24 jul. 2019

La renuncia de Ricardo Rosselló: el día después


 Por Alejandro Torres Rivera
                                                                

                                                         “Algunos hombres nacen póstumos”
                                                                                         El Anticristo
                                                                                     Friedrich Nietzche


Las luchas sociales, al igual que los procesos de transformación política y económicos, tienen sus particulares niveles de desarrollo. Tras la acumulación de múltiples instancias de cambio, la mayoría de ellas imperceptibles, sobreviene un gran cambio. Esta transformación de los procesos puede tomarnos por sorpresa, particularmente para quienes han permanecido pasivamente al margen de múltiples luchas cotidianas. Esto explica, por ejemplo, en el caso de la lucha contra  los ejercicios de la marina de guerra de Estados Unidos en Vieques a lo largo de décadas, un evento como la muerte de David Sanes, víctima de una bomba lanzada desde un avión en pleno desarrollo de ejercicios militares en la Zona de Tiro del polígono interno de Vieques, impulsara un movimiento de pueblo que llevó, en un plazo de algunos años, al cierre de los polígonos de bombardeo y maniobras de la marina e infantería de marina en nuestra Isla Nena y al cierre de la Estación Naval de Roosevelt Roads en Ceiba.


Desde finales de la década de 1960 y comienzos de la década de los años setenta, dos grandes flagelos han azotado a nuestro pueblo: la corrupción política de los administradores de la colonia y el endeudamiento público. Como telón de fondo ha estado presente la subordinación política y colonial de Puerto Rico a Estados Unidos.

Luego de décadas en las cuales el modelo colonial se fue resquebrajando, convirtiendo la llamada “vitrina de la democracia” en un montón de vidrios rotos, un llamado “chat” de poco menos de 900 páginas fue la gota que colmó la copa de la paciencia colectiva de nuestro pueblo.

¡Cuánto hubiera dado el siempre recordado Benny Frankie Cerezo el ver este momento en que Puerto Rico ha dejado, una vez más, de ser un “pueblo aguantón”! Sí, en esta ocasión una vez más, como ocurrió en torno a la lucha contra la marina de guerra estadounidense, el torrente de indignación de ese pueblo, el aguantón, ha sobrepasado el muro de contención que represaba sus aguas.

No podemos permitirnos, sin embargo, que el impulso se detenga con una mera renuncia de Ricardo Rosselló Nevares como gobernador. Es momento de plantearnos ir más allá, aprovechar este punto de encuentro alcanzado como nación, particularmente mediante la incorporación decisiva de nuestra juventud, para desde el mismo, darnos la oportunidad de alcanzar objetivos superiores. Para quienes tengamos mayor edad, es nuestra responsabilidad compartir junto con ellos el desarrollo de herramientas adicionales. Es momento de replantearnos la forja de nuevos mecanismos y nuevas formas de ejercicio participativo donde se amplíe y trascienda el límite de nuestra democracia representativa.

Un mecanismo adecuado podría ser invocar el Artículo VII de la vigente Constitución para este tipo de reformas. Sin embargo, ello sería insuficiente si no atendemos la relación de subordinación política y colonial de Puerto Rico. De ahí la importancia de atender ahora el problema y los límites que representa el colonialismo y la ausencia de poderes políticos. Por eso urge, además, la convocatoria a una Asamblea Constitucional de Estatus.

En otro momento, la convocatoria a una Asamblea Constitucional de Estatus hubiera presentado una propuesta prioritaria. Hoy, si bien esa ACE sigue siendo prioritaria, también la ampliación de ejercicio democrático mediante la reformulación de los derechos del pueblo en nuestra Constitución, se torna no sólo urgente, sino inevitable. La reciente experiencia nos indica, entre otras modificaciones, la necesidad de atender la representación proporcional de los partidos con relación al número de votos obtenidos en las elecciones en la Asamblea Legislativa; la unicameralidad; el referéndum revocatorio en los puestos electivos; la iniciativa ciudadana en los procesos de someter propuestas de legislación; el fortalecimiento del principio de separación entre Iglesia y Estado; la creación de la posición electiva de un Vice Gobernador; la representación territorial ciudadana en las elecciones municipales; la elevación a rango constitucional del principio de mérito en el servicio público; la consulta al pueblo en torno a decisiones que puedan afectar significativamente a generaciones presentes y futuras en asuntos tales como la protección del medio ambiente, las pensiones, los sistemas de retiro, la privatización de los servicios públicos y la legislación protectora del trabajo.

Es hora de aprovechar el tiempo en cual vivimos para profundizar los cambios necesarios a nuestra democracia y nuestra vida ciudadana; pero también, es momento de ejercer, de una vez por todas, nuestra libre determinación como pueblo. Debemos navegar como pueblo con los dos remos a la vez.

Distinto a Nietzche en el prólogo citado de su libro, donde nos decía que debemos ser probos “hasta la dureza en las cosas del espíritu para poder soportar sólo mi seriedad y mi pasión”, el gobernador saliente en su soledad carece tanto de lo uno y lo otro.

Más allá de la renuncia de Ricardo Rosselló Nevares, está asumir la agenda inconclusa del pueblo puertorriqueño.


24 de julio de 2019