29 oct. 2018

Denunciamos el uso de Puerto Rico contra Venezuela


Escrito por Julio A. Muriente Pérez | Dirección Nacional MINH

Cuando hace varias décadas el gobierno de Estados Unidos comenzó a desmantelar algunas de sus instalaciones militares más importantes en Puerto Rico—la base aérea Ramey, el campo de entrenamiento en Vieques, la base naval Roosevelt Roads y otras--hubo quienes aseguraron que ello implicaba la disminución del valor geoestratégico del País para los intereses estadounidenses. Afirmaban que, entre otras cosas, esa degradación geoestratégica y militar haría menos complicada la ruta hacia la descolonización y la independencia de Puerto Rico en un futuro previsible.




Otros advertimos, mientras tanto, que la importancia asignada a Puerto Rico por los intereses políticos, militares y expansionistas de Estados Unidos en el Caribe y América Latina se mantenía inalterada, sino por ninguna otra razón, por su ubicación geográfica: cerca de Cuba, República Dominicana y Panamá; justo en medio de una de las rutas comerciales más importantes del planeta; a tiro de piedra de las Antillas Menores; y apenas a una hora en avión de Venezuela. Que no se trata sólo de cuantas bases militares más o menos  se sitúan en el País, sino de las acciones y decisiones tomadas desde las oficinas del Homeland Security, el FBI, la CIA y otras agencias injerencistas, contra países de la región.

Esa advertencia ha sido confirmada recientemente. El gobierno de Puerto Rico—colonial, anexionista, primitivamente anticomunista—ha anunciado por todo lo alto que este país antillano se convertirá en la base de operaciones de la llamada “oposición venezolana”, es decir, de quienes desde el exterior hacen lo indecible para que colapse el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.

Esta, evidentemente, no es una iniciativa de la administración colonial-anexionista, sino del Departamento de Estado de Estados Unidos, que manda directa y absolutamente sobre Puerto Rico desde hace 120 años. El gobierno de Puerto Rico simplemente desempeña el papel de súbdito incondicional y entusiasta.

No es la primera vez en que el gobierno de Estados Unidos utiliza a Puerto Rico como base contrarrevolucionaria, para agredir a otros pueblos. Los hombres rana que formaron parte de los mercenarios organizados, entrenados y financiados por la CIA y que atacaron Cuba en 1961 por playa Girón, se entrenaron en las playas de Vieques. Muchos de los marines que invadieron Republica Dominicana en abril de 1965 partieron de la base aérea Ramey, en Aguadilla. Los buques que llevaban a cientos de soldados estadounidenses que invadieron la isla de Granada en octubre de 1983 partieron de la base naval Roosevelt Roads. Antes, cientos de jóvenes puertorriqueños fueron enviados a matar y a morir en Corea y Vietnam; luego a Irak, Afganistán, Libia y otros tantos países agredidos y ocupados por Estados Unidos.

Ahora el objetivo es Venezuela Bolivariana. Como lo es Bolivia, Nicaragua y como lo sigue siendo Cuba. El gran objetivo del gobierno de Estados Unidos es imponer la paz de los sepulcros. Impedir que nuestros pueblos avancen por rutas emancipadoras.

Para ello viola continuamente la soberanía nacional, amenaza, bloquea económicamente, conspira con emigrados incondicionales y utiliza su colonia en el Caribe; todo ello en flagrante violación del derecho internacional.

Respetamos que cada cual tenga la posición que sea, sobre Venezuela o sobre cualquier otro país o sociedad. Que simpatice o rechace. Que le guste o le disguste. Pero exigimos que se respete la soberanía nacional e independencia de estos países y pueblos. Los problemas de cada país debe resolverlos la población de cada país, sin intervención extranjera, ni amenazas ni coacción.

Puerto Rico, Venezuela y el Caribe tienen que ser zona de paz, de respeto y solidaridad.  Hoy más que nunca es cierto que el respeto al derecho ajeno es la paz.  Hoy más que nunca debemos denunciar y rechazar esta nueva utilización de Puerto Rico para propósitos perversos.

Para Venezuela Bolivariana, nuestro aprecio y amistad.

(Publicado en El Nuevo Día)

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