20 may. 2019

Estadidad, colonialismo y el arte de juntarnos en Victoria Ciudadana

Por Luis Fernando Coss, José Rivera Santana y Justo Méndez Arámburu

Los puertorriqueños llevamos muchos años empantanados en unas rutinas electorales que al final terminan casi siempre con resultados desfavorables al bienestar del país y de la mayoría de la población. No hay duda de que el bipartidismo y el oportunismo electoral  operan como una terrible camisa de fuerza, un obstáculo para cualquier buena iniciativa. En el fondo de esa tragedia encontramos que el peor lastre de todos es el colonialismo, la falta de poderes para hacer lo que hay que hacer y asegurarnos una vida digna y de justicia social. A nombre del Estado Libre Asociado (ELA) y de la Estadidad se ha administrado al país desde hace más de sesenta años. En ese mismo periodo los problemas sociales se han incrementado, la incertidumbre económica es cada vez peor, el daño a nuestro ambiente se ha multiplicado y más de la mitad de nuestra población se ha visto forzada a emigrar.


Ante esa realidad, el bipartidismo y el colonialismo se siguen presentando como alternativas electorales. Es hora ya de establecer otra ruta. Y para eso el Movimiento Victoria Ciudadana se muestra como una opción.

En este contexto resulta completamente irrazonable proponer la “estadidad” como una fórmula descolonizadora, lo que equivaldría a decir lo mismo del ELA. Esto no hace sentido en pleno siglo XXI, pero eso es lo que dispone el programa preliminar de Victoria Ciudadana y lo que defienden los compañeros Rafael Bernabe y Manuel Rodríguez Banchs en su más reciente artículo en 80grados.

El planteamiento no es nuevo. Este mismo argumento sobre la estadidad ya lo había presentado el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) como novedad en las elecciones de 2012. Si Victoria Ciudadana quiere figurar como una alternativa innovadora no debería repetir el mismo error. Más allá de razones electorales, existen poderosos fundamentos para descalificar esta maniobra tanto desde el punto de vista histórico como del derecho internacional.

Hablemos claro: lo que conocemos de la estadidad como movimiento histórico es la culminación de la colonia, la negación del país y de la nación puertorriqueña. Una “estadidad” que depende exclusivamente de la voluntad del Congreso para hacerse valer, que no toma en cuenta el derecho a la libre determinación de los puertorriqueños, no puede equivaler a lo mismo que la norma internacional reconoce en algunos casos como “integración”, una forma descolonizadora en la medida que se trate de un ejercicio de libre determinación.

Preguntamos: ¿cómo es posible que en Puerto Rico pueda considerarse la estadidad como descolonizadora si en el orden jurídico norteamericano no se admite la integración de ningún territorio que luego pueda reclamar la separación o secesión?  ¿Cómo puede considerarse descolonizador un resultado que implica entregar la soberanía puertorriqueña al país interventor?

En el artículo de los compañeros Bernabe y Rodríguez se dice:

…la Resolución 1541 (XV), aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1960, establece tres opciones para alcanzar el gobierno propio: la independencia, la libre asociación y la integración a un Estado independiente. Estados Unidos es un Estado independiente. La estadidad es una integración a Estados Unidos.

Esta es una conclusión defectuosa pues EEUU es un “estado independiente” que no reconoce la condición colonial de Puerto Rico ni admite que aplique en Puerto Rico el derecho internacional, como dispone la ONU. Tampoco está dispuesto a reconocer la libre determinación de los puertorriqueños. Conviene recordar la advertencia que hace Carmelo Campos Cruz en su artículo titulado «La ley para la descolonización inmediata…», en 80grados, en el que describe los requisitos para la aplicabilidad de la 1541 (XV). «Ello no implica –afirma refiriéndose a esta– que la descolonización es un proceso automático y mágico, requiere conducir a la acción […] a la potencia y el pueblo colonizado para alcanzar una solución digna».  De ahí es que surge la pertinencia de la asamblea constitucional pues este mecanismo no espera por el país interventor.

¿Qué significa la descolonización en el derecho internacional?

La descolonización implica pasar por un proceso de libre determinación, sea para fundar la independencia, una libre asociación o procurar la integración a otro país. El movimiento estadista, en cambio, depende exclusivamente de la voluntad del Congreso para iniciar el proceso de integración, y no hace reconocimiento alguno de un poder político “libre” con “máximo desarrollo autónomo” en Puerto Rico que negocie con la potencia interventora, como exige la normativa internacional.

