24 feb. 2020

El querido y respetado amigo Luis Escribano

Por Julio A. Muriente Pérez | MINH

Una de las experiencias más aleccionadoras y fascinantes de la militancia independentista ha sido compartir y aprender de nuestros mayores. Ha sido un enorme privilegio que hemos experimentado muchos de nosotros y nosotras. La lista de esos personajes singulares es enorme; las vivencias, anécdotas e historias son interminables. 


En cada región de nuestra Patria contamos o hemos contado con muchos de estos sabios de la tribu, eslabón imprescindible con épocas anteriores, con episodios gloriosos, o con la simple tarea cotidiana, esforzada y muchas veces frustrante, de una lucha que nunca a cesado. Esos militantes que no se cansan; que si se cansan se detienen por un momento y luego continúan; que dicen presente para cualquier tarea, desde la más insignificante hasta la más trascendental. Que son el ejemplo a seguir. 

Hasta que un día su cuerpo no puede más —porque su espíritu ha mostrado ser indestructible—y se marchan, dejándonos en medio de una consternación indescriptible.

Es lo que hemos sentido con la partida del querido y respetado amigo y compañero Luis Escribano.

Desde muy temprano en su vida, Luis tomó partido con la lucha de nuestro Pueblo por un destino superior en libertad. Como estudiante, abogado, sindicalista, militante socialista y revolucionario, firme, vertical, disciplinado; como amigo y compañero, irreverente, amoroso, comprensivo; como ser humano, sensible y solidario. Hasta el último instante de su existencia.

Desde este rincón  de la militancia y la lucha hemos ido viendo, y hemos ido sufriendo, la partida de nuestros mayores. ¿Qué nos va quedando? El enorme reto de emularles, de ser como ellos, de contribuir a darle continuidad a las ideas y aspiraciones que ellos y ellas nos enseñaron.

A Luis, en este minuto definitivo, nuestro cariño profundo, nuestra alegría de haberle conocido y de haberle tenido como maestro, el privilegio de haber sido su compañero de lucha, la tristeza enorme de ya no tenerle presente. Y la seguridad de que vidas como la suya le insuflan a la vida propia un sentido, una pertinencia para seguir viviendo, para seguir sirviendo.