29 sept. 2018

¿Ganar o Morir?

Escrito por José M. Santos Valderrama | MINH
“Los independentistas, no importa de qué agrupación seamos unos y otros, tenemos en común una meta específica, una meta concreta, urgente, que es la recuperación del patrimonio, la proclamación de la independencia y la expulsión de todas las fuerzas interventoras extranjeras. Y ese común propósito nos obliga a la reflexión, nos obliga a la tolerancia recíproca, nos obliga al diálogo, nos obliga a la voluntad inquebrantable de avanzar en el camino de la unidad y no desarrollar complejos cataclísmicos mediante los cuales cada vez que hay una fricción interna en un grupo o entre uno y otro grupo, actuamos como los muchachos. Lo primero que hacemos es poner una cara de perro y no saludar al otro. Y eso, compañeros, esa actitud hay que terminarla definitivamente. Este país no va a ser libre, independiente, si los independentistas no nos disponemos a trascender los atavismos tribales que nos mantienen en actitud de parcelar la lucha continuamente, y nos disponemos a forjar la unidad cohesiva de este pueblo para alcanzar sus metas inmediatas”. –Juan Mari Brás, 1973



Han pasado 48 años desde que se pronunciaron estas palabras y parece mentira que todavía estemos patinando sobre hielo con los mismos viejos debates, discursos y prácticas políticas del Siglo 20 que contribuyen muy poco o nada a lograr nuestros objetivos. Nuestro ego continúa siendo más grande que la capacidad para sumar esfuerzos hacia una meta común y concreta. La urgencia de este propósito común, nos invita a reflexionar y dialogar desde la tolerancia y la voluntad necesaria para dejar a un lado los personalismos con el fin de avanzar en el camino de la unidad.

En la situación de emergencia social en la que nos encontramos y dada la gravedad de la crisis general (económica, política e institucional) a la que nos enfrentamos debemos preguntarnos lo siguiente: ¿Hemos hecho lo necesario y suficiente para adelantar o lograr nuestros objetivos? ¿A caso nuestras acciones nos acercan a la meta? ¿Qué hacer en esta coyuntura? ¿Cómo ganar?

La inseguridad e inestabilidad social se han convertido en el pan de cada día, mientras el gobierno reparte puestazos a tutiplén e impone la receta del Congreso de Estados Unidos mediante su dictadura de control fiscal: cierre de escuelas, aumentos de matrícula en la UPR, eliminación de derechos laborales, recortes en las pensiones y la privatización del patrimonio nacional. Esta es una agenda anti social a favor de los bonistas y contra de la nación puertorriqueña. Cada una de estas políticas recicladas representa una violación a los derechos humanos y aumentará los niveles de pobreza y la desigualdad social, mientras un pequeño grupo de delincuentes se enriquece a expensas de la explotación y empobrecimiento del pueblo.

La situación se agrava con el pesimismo y desmovilización que se manifiestan en múltiples dimensiones (anímico, personal, político, laboral…). Esto ante un escenario marcado por una crisis de hegemonía donde estará en disputa el poder político. Los partidos PNP y PPD reflejan un desgaste en sus fórmulas políticas y la desconfianza en esta élite política crece a un ritmo exponencial. Ambos partidos son responsables del desastre que vive el país. Han implantado políticas para reducirle impuestos a los sectores ricos y empresas mientras reparten jugosos contratos a sus amigos del alma. Ambos son promotores de la condición colonial y están a favor de pagar la deuda, manteniendo el robo económico y la subordinación política. Las propuestas de ambos partidos políticos están descalificadas como alternativas ante la crisis.

La coyuntura actual representa una amenaza para nuestro pueblo, con la posibilidad de aumentar el impacto de la crisis social que enfrentamos. La farsa del ELA y su desnudez colonial, la indignidad que constituye el dominio colonial mediante la imposición de la Junta de Control Fiscal y la amenaza del Plan Fiscal, ha hecho que cada vez más voces expresemos la necesidad urgente de una organización (frente) que pueda dar una respuesta a esta situación.

Como movimiento enfrentamos una situación de extrema debilidad organizativa y sentimos la urgencia de tener que hacer algo para fortalecernos y empezar a hacerlo ya. Por cada segundo que pasa sin que aspiremos a democratizar los lugares donde se toman decisiones que degradan las condiciones de vida, aumenta sin cesar el enriquecimiento de unos pocos y el sufrimiento de la gente común.

