veces, se sobrepone a la hegemonía económica o política. Tiene que ver con la subjetividad. El golpe en Bolivia se ha apoyado en la inacción del ejército, pero se enraíza también en aspectos ideológico-culturales. Han emergido rencillas históricas de clase, y de rivalidad étnica, de blancos contra indígenas. El vicepresidente García Linera sostenía que a las clases medias les daría vergüenza sumarse al golpe por las matanzas. Pero eso se ha demostrado como una ingenuidad.

Hay un verdadero adoctrinamiento sobre las verdades intocables de la democracia liberal que los gobiernos progresistas no han sido capaces de enfrentar, como si eso fuera algo ajeno a las estructuras del estado. Pero es el estado el responsable de transmitir los valores de la defensa de las conquistas sociales. Todo esto tiene que ver con el campo de lo subjetivo, ideológico-organizativo. Y, con demasiada frecuencia, no está en la mentalidad de la gente. Y si no entendemos que estamos ya en guerra, nos tocará sufrirla antes o después.

Seguramente, esto tiene que ver con el papel de la sociedad civil en el golpe en Bolivia. Los golpistas han mantenido el control de los medios y de las redes sociales, no se les escapa nadie. Frente al imperialismo, o les hacemos frente entre todos, desde todos los ángulos, o no podremos con ellos. Puede que no tengamos fuerzas para ello, pero hay que probarlo.

Un elemento importante de carácter ideológico que ha contribuido al triunfo del golpe: el discurso de la no violencia. Parece grabado a fuego entre las convicciones democráticas de la gente. Y ha calado en las fuerzas de izquierda. La No violencia es un como concepto dual (la paz como un bien a alcanzar, o el pacifismo que desarma al pueblo frente a las agresiones) Tiene un fundamento democrático, pero en un contexto de violencia estructural internacional, ceder el monopolio de la fuerza al enemigo (los altos mandos militares bolivianos son reaccionarios y racistas) puede resultar suicida. Frente a ello, es preciso fortalecer al ejército con personas de talante estrictamente democrático.

El papel de las iglesias. Al igual que en Nicaragua, la Iglesia Católica ha jugado un papel destacado. En Bolivia hay un cardenal indígena, pero la Conferencia Episcopal no habla con él. Y las iglesias evangélicas, al menos en Santa Cruz, han jugado abiertamente a favor de los golpistas, tanto con financiación específica, como con sus influencias ideológicas reaccionarias. Un fenómeno que se extiende como la pólvora por gran parte de América Latina. Ya se ha visto en Colombia, en Brasil, en Ecuador o en El Salvador.

Junto a los militares, los sectores religiosos fundamentalistas han tenido un papel destacado en el golpe. Lo han ejecutado con la Biblia y el Crucifijo en la mano, puestos al servicio de la represión y de la humillación de los pueblos originarios. Camacho, el jefe cívico de la oposición, y Jeanine Áñez, la nueva e ilegítima presidenta, entronizaron la Biblia en la presidencia de la República para legitimar el golpe, lavar las muertes producidas, confesionalizar la política, negar la identidad de las comunidades indígenas y desprestigiar sus cultos, calificándolos de “satánicos”.

Por ello, urge crear embriones de organizaciones que hagan frente a esa dinámica imperialista y su legitimación ideológica. Si hoy no existe conciencia antiimperialista, es nuestra obligación promoverla. Asumir nuestra responsabilidad y generar suficiente entusiasmo, en lugar de caer en depresión.

2.- La relación del modelo de acumulación y la dinámica del capitalismo. El imperialismo está vinculado a la acumulación primitiva; su dinámica es constante; es imprescindible que la acumulación primitiva se mantenga. Pero ante el agotamiento de los sistemas cerrados, el capitalismo se ve obligado a buscar la expansión fuera, para seguir obteniendo valor del trabajo. Esa expansión no es una opción, ni depende de una decisión unilateral. Es el propio sistema quien lo exige.

Pero hace ya unos años que la capacidad de creación de plusvalor se agotó en el capitalismo mundial, a manos de una desindustrialización en Occidente que redujo el empleo, los salarios y la capacidad de consumo, forzando a una nueva reducción de precio y de creación de plusvalor. La competencia intercapitalista y la redistribución de riqueza necesaria para el Estado de Bienestar igualaron costes a precios. La extracción de valor se agotó. Lo que forzó a formas de expansión mucho más agresivas. El capital internacional, y el capital norteamericano en particular, cuestionados por países que se niegan a renunciar a su soberanía, toma formas hoy mucho más agresivas, ejercen una opresión mucho más descarnada, pasando de los sobornos a las injerencias, los chantajes y las guerras híbridas, sin el más mínimo respeto al derecho internacional.

A ello ayuda la competencia intercapitalista. Una parte del capitalismo defiende ahora intereses locales, apoyándose en políticas proteccionistas, fordistas y demagógicas; otra parte defiende sus intereses en el capitalismo globalizado, promoviendo la intervención. La pugna entre ambas acrecienta la agresividad frente a terceros países y alimenta un tercer actor que se beneficia de las dos tendencias: el complejo militar-industrial. Bolivia está siendo una víctima más de este proceso

Pero la hegemonía de este capital internacional no es lineal. Hay muchas variables sobre las que es posible incidir; el sistema está lleno de contradicciones y es vulnerable. He ahí nuestro campo de trabajo. Convirtamos todo esto en un discurso coherente y comprensible. Busquemos sobre casos concretos las contradicciones más evidentes; tratemos de ordenarlas y buscar sus fisuras, distinguiendo cuáles son inocuas para el sistema y cuáles no.

El capitalismo actual es ya incapaz de generar beneficios. Se cierran las fábricas, las empresas… el sistema sólo puede renacer tras una gran guerra. Así lo estamos viendo en Congo, Libia, Siria, Yemen, América Latina, etc. por doquier… Todo camina hacia la gran guerra que involucre a los grandes capitales. Si no se ha desatado es porque aún no tienen activada la economía de guerra. Nuestra responsabilidad es trabajar por hacerlo imposible.

(Síntesis realizada por Ángel Villagrá, a partir de relatoría de Manuel Pardo)