17 ene. 2020

La Confederación Antillana como punto de partida: Eugenio María de Hostos

Por Elma Beatriz Rosado | Especial para En Rojo

Antillanista, federacionista, revolucionario; independentista; anticolonialista; antiesclavista; antianexionista; antiimperialista, hijo de la Patria de Borinquen, de Cuba y de Quisqueya; hijo de las Antillas, Eugenio María de Hostos es una figura ejemplar. Hombre-idea que se trazó una ruta rigurosa y dedicó esfuerzos extraordinarios a la causa de Puerto Rico y Cuba, y con fervor especial, al proyecto soñado de una Confederación Antillana.



A Ramón, Segundo y Eugenio, por su dedicación en la defensa
de nuestros derechos, antes y ahora.

A Arturo, Giovanni, Alberto, René, Alicia, Waldemiro, Gabriela, Aníbal y Manuel,
por su dedicación a la defensa de nuestros derechos, ahora y después.

Amamos la patria porque es un punto de partida. —Eugenio María de Hostos

Ramón, Segundo, Eugenio. Betances, Ruiz Belvis, Hostos. Los compañeros de lucha de miles de puertorriqueños –contemporáneos y futuros. Las fuentes de inspiración. Hombres-idea. ¿Cómo evolución el pensamiento de cada uno de ellos para que devinieran en ideólogos y guerreros de la patria puertorriqueña?

¿Cuánto conocimiento adquirieron, qué rutas transitaron, qué personajes los influenciaron, qué momentos les significaron puntos de viraje, cuáles fueron sus aportaciones, en fin: cómo se convirtieron en hombres-idea? Tres puertorriqueños que se destacaron por sus ideas liberales y revolucionarias y por sus acciones concretas por la libertad y los derechos del pueblo puertorriqueño durante el siglo XIX.

Ramón y Segundo suelen ser percibidos como decididos revolucionarios. Eugenio parece ser apreciado en su trayectoria liberal, antes de ser percibido como revolucionario. Adquirir calificativo de revolucionario tal vez le costaría la pérdida de la inocencia, tanto con España, como con Estados Unidos. Un viejo mundo y un nuevo mundo. Así también se dividiría su vida. La vieja conciencia y la nueva conciencia.

Acerco el candil para regar un poco de luz a la atisbar en el interior de Eugenio María de Hostos, con particular énfasis en su trayectoria entorno al ideal de una confederación para las Antillas. Advierto que es una mirada muy general. Este trabajo pretende apenas un acercamiento al tema; podría constituir un mero bosquejo de esa trayectoria–abstracta y concreta–de Hostos en su peregrinaje por los trillos recorridos por él en la construcción del proyecto de la Confederación Antillana.

Varios escritos de Hostos inspiran este trabajo. Prominentemente, su novela-diario "La peregrinación de Bayoán". También su "Diario", incluyendo aquellas páginas que por su contenido podrían ser consideradas como muy íntimas, los apuntes de sus viajes por América del Sur, algunos discursos y sus cartas. Otros de sus trabajos, de índole didácticos y de conceptuación filosófica, no han sido examinados como tampoco la construcción misma de la idea de la confederación. Este trabajo adopta el concepto de una Confederación Antillana como una propuesta válida en el pensamiento y acción de Eugenio María de Hostos y no pretende realizar una disección o análisis más detallado con respecto a su contenido filosófico, jurídico y político. Tal tratamiento exigiría adentrarse extensamente en la obra de Hostos para examinarla con mucha mayor profundidad, dedicación y constancia; sería como construir un gran edificio. El trabajo que aquí se presenta aspira a constituir, apenas, la zapata de ese edificio.

En Hostos, el concepto de la mirada es esencial. En un trabajo teórico referente a la mirada, el mexicano Jesús Fernando Monreal Ramírez expresa unas palabras que me provocan pensara Hostos y su concepto de la mirada: “Es cierto que la minara sucede siempre bajo una imagen de la visualidad, pero esta implica a su vez una imagen del pensar”. En su peregrinación, Hostos siente que través de sus viajes amplía sumisión y su análisis. Según se desplaza en el territorio, territorios por los que transita, siente que se despeja la oscuridad, y en la claridad puede discernir cosas que antes se encontraban ocultas. La territorialidad es otro de los aspectos tratados por Monreal Ramírez, quien considera que los territorios no son “simples sitios de tránsito”. No lo son en Hostos. Monreal Ramírez considera que la territorialidad es un elemento fundamental en el habitar humano, “al constituir el marco en el que lleva a cabo las actuaciones encaminadas a la supervivencia del individuo y la especie, porque un territorio se autoorganiza en relación a una tipología de conductas”. Plantea que esas tipologías “se expresan en acciones y en territorios que no son simples sitios de tránsito y que llegar incluso está antropológicamente subordinado a las apropiaciones territoriales posibilitadas por estos regímenes”. Entonces, concentrando en esa mirada y en los territorios en los que Hostos deja huellas, procedemos s a examinar su recorrido.

