30 mar. 2019

Nuevas agresiones contra el heroico pueblo palestino


Las instalaciones sanitarias de Gaza se vieron desbordadas con heridos cada viernes de movilización.
Foto: A Todo Momento
Por Alejandro Torres Rivera | MINH

Las noticias en torno a Palestina nuevamente comienzan a llenar los medios de prensa. En los pasados días hemos leído en la prensa internacional informes sobre nuevos ataques de Israel contra la Franja de Gaza. En ellos Israel, utilizando su aviación, ha bombardeado varios edificios y un campamento de refugiados palestinos. Se alega por el Estado de Israel que los ataques obedecen al lanzamiento desde la Franja de Gaza de un misil que impactó una residencia en una localidad cercana a Tel Aviv. Hasta hace muy poco, esta ciudad era considerada por el propio Israel su capital. Indican los voceros del gobierno de Israel que, como resultado del misil lanzado, siete ciudadanos de su país resultaron heridos.


Lo cierto es que el alegado misil, lanzado según Israel por milicias de HAMAS ubicadas en la Franja de Gaza, se produce una vez se efectuó una reunión entre el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En ella, este último reconoció el derecho de Israel a anexarse la zona localizada al norte de dicho país y fronteriza con la República Árabe Siria, Líbano y el Reino de Jordania, conocida como Alturas del Golán. 

Las Alturas del Golán cubren un área territorial de aproximadamente 1,800 kilómetros cuadrados, lo que es poco más de una quinta parte de la superficie de Puerto Rico. En esta zona, 1,200 kilómetros cuadrados se encuentran ocupados por Israel y 235 kilómetros cuadrados por fuerzas de las Naciones Unidas. Una porción más pequeña es también reclamada por Líbano. Las Alturas del Golán cuentan con una altitud mínima de menos 212 metros bajo el nivel del mar y una máxima de 2,814 metros sobre el nivel del mar. Desde su zona más elevada, puede dominarse a simple vista la capital de Siria, Damasco, como también la región conocida como Alta Galilea. Sobre la zona en discusión se encuentra localizado el Mar de Galilea, también denominado, Lago Tiberíades. 

La zona es una zona rica en agua, lo que constituye un valioso interés en el futuro de una región donde el recurso no es abundante. Allí se encuentran localizados, parte de los ríos que son afluentes del Río Jordán, el cual provee el 15% de los recursos acuíferos de Israel. Desde una perspectiva contraria, el control de la zona por parte de Siria, además del acceso al agua, también le ofrecería una posición ventajosa en el plano militar, permitiendo la ubicación por parte de Siria y el eventual uso, de artillería contra el territorio ocupado por Israel.

Esta zona geográfica, que antes formó parte del territorio sirio y sigue siendo reivindicada por este país, fue ocupada por Israel desde la llamada Guerra de los Seis Días, sostenida simultáneamente con varios países árabes en 1967. Otra porción de territorio que también fue ocupada por Israel en dicha guerra, es la zona de Cisjordania, conocida también como el margen occidental del Río Jordán. En ella ubican hoy las instituciones políticas de la Autoridad Nacional Palestina. Dado el proceso de fomentar los asentamientos de colonos por parte de Israel en esta zona, Cisjordania hoy se encuentra bordeada y penetrada en su territorio, de manera discontinua, por amplias zonas ocupadas por tales colonos israelíes. Esta ocupación de territorio palestino forma parte de la política de Israel por ejercer gradualmente el control total del territorio perteneciente al pueblo palestino. 

La historia de la división de la región de Palestina tiene sus antecedentes en el proceso desarrollado desde el Siglo XIX consistente en el traslado de población desde otros países, principalmente europeos y rusos que profesaban la fe judía, para asentarse en suelo palestino. 

Mediante la Resolución 181 (II), aprobada el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas se expresó en torno a un “Futuro Gobierno de Palestina”. Para entonces, en la recientemente creada Organización de las Naciones Unidas, se discutía la partición de Palestina para allí, en su territorio, crear dos Estados políticos: Israel, donde predominaría confesionalmente la fe judía; y Palestina, donde predominaría confesionalmente la fe musulmana. Para viabilizar el proceso de partición, con antelación a esa fecha, la ONU había creado el “Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina” (CENUP), compuesto por ocho países, excluyendo las grandes potencias que resultaron victoriosas en la Segunda Guerra Mundial. Eran momentos en que las Naciones Unidas estaban conformadas por apenas 57 países; a diferencia del presente, que la conforman 194 países. La recomendación del Comité Especial fue ratificada por la Asamblea General por 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones. 