Para el movimiento estadista, en su más reciente versión, el mandato para hacer viable la “estadidad” es la consulta del 2017, y el plebiscito de 2012, dos ejercicios electorales totalmente desacreditados. Ninguna de estas votaciones ha sido reconocida por EEUU. Se puede cotejar también el programa de Gobierno del PNP y las proclamas recientes ante el Congreso. De estos documentos surge que la estadidad que se propone NO cumple con dos condiciones que incluye la 1541 (XV) para considerar la “integración” como un proceso válido de descolonización, a saber:
  1. “El territorio que se integra debe haber alcanzado un estado avanzado de autonomía” [Esto ahora con PROMESA es menos cierto que nunca] y
  2. poseer instituciones políticas libres [No las hay y el movimiento estadista tampoco las propone].
La estadidad no es equivalente a integración también por razones históricas.
El liderato estadista ha propuesto siempre la «estadidad» como un acto que realiza, decide y ratifica Estados Unidos; el papel de los puertorriqueños se limita a pedirla. Para ese liderato, los puertorriqueños no constituimos un país, una nación, sino un grupo de ciudadanos americanos que carece de representación en el Congreso. Hace tan solo un mes, el gobernador Rosselló Nevares expresó: “Es tiempo de tomar una determinación clara sobre el asunto inconcluso de la democracia en los Estados Unidos que es 3.3 millones de ciudadanos americanos que residen en la Isla que no tienen el derecho al voto y que no tienen el poder para ejercer cambios.”

Llama la atención que Bernabe y Rodríguez Banchs dejaran fuera de su análisis el contexto internacional que sirvió de escenario a la aprobación de la Resolución 1541 (XV). Sobre este tema, Fermín Arraiza Navas señala, en un artículo publicado en el portal RedBetances:

La ‘integración’, contrario a la opinión generalizada, fue excluida de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero incluida posteriormente en la Resolución 1541 (XV), para propiciar la reunificación nacional de pueblos que fueron divididos artificialmente por los poderes coloniales, principalmente en Asia y África.
Claramente la alternativa de ‘estadidad federada’ no significa integración, sino anexión, proscrita por el Derecho internacional.
La anexión, a diferencia de la integración, ha sido condenada por la ONU luego de analizar factores tales como la prolongación del dominio militar, control de inmigración, represión política, dependencia económica de la Metrópoli, entre otros. El rechazo a la anexión se ha reafirmado (con o sin el consentimiento de los habitantes) de Gibraltar y las Islas Malvinas con Gran Bretaña; Chipre con Grecia; así como entre Francia y Togoland francesa, Samoa Occidental y Nueva Zelandia o Ruanda-Urundi y Bélgica. Desde el año 1960 hasta el presente, prácticamente ningún territorio ha sido anexado por la metrópoli.

Más adelante Arraiza Navas afirma: “La estadidad federada no constituye un modelo de integración, sino una anexión forzada luego de más de un siglo de intentos muy sofisticados de asimilación y transculturación que no han prosperado”.

Dicho esto, bien se sabe que el enfoque jurídico no es lo único importante. Los puertorriqueños hemos estado sumergidos por muchos años en el debate sobre el status y es la hora de superarlo. No obstante, para avanzar hacia una vía nueva de convergencia debemos reconocer que nada de lo que propone el liderato estadista supone de ninguna manera un proceso de descolonización. Por ejemplo, sin agotar la lista, su petición de estadidad no incluye la reparación de agravios morales y políticos a lo largo de más de cien años de coloniaje; la resolución de viejos conflictos sobre ocupación de tierras para usos militares y la reparación de sus consecuencias; el pago, la auditoría, la renegociación o cancelación de la deuda colonial; los ejercicios de transparencia necesarios para reparar los daños causados por la persecución sistemática al movimiento independentista y al movimiento obrero, etc…

Creemos, por eso, que le hace daño al proceso de descolonización equiparar ambos conceptos –estadidad e integración–  y que esto es una concesión gratuita que hace el programa preliminar de Victoria Ciudadana al anexionismo realmente existente. Ese anexionismo no está por la “integración” sino por la asimilación, y solo en instancias muy excepcionales y más bien a título personal, se han pronunciado por la “integración” desde la perspectiva de una identidad o comunidad nacional puertorriqueña, razón por la cual consideramos, también desde este punto de vista histórico, que es un error equiparar ambos conceptos.

En su artículo Campos Cruz afirma la importancia de mantener una coherencia en el diálogo público sobre las normas internacionales y llamar a las cosas por su nombre. Libre determinación o autodeterminación no son conceptos menores para ningunearlos o colocarlos entre comillas, como quien supone un significado distinto al que entrañan. Bernabe y Rodríguez Banchs no mencionan nunca el término libre determinación. Y si no hay libre determinación no hay soberanía, que es justamente el objetivo fundamental al que aspira todo verdadero proceso de descolonización.

