11 dic. 2019

Los puertorriqueños y puertorriqueñas en Estados Unidos: Nuevas migraciones, nuevos retos


Los puertorriqueños y puertorriqueñas en Estados Unidos: 
Nuevas migraciones, nuevos retos
Seminario de Estudios sobre Puerto Rico, Caracas
27-28 de noviembre de 2019

Intervención de Olga I. Sanabria Dávila
Miembro de la dirección del 
Movimiento Independentista Nacional Hostosiano
Expresidenta del Comité de Puerto Rico en Naciones Unidas

El tema de la inmigración puertorriqueña a Estados Unidos es uno que, como dije, me toca de cerca. Soy producto de la gran migración puertorriqueña a la ciudad de Nueva York de la década de los años ’50 del siglo pasado. Esa inmigración fue de medio millón de puertorriqueños(as) que se asentaron mayormente en la ciudad de Nueva York donde las mujeres mayormente se ubicaron en la industria de la aguja y en la industria de los servicios los hombres, mayormente en restaurantes, hoteles y la manufactura. Además, esa migración se asentó en Chicago, Nueva Jersey, los estados de Nueva Inglaterra y Filadelfia. Por otro lado, en medio oriente de Estados Unidos había puertorriqueños ubicados en la industria del acero.


También había pequeñas comunidades concentradas en Los Ángeles, San Francisco y Hawái producto de circunstancias particulares. El más antiguo el caso de Hawái donde a principios del siglo XX habían llegado puertorriqueños a recoger piñas y terminaron quedándose.

En los años ’50, la distancia relativamente corta entre Puerto Rico y Nueva York, en particular, y el llamado puente aéreo, facilitaron la continua interacción con Puerto Rico y familiares en la Isla. Además, había prensa, radio, televisión y cine, mayormente mexicano y argentino, en español. Esas condiciones y el continuo racismo, discrimen, la otredad e invisibilización contra los puertorriqueños dificultó la asimilación. Favoreció la identidad puertorriqueña en Estados Unidos y fuertes vínculos con Puerto Rico.

Esa gran inmigración enfrentó grandes problemas de discrimen, trauma cultural, además de problemas sociales de vivienda, hacinamiento, el encarcelamiento desproporcional, la brutalidad policiaca, la educación, empleo y salud, además de un clima frío de nieve por temporadas al cual en nada estábamos acostumbrados. Luego sus hijos e hijas enfrentaron iguales problemas además del problema de identidad. Las mujeres enfrentaron la esterilización masiva con una cifra de 30 por ciento de las mujeres de edad productiva tanto en Puerto Rico como en Nueva York.

Se trató de una inmigración forzada, necesaria para asegurar la reducción, aunque artificial, del desempleo en Puerto Rico y así aportar al éxito del programa de industrialización de Puerto Rico, Manos a la obra, que acompañó el establecimiento del Estado Libre Asociado en 1952. Además, se trató de una migración de clase trabajadora, mayormente del campo a los grandes pueblos de Puerto Rico y de ahí a centros urbanos de Estados Unidos con excepción de los trabajadores agrícola. 

Tengo recuerdos muy claros de los problemas sociales que enfrentó mi familia como parte de esa inmigración, Había habido una pequeña inmigración puertorriqueña previa a Nueva York denominada “Los pioneros”. Aquella migración inicial logró un nivel mínimo de organización comunitaria, sindical y cívica, incluyendo en el ámbito electoral. No obstante, aquel nivel de organización era inadecuado para las masas puertorriqueñas que le siguieron en la migración masiva de los años ‘50. 

En Nueva York, ocupamos vivienda que había sido construida para las emigraciones trabajadoras europeas de principios de siglo. Como era vivienda para esas poblaciones la construcción era de edificios de hasta seis niveles sin ascensor, de cuartos sumamente pequeños y corridos, con el sanitario en el pasillo sin calefacción y compartido por dos familias, con la bañera en la cocina-comedor. 

Cuando los puertorriqueños(as) llegamos a Nueva York en masa a vivir en aquella vivienda, por allí ya habían pasado olas migratorias de diversos países como Rusia, Ucrania y Polonia, judíos, chinos y algunos afroamericanos. Entonces no solo era de las características descritas sino de condiciones en deterioro. A menudo faltaban la calefacción y el agua caliente.

Además de eso, tengo recuerdos vivos de los problemas lingüísticos que enfrenté. A pesar de estar en Nueva York, en mi casa se hablaba español y se prohibía el inglés. Cuando entré a la escuela a los cinco años no entendía nada pues obviamente la enseñanza era en inglés, y no existía programa alguno de transición o bilingüe. Fue el primer problema del cual estuve consciente. Rápidamente comenzaron los reclamos de que los niños(as) puertorriqueños necesitaban programas bilingües y esos fueron de nuestras primeras reivindicaciones e instituciones luchadas. Y eso fue después que yo me pudiera beneficiar.