La Resolución aprobada, sin embargo, no dispuso propiamente la manera en que se llevaría a cabo la partición. No obstante, sí requirió que se investigaran “todas las cuestiones y asuntos pertinentes al problema de Palestina” y requirió, además, la formulación de “propuestas para la solución del problema”. Cónsono con ello, el Comité Especial elaboró el denominado “Plan de Partición con Unión Económica” sobre el territorio. En él se recomendaba al Reino Unido de la Gran Bretaña, que actuaba como “Potencia Mandataria de Palestina” desde finales de la Primera Guerra Mundial, y al resto de la comunidad internacional, “la aprobación y aplicación respecto del futuro gobierno de Palestina”. 

El Plan se dividía en cuatro temas, a saber: (a) Constitución y Gobierno futuro de Palestina, el cual estipulaba la terminación del mandato del Reino Unido de la Gran Bretaña sobre el territorio; la partición de éste mediante la creación de un Estado Árabe, un Estado Judío, el Régimen Internacional de Administración de la ciudad de Jerusalén y la independencia de cada Estado; (b) Fronteras del Estado Árabe, fronteras del Estado Judío y la división territorial de Jerusalén; (c) El Régimen de Administración para la ciudad de Jerusalén; y (d) Un “Apartado Final”, titulado “Capitulaciones”, relacionado con los privilegios e inmunidades previamente concedidos a los extranjeros en el territorio.

El Reino Unido de la Gran Bretaña, que como indicamos, tenía bajo su administración el territorio desde que finalizó la Primera Guerra Mundial cuando el Imperio Turco-Otomano se desintegró, se negó a continuar su mandato en Palestina. Antes de concluir el período de transición que se había fijado para su salida, el 15 de mayo de 1948, los británicos decidieron abandonar el territorio. El día anterior, la población que profesaba la religión judía en Palestina había proclamado la independencia del nuevo Estado de Israel, siendo admitido al año siguiente mediante la Resolución Número 273 (III) Israel como nuevo integrante de la Organización de las Naciones Unidas. Desde entonces, la política seguida por el Estado de Israel ha sido la exclusión y segregación dentro de su territorio nacional de la población palestina. Es esa política la que ha llevado a reducir las zonas donde convive la población palestina, reduciéndola hoy pequeñas porciones de lo que fue su territorio nacional, manteniéndola arrinconada y rodeada con muros y murallas, así como con grandes privaciones materiales y espirituales.

En lo que concierne al territorio ocupado por Israel en la Alturas del Golán pertenecientes a Siria, la posición sostenida por las Naciones Unidas ha sido a los efectos de que se trata de un “territorio ocupado”. Por su parte, el Estado de Israel lo catalogaba, hasta recientemente, como un “territorio en disputa”. Hoy la disputa se torna en anexión.

Desde 1981 Israel había convertido con tales fines el territorio en una “región administrativa” adscrita a su Distrito Norte. Mediante la Resolución 497 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sin embargo, este cuerpo declaró nula y sin valor jurídico internacional las acciones de Israel. Sustentó su posición en el poder que tiene el cuerpo, tanto bajo la Carta de las Naciones Unidas, como en precedentes adoptados por la Corte Internacional de Justicia, en la decisión tomada en el caso de Namibia de 21 de junio de 1971, ello al amparo de los artículos 24.2 y 25 de la Carta de las Naciones Unidas.

Las disposiciones del Artículo 24.2 de la Carta refieren a las funciones y poderes del Consejo de Seguridad, donde en su desempeño, indica, que el referido organismo “procederá de acuerdo con los Propósitos y Principios de las Naciones Unidas”. Los poderes otorgados al Consejo de Seguridad para el desempeño de dichas funciones quedaron definidos en los Capítulos VI, VII, VIII y XII de la Carta relativos a: (a) arreglo pacífico de controversias; (b) acción en casos de amenazas o quebrantamiento de la paz o actos de agresión; (c) acuerdos regionales; y finalmente, (d) régimen internacional de administración fiduciaria.