Trazando la ruta de Hostos en este mapa virtual, se destacan con prominencia puntos definitorios en su trayectoria. Los llamaré puntos de conciencia. En algunas ocasiones, serán también puntos de cambio de rumbo; de aceleración; de paralización; de evolución; de rectificación; de giro; de desvío; en fin, del efecto de alguna fuerza sobre su conciencia. Representarán momentos definitorios en la transformación de su conciencia o momentos de luz en su razonamiento. Uno de los más emotivos es el de su estremecimiento ante su encuentro con el mar. Siendo un niño, lo ha impactado el estruendo del oleaje, el choque de las masas de agua que antes percibía como serenas. El momento ha sido grabado en su memoria, pero también en su conciencia –indeleblemente–, como una lección viva entre dos estados: el sereno y el violento.

Los sucesos de la Noche de San Daniel, el 10 de abril de 1865, deben de haber conmocionado amargamente su consciencia, ya que lo mueven a la indignación ya denunciar públicamente la masacre presenciada por él en la capital española. En 1868, tres acontecimientos históricos lo sacudirán profundamente: la Revolución Gloriosa en España, el Grito de Lares en Puerto Rico y el Grito de Yara en Cuba. Culminación de ese proceso que significará su ruptura con España será su discurso en el Ateneo de Madrid unos meses después.

Significativos también serán sus encuentros con ciertas figuras, que registrarán en él efectos de diversa intensidad en el espectro que representa sus ilusiones-desilusiones: su intercambio con el general Francisco Serrano en Madrid, cuando Hostos finalmente se convence de la inutilidad de ciertos hombres; a su llegada a Nueva York, ilusionado con un sinfín de planes para la revolución, su entrevista con Ramón Emeterio Betances, que le produce un gran descorazonamiento; las mágicas influencias revitalizadoras en sus encuentros con el general Piñeres, el padre Vigil y el coronel Espinoza, durante su viaje al Sur; en fin, todas estas, experiencias significativas. En otro ámbito, es de gran impacto su encuentro con Belinda Ayala, quien se convertirán su esposa, no sin que se reviva en Hostos la habitual dicotomía entre el deber a la patria y el deber a la familia.

El fusilamiento de los revolucionarios del Virginius, en 1874, será motivo de consternación e indignación que lo llevará a reafirmar su férrea defensa de Cuba, dominado por su pasión de justicia. El suceso del Virginius no fue para Hostos motivo de intimidación ni de merma en su ánimo y al año siguiente se embarca junto a Francisco Vicente Aguilera en un intento expedicionario, que, desgraciadamente, culmina en naufragio. Tampoco se amilana, declarando tener la disposición para intentarlo nuevamente. En Santo Domingo conoce a Gregorio Luperón, Segundo Imbert y Federico Henríquez y Carvajal, con quienes compartirá una amistad de excepcional significación en su vida. Su enfrentamiento a Estados Unidos–no únicamente al país, sino a la imagen idealista de Estados Unidos que se había arraigado en su mente–será muy difícil de asimilar. Al paso de otras experiencias, menguarán sus fuerzas. Desde Santo Domingo, donde finalmente reposará, entregará su mirada–uno de sus bienes más preciados–al mar antillano que tanto lo estremeció en sus primeros años de vida.

Antillanista, federacionista, revolucionario; independentista; anticolonialista; antiesclavista; antianexionista; antiimperialista, hijo de la Patria de Borinquen, de Cuba y de Quisqueya; hijo de las Antillas, Eugenio María de Hostos es una figura ejemplar. Hombre-idea que se trazó una ruta rigurosa y dedicó esfuerzos extraordinarios a la causa de Puerto Rico y Cuba, y con fervor especial, al proyecto soñado de una Confederación Antillana.

La peregrinación de Hostos ha sido guiada por el corazón y la conciencia. En la hoja de ruta que Hostos fue conformando como derrotero, varios puntos resaltan con prominencia: la geopolítica; los derechos; el deber; el proyecto confederacionista antillano; la conceptuación de la patria grande; y la amenaza expansionista del imperio estadounidense. Su punto de partida es el sentimiento de justicia. Asume como deber reclamar los derechos de las Antillas cuando siente que en ellas se viola la justicia. En su análisis geopolítico figuran la confección de una propuesta de confederación antillana– con la perspectiva de formar parte de una federación latinoamericana–  y la atención a los peligros que presagia a causa de las ansias expansionistas de Estados Unidos.