El despertar político y social de los jóvenes puertorriqueños de aquella inmigración era por la justicia social, los derechos democráticos y la independencia de Puerto Rico. Fue alimentado por organizaciones militantes radicales puertorriqueñas y afroamericanas. Desde principios de los años 60 el Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico estaba organizado en Nueva York. Ya para principios de la década de los ’70 del siglo pasado, la generación joven de puertorriqueños(as) además fue impactada por los grandes movimientos sociales y políticos que se habían desarrollado en Estados Unidos desde aproximadamente 1955 cuando los afroamericanos lanzaron sus luchas contra la segregación, el racismo y el discrimen. Ello influyó en que otras comunidades también se lanzaran a la lucha por sus derechos. Tal fue el caso de las mujeres, los mejicano-americanos, los gay, estudiantes, trabajadores, envejecientes y otros. Añadió a la efervescencia social y política la oposición a la guerra contra el pueblo de Vietnam, el servicio militar obligatorio, y la modalidad cultural de los “hippies”. 

Los jóvenes puertorriqueños(as) hijos(as) de la inmigración puertorriqueña de los años ’50 se lanzaron a luchar por sus reivindicaciones y derechos democráticos. En el proceso crearon instituciones duraderas que siguen existiendo al presente en las ciudades donde se ubicó aquella primera emigración masiva de puertorriqueños(as) en Estados Unidos.

En 1973 se fundó el Centro de Estudios Puertorriqueño con más de 45 años al presente. El mismo tiene una amplia colección de documentos de todas las facetas de la comunidad puertorriqueña en Estados Unidos, incluyendo una colección amplísima de tesis doctorales, una biblioteca de temas puertorriqueños y los documentos privados de puertorriqueños(as) destacados de Estados Unidos. Además, el Centro tiene una revista, realiza investigaciones, y sirve de apoyo a los Departamentos de Estudios Puertorriqueños también establecidos para aquella época. Es decir que las luchas en los campos de la educación y la cultura fueron destacadas.

También se crearon programas de asistencia legal como el Fondo Puertorriqueño para la Defensa y Educación Legal (PRLDEF, por sus siglas en inglés), una organización que no solo asistía con defensa legal a la comunidad puertorriqueña y orientación para los interesados en la abogacía, sino que también llevaba selectivamente casos que establecieran jurisprudencia a favor de los derechos de los puertorriqueños(as) y otras minorías a la vivienda, la educación bilingüe y contra la discriminación y otros problemas. 

Todo ello, además del icónico y masivo Desfile Nacional Puertorriqueño celebrado en Nueva York y luego replicado en muchas otras ciudades con grandes poblaciones puertorriqueñas.

Aspira, fundado por la Dra. Antonia Pantoja fue un proyecto, de los primeros, multifacético, mayormente para el área educativa, cultural y desarrollo de liderato. Es un programa que perdura al día de hoy y se expandió a Puerto Rico. 
Otras luchas fueron en el campo sindical, de derechos de los trabajadores agrícolas, de vivienda, de salud y contra la esterilización masiva de las mujeres puertorriqueñas. Teníamos y seguimos teniendo los índices sociales más bajos en la mayoría de los renglones con excepción de los indios nativos. Ello a pesar de llegar a Estados Unidos siendo ciudadanos de Estados Unidos desde 1917 cuando se nos impuso esa ciudadanía menos de veinte años después de la invasión de Estados Unidos a Puerto Rico, a pesar también que ya éramos la segunda minoría latina más grande en Estados Unidos después de los mexicanos cuyas circunstancias para su presencia en Estados Unidos incluye la toma por Estados Unidos de grandes extensiones de territorio mexicano producto de la Guerra Méjico-Americana.

Luego de 20 y 30 años de presencia y lucha en Estados Unidos nuestros índices sociales no habían variado mucho producto del racismo, el discrimen y la marginación en guetos (comunidades aisladas con grandes problemas sociales y poco contacto con el grueso de la sociedad norteamericana (el llamado “mainstream”).

En la importante área cultural, además de programas de estudios puertorriqueños, en Nueva York se establecieron el Museo del Barrio, el Taller Boricua y el Centro Cultural Julia de Burgos, además de la Casa Betances. En Chicago se fundó el Centro Ruiz Belvis, el Paseo Boricua y la Escuela Pedro Albizu Campos, entre otras instituciones. En Filadelfia también se establecieron instituciones boricuas al igual que en otros centros de concentración boricua. 