El Artículo 25, por su parte, establece la obligación de los Estados Miembros de “aceptar y cumplir las decisiones del Consejo de Seguridad de acuerdo con esta Carta.”

Ya previamente a este desafío, el presidente Donald Trump había complacido a su contraparte israelí, violentando el acuerdo particional de Palestina mediante el cual se dio paso a la creación del Estado de Israel en la década de 1940, trasladando de Tel Aviv a la ciudad de Jerusalén la embajada de su país. Conforme a los acuerdos de partición de Palestina, a la ciudad de Jerusalén le correspondía una administración conjunta entre ambas partes, reteniendo Palestina la porción oriental de la ciudad y el Estado de Israel la porción occidental.

A pesar de ello, sin embargo, desde el 30 de julio de 1980, y actuando unilateralmente, el parlamento israelí, siendo su Primer Ministro Menachem Begin, uno de los héroes militares de Israel, aprobó una ley donde proclamaba a Jerusalén “entera y unificada” como la capital del estado israelí. 

La Ley pretendió el traslado a Jerusalén de las principales instituciones del Estado, incluyendo su Tribunal Supremo, la presidencia del país, su gobierno y su parlamento (Knesset). Para fines de las Naciones Unidas, esta ley violó el derecho internacional, señalando sus efectos negativos para el logro de “una paz completa, justa y duradera” entre las partes, por lo que urgió a la comunidad internacional a no establecer embajadas en dicha ciudad, y a las que se hubieran asentado en ella, urgiendo su retiro. Hoy, luego de Estados Unidos haber determinado, bajo la presidencia de Donald Trump, mover la embajada de este país a Jerusalén, algunos gobiernos latinoamericanos afines y sometidos a los dictados de Washington, también han hecho lo propio trasladando sus embajadas a dicha ciudad.

En esta agenda anti palestina, tampoco debemos dejar fuera de discusión la importancia que representaría un nuevo conflicto bélico en la región, frente a lo que son las próximas elecciones al parlamento israelí. Es de conocimiento que el gobierno de Netanyahu se encuentra en un nivel de popularidad muy bajo. El Primer Ministro ha sido señalado por actos de corrupción donde se ha contemplado la posibilidad de radicación de cargos criminales contra su persona y allegados. Bajo este escenario, un nuevo conflicto militar contra los palestinos o contra los señalados enemigos de Israel, permitiría inducir a la población a cerrar filas con el gobierno y colocar a un lado los señalamientos críticos contra el gobierno encabezado por Netanyahu.

En una Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, de fecha 23 de marzo, se indica que la decisión tomada por el gobierno de Donald Trump y por el gobierno de Israel en torno a la anexión de las Alturas del Golán “constituye una grave y flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas, del Derecho Internacional y de las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad, en particular de la resolución 497 de 1981”. La anexión de esta porción de territorio sirio como resultado de un acto de fuerza, indica, constituye un despojo contra la integridad territorial de Siria. 

De acuerdo con un editorial del diario mexicano La Jornada del pasado de 22 de marzo, bajo la lógica justificadora de Donald Trump para esta anexión, Estados Unidos hubiera tenido que darle la razón a Saddam Hussein cuando intentó anexar el territorio de Kuwait a Iraq. Señala el diario que, otro de los peligros que entraña esta decisión, es abrir las puertas a posteriores anexiones, como podría ser aquella a la que pudieran exponerse mañana los palestinos que hoy viven en Cisjordania, o aquella relacionada con el debate sobre el futuro de control palestino en Jerusalén Oriental, lo que conduciría gradualmente a la eliminación de un Estado nacional palestino en la región.

Es por esto que no deja de preocupar, una vez más, la reactivación en estos momentos de la reanudación de ataques como los ocurridos recientemente en la Franja de Gaza, la cual es el otro importante reducto palestino en la región sobre el cual Israel mantiene una línea de acción que ya raya en convertir esa superpoblada porción de la península del Sinaí, en un gueto, en una reservación, en una gran cárcel, y eventualmente, en una gran tumba para el pueblo palestino.