La visión geopolítica de Eugenio María de Hostos está presente–intuitivamente y racionalmente– a lo largo de su trayectoria de vida política, que es su vida toda. Su particular atención a la geografía de las islas y del continente–que con espectacular arte muestra en sus apuntes de travesías en Mi viaje al Sur–constituye una de las piedras angulares para sus exposiciones geopolíticas sobre la situación de las Antillas. Otras dos piedras angulares las constituyen el conocimiento histórico y el conocimiento político. Ha utilizado la geopolítica–cuando esta aún no tenía nombre–para conformar su plan estratégico, visualizando a las Antillas como complemento geológico, histórico y político de América.

Sus observaciones sobre la posición geográfica de las Antillas lo llevan a plantear las posibilidades para las Antillas en la economía del Nuevo Mundo, señalando el potencial de estas para llegar a ser “lo que pueden ser”. Manuel Maldonado Denis afirma que Hostos concibió la idea de la Federación antillana como proyecto histórico en beneficio las Antillas; seguramente, también en beneficio de América.

De singular importancia es el concepto de “el fiel de la balanza”. Hostos concibió el punto estratégico de las Antillas en relación al mundo:

“A todos y a todo conviene que el noble Archipiélago, haciéndose digno de su destino, sea el fiel de la balanza; ni norte ni sudamericanos, antillanos: ésa nuestra divisa, sea ése el propósito nuestra lucha, tanto de la de hoy por la Independencia, cuanto la de mañana por la libertad”.

La génesis de su pensamiento podría ser ubicada en el concepto del derecho de libertad como un derecho natural de los hombres. Hay un hecho absoluto: Hostos siente que no tiene patria. Haber nacido en una colonia, haber sentid las injusticias de un gobierno despótico sobre un pueblo subyugado lo perturbaba profundamente. Ha nacido después de logradas las independencias de América y se pregunta por qué Puerto Rico no es independiente y, con total naturalidad, se pregunta también por qué la Isla vecina, albergue de sus antepasados, tampoco es independiente. Hostos odia, condena y maldice la horrenda situación de las Antillas. Amargamente, reconoce que en algunos hombres los principios no son incólumes y reclama a los revolucionarios españoles de 1868 la dignidad para su patria, sin encontrar contestación. Ante la ausencia de una respuesta, su deber le exige lanzarse en una lucha, no tan sólo por la independencia, sino también por la libertad de las Antillas. Lo demuestran su empeño en llegar a Nueva York para participar en la expedición que pensaba –equivocadamente– que saldría para Puerto Rico. Los exiliados de las Antillas conspiraban en Nueva York y Hostos se unía a esos esfuerzos revolucionarios con gran empeño aun por encima de sus percepciones de no haber sido bien recibido.

En un amplio marco de los deberes, se destaca su compromiso con la igualdad de los seres humanos: lucha por erradicar las desigualdades sociales, las raciales y las de género. En sus viajes conoce con mayor profundidad del efecto de las desigualdades en el ser humano y combate enérgicamente las mismas. En el proyecto de la Confederación Antillana depositó un empeño descomunal. Encauzó su estrategia en la realización de esfuerzos directos para lograr la independencia de Cuba, como puntada lanza para la liberación de Puerto Rico y para la inevitable conformación de la Confederación Antillana. Hostos asumió el papel de propagandista de la independencia Cuba con pasión y tenacidad absoluta, en una labor que puede no haber sido superada. Viajó, animado por ese propósito, difundiendo su propuesta en escritos, conferencias, tertulias, reuniones, en infinidad de maneras–incluso embarcándose en una expedición revolucionaria hacia Cuba en la que su vida corrió peligro. En sus palabras: “en Puerto Rico mi deber, en Cuba mi estímulo”.

En su decidido combate contra las fuerzas anexionistas, Hostos dedicó esfuerzos intensos a tres aspectos esenciales: “la idea del colonizado sobre su incapacidad de formar una vida propia; la indiferencia la incomprensión de la América Latina continental; y la prepotencia y tendencia expansionista de los Estados Unidos”. Hostos reconoció y advirtió sobre la inseguridad, tanto en cubanos como en puertorriqueños, de enfrentarse a la independencia. Posiblemente la influencia de Hegel en su pensamiento, junto con su natural disciplina de observación y experiencia en la caracterización psicológica (como tan magistralmente lo demuestra en “La crítica de Hamlet”) lo hicieron consciente de dicha realidad. Previo Frantz Fanon, Hostos ya señalaba ciertas situaciones de obstáculos mentales a los objetivos concretos de independencia y liberación, los cuales relacionaba a la condición colonial de los pueblos.