Las luchas de los puertorriqueños(as) en Estados Unidos durante años 70 y 80 del siglo pasado dieron resultados relativos en cuanto a la atención a los problemas sociales, pero las instituciones fundadas perduran y han abierto camino para las migraciones de otros países latinoamericanos y caribeños que le siguieron a las inmigraciones puertorriqueñas. 

En Nueva York, la política de admisiones abiertas en el sistema universitario de la ciudad que lucharon a sangre y fuego alianzas de afro americanos y puertorriqueños sigue beneficiando los nuevos migrantes que aspiran a una mejor vida a través de la educación. El Instituto de Estudios Dominicanos adjunto a City College en Manhattan siguió el consejo y modelo del Centro de Estudios Puertorriqueños y PRLDEF ahora es Latino PRLDEF.

La efervescencia independentista que tuvo auge en Puerto Rico en los años 60 y 70 se desbordó a las comunidades puertorriqueñas a Estados Unidos y organizaciones independentistas organizaron en Estados Unidos, incluyendo el Partido Independentista Puertorriqueño y el Movimientos Pro Independencia, que luego se convirtió en el Partido Socialista Puertorriqueño y estableció una seccional de ese partido en Estados Unidos con organismos de base en decenas de ciudades estadounidenses e influencia en la izquierda norteamericana a favor de nuestra independencia y otros temas.

El trabajo del Partido Socialista Puertorriqueño fue a tal nivel que el 27 de octubre de 1974 a través de un organismo unitario de organizaciones norteamericanos y puertorriqueñas incluyendo el PSP y diversos grupos étnicos, se movilizaron 20 mil personas de todo Estados Unidos a un Acto Nacional de solidaridad con la Independencia de Puerto Rico y la excarcelación de los Cinco Presos Políticos Nacionalistas encarcelados desde 1950 en el caso de Oscar Collazo y desde 1954 en el caso de Rafael Cancel Miranda, Andresito Figueroa Cordero, Irvin Flores y Lolita Lebrón, quienes fueron excarcelados en 1979, a excepción de Andresito Figueroa Cordero excarcelado y fallecido antes.

Casi de inmediato, los puertorriqueños(as) también nos insertamos en procesos electorales, Hermán Badillo y Roberto García fueron de los primeros oficiales puertorriqueños electos al Congreso de Estados Unidos, pero también ocupamos cargos electivos a nivel local, estatal y de distritos educativos. En aquella época la población puertorriqueña llegó a ser una tercera parte de la población total de Puerto Rico.

Las organizaciones desarrollaron una política amplia de interacción y apoyo cuando era pertinente a puertorriqueños(as) que aspiraban a cargos electivos dependiendo de sus posiciones sobre los temas de interés y Puerto Rico. En la comunidad se había desarrollado también una capa de políticos oportunistas y conservadores, por eso se reconocía a los llamados “políticos honestos”. 

A su vez se desarrollaban alianzas con sectores minoritarios, como los afro-americanos, dominicanos y mexicanos, con quienes compartíamos los mismos problemas sociales y de discrimen. A nivel comunitario entre unos y otros a veces había conflictos por acceder los mismos recursos. Muchas veces estos conflictos eran alentados por el funcionamiento del sistema a la vez que beneficiaban el sistema de opresión y discrimen.

A pesar de moverse en el ámbito tan distinto de los centros urbanos de Estados Unidos, la Seccional de Estados Unidos del Partido Socialista Puertorriqueño mantenía vínculos estrechos con la lucha en Puerto Rico por la independencia y las reivindicaciones sociales.

La evolución de los centros urbanos de Estados Unidos, en particular en Nueva York, ha cambiado la realidad de los puertorriqueños(as). Comunidades puertorriqueñas completas han sido desplazadas debido a distintas políticas públicas urbanas, y los hijos de los puertorriqueños(as) de la migración de los años ’50 se han desplazado a las afueras de la ciudad y se han ido a otras regiones de Estados Unidos. Algunos en condiciones mejores que sus padres y abuelos, algunos en condiciones parecidas. 

Desde aproximadamente 2006, el inicio de una “recesión” económica en Puerto Rico, la emigración puertorriqueña a Estados Unidos aumentó nuevamente. En los años ’70 del siglo pasado nos asombrábamos que la presencia puertorriqueña en Estados Unidos sumaba más de un millón, lo que equivalía a una tercera parte de la nación, pero la suma actual de cinco millones, sobre todo por la aceleración de la nueva ola a partir de la crisis de la deuda y luego el Huracán María, hace palidecer aquellos números.
  
