5 ago. 2019

El problema no es la política

Por Francisco A. Santiago Cintrón | Copresidente del MINH

Dice una canción cubana contemporánea que: “vivirlo no es igual que hacer el cuento”. Al igual que la narración de la canción, resulta que los momentos históricos, por su impacto y por su grandeza, son propensos a ser contados por cada uno de nosotros y nosotras. A su vez, es imperativo que estas historias sean contadas por nuestra perspectiva ante el aspecto político que estuvo siempre presente en los doce días que culminaron con la primera renuncia de un gobernador electo en nuestro país. Es una invitación a un deber dado a que quien no escribe su cuento, quien no narra lo sucedido, se arriesga que otro lo narre conforme a sus intereses y sus fines. En un país como el nuestro, donde parte de los escándalos del “Telegramgate” es la coordinación entre ciertos medios periodísticos y el PNP para manipular las noticias, y nuestras memorias sobre lo vivido, es necesario levantar sospecha a la narración de los últimos días. 


En específico, es preocupante cómo se argumenta que la renuncia de Rosselló se caracterizó por un alzamiento de pueblo fuera de la política, pacífico y donde solo hubo banderas sin distinción de organizaciones o personalidades de nuestro pueblo.  Es decir, fuerzan a una despolitización de las manifestaciones. A una separación ilusa entre la política como el proceso de decidir nuestro diario vivir y las manifestaciones multitudinarias. Se intenta invisibilizar la violencia atada a este proceso. Desde los actos de corrupción, mal manejo de fondos pos-María y las expresiones en el chat hasta las confrontaciones callejeras con la Policía en el Viejo San Juan este proceso fue lejos de ser pacífico. Fue un proceso lleno de violencia y dolor. Precisamente fue el dolor causado por la violencia de esta administración, que significó la muerte y el sufrimiento de miles de puertorriqueños, que llevó al desborde la violencia manifestada en las calles. Claro está, la violencia que observamos no es la violencia que vemos en una guerra abierta, pero por ello no deja de ocurrir en nuestro país. La violencia es política en la medida en que siempre es una opción legítima cuando existe una agresión injustificada o una injusticia. Es indudable que, con el fin de proteger a los suyos, la estrategia definida es intentar imponer un cuento de lo que vivimos despolitizado. De esta manera no solo intentan dictar por debajo de la mesa cómo deben ser las protestas en un futuro, sino que separan de nuestras cabezas la posibilidad de que la política no esté atada a un voto cada cuatro años sino que puede y debe ser ejercida por el pueblo a diario. Pregunto pues ¿qué acto más político que forzar renuncia de un gobernador? 

Debemos contrarrestar este intento de dividir lo político del pueblo toda vez que mediante tal discurso algunos sugieren otorgar mayores poderes a la Junta de Control Fiscal bajo el pretexto de que lo que se necesita no es la toma de decisiones por el pueblo sino por “expertos” escogidos fuera del ruedo político. De esta manera se pretende borrar del mapa que las protestas en la calle no eran solo contra Ricardo Rosselló sino con la política pública impulsada en conjunto con la Junta de Control Fiscal que ha llevado a menos derechos y menos futuro para nuestro pueblo. Por eso, propongo otro cuento. Un cuento donde la política no es algo ajeno al pueblo sujeto a la politiquería del PNPPD que tanto daño nos ha hecho, sino otro tipo de política. Política de lo posible mediante la acción de aquellos y aquellas que la viven y la sufren a diario. Una política que va más allá de un voto cada cuatro años y que tiene como eje y principio la mayor participación de nuestra gente en la toma de decisiones y en la fiscalización de aquello que nos afecta. Es ese el cuento que debemos contar y al cual debemos continuar aspirando a vivir. Simple y llanamente no somos el mismo pueblo de antes. Nosotros, nosotras y el mundo somos testigo.