Una de las grandes aflicciones de Hostos es la indiferencia y la incomprensión de la América Latina continental. Sentía que Puerto Rico y Cuba habían quedado olvidadas en la lista de los deberes de los pueblos de América. La falta de unión y solidaridad que percibió lo llevó a adoptar el término Estados Desunidos, lamentando que la América del Sur no reconociera la importancia estratégica de las Antillas como el freno para la expansión del imperialismo. “Ayacucho” es un desgarrado clamor a la conciencia de la América hermana para que entienda que la independencia de América es una tarea inconclusa porque hay todavía patrias por liberar y reclama los deberes de la América Latina en contra del colonialismo y del imperialismo.

Desde muy temprano, en preparación de su primer viaje a Estados Unidos, plantea su preocupación sobre ese país. Está resuelto a que las Antillas no podrán ser anexionadas a Estados Unidos, que deberán ser estados independientes, destinados a participar en la Confederación Antillana. Anticipa la amenaza imperialista de los Estados Unidos y, así como luchó en contra del colonialismo español, también lucharía encontrar del colonialismo de Estados Unidos; lucha compartida también con los cubanos, con figuras prominentes como José Martí. En esta visión, ambos, Hostos y Martí impulsaban la estrategia de las Antillas como en el fiel de la balanza, en un intento de detener la prepotencia del amenazante imperio estadounidense.

Ante el hecho consumado de la invasión y ocupación militar de Puerto Rico, su lucha cambia de posición estratégica. La lucha en la cual tomaba la ofensiva se transforma ahora en una lucha defensiva. Cuando antes daba pasos directos para adelantar sus objetivos, ahora recurre a mecanismos mediante los cuales pueda retardar o detener las amenazas que se ciernen sobre la patria, cual pasos de resistencia, aunque no de avance. Propone la celebración de un plebiscito concentrará sus esfuerzos en la creación de la Liga de Patriotas Puertorriqueños, en Nueva York, y en Puerto Rico. Concibe a la Liga de Patriotas como un mecanismo de educación popular y cifra sus esperanzas en que a través de la Liga se pueda educar al pueblo sobre la independencia, esfuerzo que también integra su visión sobre los obstáculos mentales que ya había percibido en los pueblos colonizados. Lamentablemente, la Liga de Patriotas no tiene la acogida que esperaba desiste de la idea de lo que pudo haber sido una fábrica de hombres.

Hostos siente que la Patria se le escapa de las manos. Sus últimos años los dedicará a la función pedagógica en Santo Domingo, donde, finalmente, abatido y agotado, abandonará su cuerpo. Eugenio María de Hostos queda vivo en el espíritu de una Patria que no es, pero que lucha por ser. Ser o no ser. Y será. La Patria de Hostos se sigue construyendo. Su legado queda incrustado, cual sólidos bloques, en la construcción del edificio soñado.

Los escritos de Hostos, además de un legado, constituyen una provocación. Incitan a trabajar en esa educación tan necesaria para la comprensión de las ideas. De los derechos. De los deberes. Y así como al cortar un árbol, deben sembrarse, al menos, dos; al hacerse un escrito, deben concebirse, al menos, otros dos. De estas líneas surgen varios temas que podrían se investigados en el futuro. Una aportación medular sería la articulación de una cronología sobre los proyectos antillanistas, considerando antecedentes, conceptos y perspectivas atendidas. Podrían considerarse nombres como los de José Álvarez de Toledo y el padre Félix Varela, ambos cubanos; los dominicanos Emilio Cordero Michel y el general Gregorio Luperón; el chileno Benjamín Vicuña Mckenna; Ramón Emeterio Betances; Eugenio María de Hostos; y José Martí. De especial significación sería estudiar los esfuerzos específicos de Hostos como propagandista por la independencia de Cuba, durante su peregrinación por América. Otros estudios pertinentes podrían ser el del uso y significado del concepto el fiel de la balanza por las figuras latinoamericanas y el del uso y significado del concepto raza, comenzando, tal vez, por los escritos de Hostos, Martí, Rodó, Vasconcelos y Mariátegui.

Ya se extingue la llama del candil. En esta penumbra, sin embargo, no se cierra la oscuridad. El pensamiento de un ideólogo y guerrero de la Patria puertorriqueña resplandece y alumbra los oscuros rincones con su conocimiento; con su hoja de ruta; con sus personajes cimeros; con suspensos definitorios.

Alumbra, para que aquellos que vienen tras él puedan ver el camino y distinguir los puntos de conciencia: ésos que representarán momentos definitorios en la transformación de sus consciencias o momentos de luz en sus razonamientos. Tal vez se conviertan en hombres-idea y en mujeres-idea.