Esta nueva migración llega a destinos distintos a los de aquella. Ha llegado a Florida masivamente, en particular a Orlando, también a Wáshington, Virginia, Texas y estados del medio oriente de Estados Unidos. Por otro lado, su composición de clases es distintas ya que además de altos números de trabajadores, que eran la abrumadora mayoría de la emigración de los años ’50 del siglo pasado, la emigración actual está compuesta también de profesionales, una tendencia clara de fuga de cerebros desde Puerto Rico de impacto particular en el área de la salud.

Obviamente, esta nueva comunidad de puertorriqueños(as) en Estados Unidos se va a distinguir de la anterior por los factores ya enumerados y por su corto tiempo en Estados Unidos. Su integración política, potencialmente una generadora de poder puertorriqueño no solo en Estados Unidos sino también en Puerto Rico variará en el tiempo que tome según circunstancias particulares y dependiendo de la rapidez con que solucione su existencia. Antes de eso, no necesariamente, habrá una inscripción masiva para votar y convertirse en un bloque de poder. 

Las elecciones de 2020 en Estados Unidos dirán. En ese proceso estarán de por medio las posibles alianzas con otros sectores migratorios y de las llamadas minorías, en particular las latinas. Al igual, podría y debe ser un factor su relación con la comunidad puertorriqueña en Estados Unidos de mayor tiempo, experiencia y sofisticación, y con las instituciones a su alcance o nuevas instituciones que funde en sus lugares de asentamiento. Otro factor será su perspectiva de retorno a Puerto Rico. Se reproducirán las preferencias de opción de estatus, incluyendo por la independencia. En el pasado ésta ha sido una opción reclamada por un número notable de líderes comunitarios, una tendencia ahora por verse dependiendo del sector radical de la comunidad que es parte del espectro político puertorriqueño en Estados Unidos.

En cuanto al poder político en potencia, éste ya se proyecta desde Puerto Rico y las fuerzas anexionistas adelantan un discurso en el sentido que la estadidad para Puerto Rico representa la igualdad para los puertorri-queños(as) y dejar atrás lo que llaman la ciudadanía de Estados Unidos de segunda clase a que nos ha condenado el estatus colonial. Es un discurso con pretensión de ser progresista que también esgrimen algunos políticos electos norteamericanos y también puertorriqueños(as), aunque la estadidad es la culminación del colonialismo en Puerto Rico y sus peores males.

Para diversos sectores políticos puertorriqueños, en particular los anexionistas, también es un atractivo de la comunidad puertorriqueña en Estados Unidos su posibilidad de elección de puertorriqueños(as) al Congreso de Estados Unidos como fueron Roberto García, Luis Gutiérrez, José Serrano, Nydia Velázquez, quien sigue en el Congreso, y más recientemente Alexandria Ocasio-Cortez y Darren Soto. Entre oficiales electos puertorriqueños(as) habido favorecedores de todas las opciones de estatus político para Puerto Rico incluyendo la independencia. 

La visibilidad de Puerto Rico y los puertorriqueños(as) en Estados Unidos no ha cambiado cuando hemos advenido a altos cargos como fue el caso de Dennis Rivera quien presidió el sindicato 1199 SIEU (Unión Internacional de Empleados de Servicio) uno de los sindicatos más grandes y poderosos de Estados Unidos, el caso de la Dra. Helen Rodríguez, quien presidió la Asociación Nacional de Salud Pública de Estados Unidos, el caso de la Sra. Antonia Coello quien fue Cirujano General de Estados Unidos, y también la Juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos, Sonia Sotomayor.

Y es que en la medida que los puertorriqueños(as) y Puerto Rico salimos de nuestra invisibilidad y otredad, inevitablemente sale a relucir nuestra subordinación colonial por Estados Unidos e incluso la opción de la independencia.

En cuanto a la política electoral en Estados Unidos, los puertorriqueños(as), en particular en Florida, podrían estar posicionados para dentro de algún período de tiempo desplazar bloques históricos de poder electoral. En la medida en que evolucionan la forma y manera de las elecciones en Estados Unidos, incluyendo del presidente y el Congreso, puede aumentar la importancia de las nuevas olas de puertorriqueños(as) dependiendo también de sus lugares de asentamiento.

En el tema electoral, hay que distinguir entre el derecho de los puertorriqueños(as) en Estados Unidos y Puerto Rico de participar en la elección del presidente y el Congreso de Estados Unidos. Para los puertorriqueños(as) en Estados Unidos conlleva poder decidir su representación a partir de su presencia, su vida y quehacer en Estados Unidos. Pero en cuanto a los puertorriqueños(as) en Puerto Rico ese reclamo equivale a una mayor integración a Estados Unidos. Por tanto, se inclina hacia la opción de estatus de la anexión de Puerto Rico como estado de Estados Unidos.

Además, también podríamos estarnos posicionando para dar continuidad a nuestro papel en luchas reivindicativas comunitarias en otras coyunturas junto a otros grupos étnicos, sobre todo tomando en cuenta los profundos problemas sociales de Estados Unidos y su mayor impacto en las llamadas minorías y las migraciones recientes.

Es importante destacar que en un tránsito a la independencia hay un potencial de apoyo ya demostrado desde la comunidad puertorriqueña en Estados Unidos la cual conoce el discrimen y la otredad que le impide asimilarse. Además, en ese tránsito el gobierno de Estados Unidos es una parte con que nos involucraremos por imperativo y ahí también jugará un papel nuestra comunidad en Estados Unidos.

La plena participación de la comunidad puertorriqueña en Estados Unidos en un proceso legítimo de decisión sobre el futuro político de Puerto Rico ya cuenta con que el Tribunal Supremo de Puerto Rico en el caso Miriam Ramírez de Ferrer v. Juan Mari Brás afirmó la existencia de la ciudadanía puertorriqueña de los puertorriqueños(as) nacidos en Puerto Rico o cuyos padres o uno de los dos haya nacido en Puerto Rico. Esta es una definición de nacionales bajo el Derecho Internacional quienes, también bajo el Derecho Internacional, son los elegibles a participar en una decisión del futuro de un pueblo.

Quiere decir que un porciento de los puertorriqueños(as) residentes en Estados Unidos son elegibles de participar en el mecanismo para determinar el estatus político futuro, como en el caso de la celebración de una Asamblea de Estatus si así lo desean y se les proveen las condiciones logísticas. (Dicho sea de paso, esa jurisprudencia y definiciones de nacionales significa también que bloques de electores recién llegados a Puerto Rico de terceros países producto de políticas y acuerdos migratorios de Estados Unidos, no serían elegibles para participar en una decisión sobre el futuro político del pueblo de Puerto Rico.)

Los intereses de los puertorriqueños(as) en Estados Unidos y los puertorriqueños(as) en Puerto Rico tienen comunes denominadores como son su inquietud por Puerto Rico, la lucha de independencia y su futuro político, su situación social actual en el marco de la crisis económica, la deuda, la Junta de Control Fiscal, los estragos del huracán María, luchas por reivindicaciones y derechos democráticos, la salvaguarda de la cultura puertorriqueña y vernáculo español, la necesidad del poder político a través de la movilización social, y la participación política y electoral, y la salvaguarda de sus instituciones. Además, y muy importante, la salvaguarda de los vínculos, incluyendo de lucha, entre los puertorriqueños(as) en Puerto Rico y los puertorriqueños(as) en Estados Unidos- la perspectiva de ser un solo pueblo y una sola nación. 

La respuesta de la comunidad puertorriqueña en Estados Unidos ante la catástrofe del Huracán María de envío más que masivo de ayuda y asistencia desde todos los rincones en Estados Unidos donde se encuentran, es el ejemplo más reciente de los fuertes vínculos de los puertorriqueños(as) de Estados Unidos con los y las de Puerto Rico.  

La interacción con los puertorriqueños(as) en Estados Unidos contribuye a la cultura puertorriqueña, a la vez que desde Puerto Rico nuestra cultura enriquece la identidad puertorriqueña de la comunidad en Estados Unidos. En un futuro de independencia habrá que asegurar esa interacción.

Aunque la realidad de los puertorriqueños(as) en Estados Unido periódicamente se hace fluida a partir de su renovación periódica por nuevas olas migratorias con distintas características, esa renovación ofrece a la comunidad en Estados Unidos continuidad en sus vínculos con Puerto Rico. Esto se diferencia de otras migraciones a Estados Unidos que ya mayormente perdieron ese vínculo o el mismo es muy débil. 

Es una realidad que los puertorriqueños(as) en Estados Unidos han hecho grandes contribuciones a Puerto Rico y también a Estados Unidos con sus luchas, instituciones y enriqueciendo la cultura puertorriqueña con su evolución en Estados Unidos. ¿Cómo seguirá ese proceso y los procesos políticos con la ola más reciente de inmigración puertorriqueña a Estados Unidos? Está por verse. Pero lo cierto es que esa continuidad será parte de la historia de los puertorriqueños(as) en Estados Unidos y de la historia y el futuro de Puerto Rico.

Muchas gracias.