13 feb. 2019

Monigote

Monigote: persona ignorante y ruda, 
de ninguna representación ni valer. 
Persona sin carácter, que se deja manejar por otros. 
Muñeco o figura ridícula hecha de trapo o cosa semejante.

Diccionario de la Lengua Española
Real Academia Española

Julio A. Muriente Pérez | MINH

Si no fuera por la gravedad del asunto de que se trata, el reciente ridículo aéreo del Secretario de Estado y gobernador colonial interino Luis Rivera Marín, provocarían mofa, vergüenza ajena, o incluso alegría. Sería—como ha sido para muchos-- el hazmerreir de ocasión. Pero lo sucedido es demasiado serio, tanto como para generar profunda indignación.


Con sus actos, Rivera Marín ha mostrado una inquietante necesidad de llamar la atención y de ganar reconocimiento; de aparecer—desde la insignificancia inevitable de un gris subalterno-- como una figura importante y protagónica ante los ojos de aquellos a quienes obedece ciegamente. Ha querido proyectar una imagen de extremista de derecha, de anticomunista línea dura y cómplice entusiasta de las causas más retrogradas de Nuestra América. Un tipo peligroso.

Y ahora,  nos presenta su nuevo rol, el de mentiroso.

Todo se reduce a la utilización de Puerto Rico como base estratégica de la agresión que Estados Unidos y sus aliados han lanzado contra la República Bolivariana de Venezuela; que en su dimensión mediática, ha querido proyectar que Venezuela está al borde del colapso. El manoseado argumento de la ayuda humanitaria intenta disimular el hecho irrefutable de que, en buena medida, las dificultades económicas que enfrenta ese país sudamericano son inducidas por las múltiples acciones delincuenciales tomadas por Washington y otros para sabotear la economía de ese país. Por ejemplo, los más de mil millones en oro propiedad del gobierno venezolano que arbitrariamente han sido incautados por el gobierno británico, es muchísimo más que la mendicidad venteada en los medios por la administración Trump y sus aliados.

El gran objetivo sigue siendo la violación flagrante de la soberanía nacional de Venezuela. Y, claro, el derrocamiento de un gobierno que se ha atrevido a plantear una transformación revolucionaria en pleno siglo veintiuno. 

En cuanto al envío de barcos, aviones o camiones de manera ilegal y arbitraria, ello crea una muy peligrosa situación que puede degenerar en violencia. La violación del espacio marítimo, aéreo o terrestre de un Estado soberano es algo muy serio. Constituye una provocación realmente inadmisible. Quien la comete sabe cuales pueden ser las consecuencias. Y, lo peor es que todo indica que esas provocaciones persiguen precisamente que se derrame sangre en Venezuela para justificar medidas aun más ilegales e irresponsables, como puede ser una invasión militar.

Si patético ha sido el papelón de Luis Rivera Marín frente a las cámaras de CNN, reprobable fue la actitud del entrevistador Fernando del Rincón, a quien se le “erizaban los pelos” de la emoción, al imaginar ese maravilloso “gol”—en sus palabras--del avión aterrizando impunemente burlando a las autoridades venezolanas. Del Rincón perdió la compostura que se esperaría de un periodista responsable, y nos ofreció su rostro de fanático empedernido. Al día siguiente se mostraba indignado, porque si ridículo hizo uno, ridículo hizo el otro. 

Mientras ocurrían estas monigotadas tan reveladoras de tanta perversión  y mala voluntad, en Montevideo se reunía un grupo de países, encabezado por México y Uruguay, preocupados seriamente por que prevalezca la negociación como salida a esta crisis política provocada por Estados Unidos y sus aliados y cómplices. De inmediato el gobierno que encabeza el presidente Nicolás Maduro respaldó la negociación propuesta; y de inmediato el gobierno de Trump y los alzacolas que le hacen coro rechazaron la misma. 

Es que ellos no quieren negociar; ellos quieren derrocar. ¿Ayuda humanitaria? ¿Aplicar la constitución? ¿Elecciones “libres”? ¡Qué va! La intención poco disimulada es no dejar piedra sobre piedra; sepultar al chavismo y a los chavistas veinte pies bajo tierra. Entregar el país al gran capital--¡tan democráticos que son esos señores!—empezando por el petróleo, siguiendo con el oro, PEDEVESA, la privatización de las propiedades del Estado-Pueblo y así, desmantelarlo todo, para volver a la paz de los sepulcros. A los tiempos maravillosos del pacto de Punto Fijo, donde los politiqueros se repartían el gobierno y las riquezas, mientras  doblaban rodilla ante el embajador estadounidense de turno.

Para semejante barbaridad cuentan con una larga lista de monigotes, algunos de los cuales conspiran desde aquí, esos que en su desesperación mienten y manipulan. Como el Secretario del avión que nunca llegó.