10 nov. 2019

La renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia

Por Alejandro Torres Rivera | MINH
Se ha anunciado por parte del Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia su renuncia a la presidencia. El mismo paso ha sido dado por su Vicepresidente, Álvaro García Linera, el Ministro de Gobierno Carlos Romero y la Ministra de Salud Gabriela Montaño. Otros ministros dentro del gobierno y cuadros directivos del Movimiento al Socialismo, organización política a la que pertenece Evo Morales, también han presentado la dimisión a sus cargos. En menos de 24 horas, la ola de renuncias ha tenido un efecto de dominó en el gobierno. A ella se ha sumado el reclamo de sectores de las fuerzas armadas solicitando su renuncia así como de determinadas organizaciones sindicales.


Indica el presidente Morales que con el paso que ha dado, se propone evitar el derramamiento de sangre en campos y barrios y ha expresado, “para que no golpeen más al pueblo”. La decisión se toma luego de haber hecho público convocar a nuevas elecciones, ello a partir de la auditoría parcial llevada a cabo por una comisión de la OEA sobre el proceso electoral efectuado en los pasados días; y dentro de un ambiente de violencia golpista promovido por los sectores más reaccionarios de la sociedad boliviana provenientes desde los departamentos de la “nueva luna”, Tarija, Beni, Santa Cruz y Pando. Se trata de los mismos departamentos que hace 11 años promovieron un proceso secesionista en este país, pretendiendo fracturar el Estado boliviano creando en la región oriental y limítrofe con la amazonia, un Estado separado del resto de Bolivia.

Si bien en las pasadas elecciones del 20 de octubre Evo Morales obtuvo un 47.07% de los votos frente su rival más cercano, Fernando Mesa, con 36.51% de los votos, la Constitución de Bolivia dispone que para salir electo en primera vuelta el candidato que gane debe obtener una mayoría absoluta de los votos (50% más uno); o quedar a una distancia de más de 10% en los votos sobre el candidato que le preceda. En estas elecciones Evo no obtuvo el 50% más uno de los votos y aunque obtuvo un poco más de 10% de los votos sobre Mesa (0.56%), este fue un margen tan corto que sirvió de base a la oposición para cuestionar el resultado, aduciendo que se había alterado el escrutinio de los votos para permitir ganar en primera vuelta a Evo Morales.

Desde antes de las elecciones, en Bolivia estuvo diseñándose una estrategia para deslegitimar el resultado de las elecciones. Si bien había sectores insatisfechos con un cuarto término presidencial para Evo Morales y la decisión de ir por encima del resultado de un referéndum que no lo permitía, lo cierto es que bajo la normativa del Tribunal Supremo Constitucional de Bolivia se permitió su candidatura y en efecto, obtuvo el mayor número de votos.

José Luis Méndez Méndez, escritor venezolano, analizando la experiencia vivida en su país, señala en su libro Venezuela y la Contrarrevolución Cubana, que entre los mecanismos utilizados para derrocar gobiernos democráticamente electos, los sectores de la derecha, promovidos por Estados Unidos se valen de diferentes estrategias, entre ellas desarrollar “espirales inflacionarias, escasez de alimentos e inseguridad económica para asfixiar los gobiernos” y “arrastrar sectores sociales a la calle”; aprovechar a los sectores susceptibles a ser influenciados ideológicamente o que puedan ser confundidos con discursos subversivos, sobre todo jóvenes que pueden ser manipulados por medio de las redes sociales y el uso de medios propagandísticos no convencionales para ridiculizar y mofarse de los principales dirigentes políticos y altas autoridades. Estos y otros mecanismos desestabilizadores han venido siendo utilizados en Bolivia.

Es importante tener presente que la persona que hoy dirige el movimiento golpista contra Evo Morales, Luis Camacho, no le interesa otra cosa que el derrocamiento del gobierno de Morales, por lo que es probable que la renuncia de Evo sea insuficiente para satisfacer sus ansias de poder. Después de todo, el candidato que enfrentó a Evo Morales en las elecciones fue Carlos Mesa y no Luis Camacho. 

La decisión del presidente Morales ha sido tomada dentro de la confianza de que con ello, se impedirá una guerra civil en su país, o la alternativa tantas veces habida en la historia de Bolivia de una quiebra en la institucionalidad democrática, imponiéndose un gobierno militar. Sin embargo, no hay una base material de la cual partir para asumir que ese ejercicio de confianza del presidente Evo Morales tendrá una caja de resonancia en el futuro desarrollo de los sucesos en su país. Ciertamente, el vacío de su renuncia y de importantes miembros de su gobierno, deja a Bolivia a la expectativa de, si en efecto, habrá nuevas elecciones; de si en efecto, la paz y la tranquilidad en el país serán restablecidas de inmediato; y sobre todo, cuál será la respuesta de los movimientos sociales, campesinos e indígenas a este nuevo escenario ante los sectores golpistas.

La situación actual es muy confusa. Aún así, es de importancia no solo denunciar esta conjura fascista contra el gobierno del presidente Morales, sino reafirmar nuestra solidaridad con él, con su pueblo, con su revolución pacífica y transformadora en estos momentos tan difíciles; así como nuestro más firme rechazo al golpe de Estado fraguado en su contra por los sectores más reaccionarios del la oligarquía, el capital financiero y la mano cómplice y responsable del imperialismo estadounidense.