No vamos a cambiar el país con el hipsteractivismo del “tenemos que fluir”. Al interior del independentismo y movimientos sociales hace falta más compromiso, prudencia y acciones consecuentes de quienes formamos parte. La disposición, entrega y energía a construir es fundamental. Hace falta ejercer y asumir la crítica, no como un látigo incongruente y carente de alternativas, sino más bien con la humildad necesaria para rectificar, renovar, fortalecer o desarrollar nuevas formas de organización política. Reunirnos para cuadrar fechas y reaccionar al siguiente jab del gobierno, solo nos lleva a continuar marchando hacia un callejón sin salida. Un par de likes y shares en Facebook son insuficientes sin el respeto y apoyo mayoritario de nuestro pueblo. Si realmente aspiramos a ganar, hace falta construir organización y aglutinar desde las bases a nivel de comunidad, hace falta que dediquemos tiempo a prepararnos para organizar la convocatoria de grandes sectores para construir un proyecto de país.

Sin dudas, articular un movimiento contestatario es un reto político y organizativo si reconocemos el potencial de organización que tenemos en estos momentos. Lo cual desde el saque requiere cambios en cómo nos organizamos y cómo las personas participan en los procesos de discusión y decisión. Entre los elementos necesarios para construir una nueva forma de acción política pudieran considerarse los siguientes: cambios en el discurso y accionar del independentismo; convocar de manera inclusiva a sectores amplios de nuestro pueblo, mucho más que el independentismo y sumando al pueblo puertorriqueño en la construcción del proyecto de país (espina dorsal de la convocatoria); constituir un espacio de diálogo, reflexión y toma de decisiones amplio y representativo y la capacidad de actuar con rapidez y de manera efectiva para que logremos la meta.

La obligación del movimiento independentista es ganar. No estamos llamados a proteger los símbolos. Estamos obligados a ganar y para ganar tenemos que trabajar con los ingredientes que tenemos. En la política gana quien logra manejar las contradicciones y en un momento donde existen las condiciones para construir un instrumento que nos permita ganar, es necesario que no repitamos aquello que nos hizo perder.

Tengo la impresión de que en ocasiones con la mejor intención del mundo continuamos utilizando fórmulas políticas que han sido derrotadas. Un grupo de personas cantando La Borinqueña y gritando ¡Viva Puerto Rico Libre! no va a transformar el país. Es hora de ser consecuentes con la famosa autocrítica. La situación de país que tenemos en gran medida refleja el triunfo del adversario.

Es hora de unir voluntades para construir el mollero político y social necesario para atender ocho asuntos fundamentales: descolonización (fundamentada en el derecho internacional), auditoría de la deuda, equidad de género; educación y salud pública, accesible y de calidad, soberanía y seguridad alimentaria, la corrupción, la mala distribución de las riquezas y la destrucción de la naturaleza. Reconstruir lo destruido por María no es suficiente, porque nos quedaríamos bajo la camisa de fuerza que representa la situación colonial. Quedaríamos a la merced del Congreso estadounidense y su Junta de Control Fiscal en defensa de los ricos de ese país y la clase política del PNP y el PPD que le carga las maletas.

Descolonizar es sencillamente devolver a las personas y pueblos el derecho de decidir sobre sus vidas (soberanía), un derecho que nos ha sido robado y debe ser recuperado para construir alegría. Porque se puede, porque ha llegado el momento de recuperar las instituciones que una organización de corruptos y delincuentes nos ha robado, porque es la hora de que la gente común tome las riendas del país. Sí hay opciones, sí hay alternativas. Para lo que no habrá espacio, es para la sumisión, la mentira, la corrupción y la eliminación de nuestros derechos. Somos un pueblo valiente y nada ni nadie nos puede arrodillar. Necesitamos un proyecto de país fundamentado en la soberanía para construir un futuro digno y con calidad de vida como pueblo. Es hora de convocarnos y convocar para construirlo. Nos toca decidir cómo vamos a responder.

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El autor es trabajador social, coordinador de desarrollo comunitario en el Bosque Modelo de Puerto Rico, integrante de la Dirección Nacional del MINH y estudiante de la Escuela Graduada de Trabajo Social Beatriz Lasalle en la UPR de Río Piedras. 

(Tomado de 80grados)

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