Libre determinación: condición básica

La libre determinación es una condición fundamental para la descolonización, y la descolonización es un proceso fundamental para la reivindicación total de los derechos políticos, culturales, económicos, sociales y ambientales de nuestra nación. Desde el punto de vista histórico, equiparar lo que representa la «estadidad» con la integración, la libre asociación y la independencia, en nuestro proceso de descolonización, es un acto de malabarismo. El liderato estadista  configura hoy el sector más antinacional, más conservador y antiobrero, protagonista de las políticas sociales, ecológicas y culturales más detrimentales y contrarias a las aspiraciones de la mujer y de la educación pública, ahora mucho más con la complicidad de la Junta de Control Fiscal. Todo esto no lo puede borrar el programa preliminar de Victoria Ciudadana ni nadie.

Comprendemos que existe una urgencia por cambiar la forma de hacer política en Puerto Rico. Esta es una demanda que implica a todas las tendencias. Por su parte, el Partido Independentista mantiene la postura de principio de no hacer alianzas de largo alcance con otras fuerzas anticoloniales, y tiene claramente delimitado su espacio. Respetamos ese criterio, aunque consideramos que es hora de un cambio en esa política a favor de una alianza amplia por la libre determinación de los puertorriqueños como lo persigue, en principio, Victoria Ciudadana.

En resumen: un asunto es reconocer que los estadistas pueden y deben formar parte de Victoria Ciudadana y otro, reconocer que la “estadidad” es una forma descolonizadora. Victoria Ciudadana debería darle la bienvenida a todos los estadistas en tanto aprueban y respaldan su programa de transformación gubernamental y social, y respaldan y aprueban la descolonización de Puerto Rico mediante el ejercicio de su libre determinación como le corresponde a cualquier país y nación en el mundo.

Lo que debe hacer diferente a Victoria Ciudadana es que se pronuncie abiertamente por la descolonización y considere este asunto uno central para el futuro del país. En ese marco, todos los puertorriqueños y todas las puertorriqueñas deben ser bienvenidos, incluso aquellos que no se identifican con ninguna de estas corrientes específicas y están dispuestos a proponer otras consideraciones sobre la ciudadanía y otros temas relevantes cuando llegue el momento de la asamblea constitucional que tendrá la capacidad de definir las opciones de status de Puerto Rico.

La estadidad no era considerada una forma de descolonización y nunca estuvo sobre el tapete esa definición en Victoria Ciudadana hasta ya próximo a presentarse su programa en el Teatro Tapia. Ese cambio de postura ha provocado un profundo desencuentro entre los independentistas (en todas sus variantes) y el grupo coordinador de VC que tuvo a su cargo la redacción preliminar de la declaración pública, lo que puede traer como consecuencia la exclusión de un sector importante de la base potencial que necesita Victoria Ciudadana para crecer y multiplicarse.

Esta diferencia de criterio puede salvarse. Lo que preocupa en el fondo a sectores que integramos VC es una postura anticolonial clara, una propuesta liberadora coherente, porque de lo contrario corremos el riesgo de empantanarnos en la mogolla colonial.
Victoria Ciudadana tiene el potencial de convertirse en una fuerza política importante, mucho más allá de la aventura electoral. El respaldo masivo que han tenido en el pasado las demandas anticoloniales y por la justicia social nos augura un futuro prometedor. Recordemos la lucha contra el servicio militar obligatorio, la defensa de nuestros derechos civiles y humanos, incluyendo los derechos sindicales y estudiantiles, los rescates de terrenos, la protección del ambiente y de los recursos naturales del país, las reivindicaciones de la mujer, la expulsión de la Marina de Guerra norteamericana de Culebra y Vieques, y más reciente, las luchas por la soberanía alimentaria, los movimientos de autogestión comunitaria y por la educación alternativa, la agroecología y la energía solar, son todas muestras del empuje que existe en Puerto Rico por un cambio social y político profundo. El respaldo y el reconocimiento público que tienen los integrantes de Victoria Ciudadana apunta a nuevas oportunidades para un diálogo público distinto.

Afirmemos el carácter anticolonial de Victoria Ciudadana, su perfil progresista en el campo cultural y social, ampliemos su base y su potencial con un programa coherente y de verdadera esperanza de buen gobierno.

En Victoria Ciudadana, a diferencia de los partidos coloniales, queremos un buen gobierno ¡desde ahora! Y para ello hay que romper el bipartidismo que empantana al país en la corrupción y la inercia siempre favorable a una exigua minoría que se enriquece a costa de la salud de los puertorriqueños. La convergencia de Victoria Ciudadana es un paso importante para asegurarnos que el poco espacio que queda de gobierno pueda convertirse en un instrumento favorable a las mayorías, una oportunidad de actuar juntos y con fuerza ante la incertidumbre y las amenazas de más saqueos a nuestra riqueza natural y social y a nuestro porvenir. Y, sobre todo, como un imperativo para enfrentar el recrudecimiento del colonialismo y el neoliberalismo, cuya peor expresión se encuentra hoy en la Junta de Control Fiscal y la ley Promesa.

*Publicado en 80grados, 18 de mayo de 2019, enlace aquí: