25 mar. 2018

Reseña de la producción discográfica de Son… de Cuba y Puerto Rico


Por: Ariel Hernández Santana - Los lazos históricos y culturales que unen a las hermanas Antillas de Cuba y Puerto Rico cuentan con un nudo indisoluble en la nueva producción discográfica de José A. Rivera, mejor conocido por Tony Mapeyé, quien junto al tresero cubano Francisco “Pancho” Amat y el cuatrista puertorriqueño Christian Nieves, ofrecen un recital musical de un calibre insuperable.  Son… de Cuba y Puerto Rico”, no es un disco más de Tony Mapeyé y su Orquesta Nacional Criolla, sino que sintetiza en una sola producción los múltiples talentos musicales del artista puertorriqueño cuya larga trayectoria ha estado dedicada a expresar lo mejor de la música tradicional de nuestra montaña como también a edificar puentes culturales con otros pueblos hermanos de habla hispana.




El primer tema “Cuba y Puerto Rico son…”, un sabroso son montuno montado sobre una décima espinela de la autoría del propio Rivera e interpretado por la hermosa y cadenciosa voz de Monika Nieves, sienta las bases para el inicio de un diálogo magistralmente conceptualizado entre las cuerdas del tres cubano de Pancho Amat y del cuatro puertorriqueño de Christian Nieves. De entrada, el oyente del disco sentirá que tanto la tetra, el ritmo como las voces de los instrumentos lo empiezan a llevar por una ruta que solo se puede transitar y conceptualizarse entre las aguas caribeñas de estas Antillas llenas de historia y de sabor tropical. La cuidadosa selección de los temas que le siguen, presentan un extracto de lo mejor de los compositores de ambas islas como lo son Compay Segundo, Rafael Hernández, Miguel Matamoros, Pedro Flores, Félix B. Caignet, Bienvenido J. Gutiérrez, Tití Amadeo y Daniel Amat, hijo de Pancho Amat. En la producción se combinan canciones de corte romántico como El último suspiro de Rafael Hernández, Bajo un palmar de Pedro Flores, y Convergencia de Bienvenido J. Gutiérrez y Marcelino Guerra,  con canciones de temas jocosos como lo son Calderito e tostar café de Compay Segundo y Borracho no vale de Pedro Flores. Algunos temas los canta solo Tony Mapeyé y otros son interpretados a dúo con la sonora aportación vocal de otros integrantes de este maravilloso conjunto.

Para el que no conoce la versatilidad de la voz de Tony Mapeyé, podría sorprenderle la sutileza con que interpreta los temas románticos a la vez que sonea con cadencia en los temas bailables, todo ello dentro de un claro sonido de montaña adentro que lo distingue de cualquier otro intérprete. La producción adquiere un matiz distintivo cuando se combinan en vibrante armonía las voces de Rivera y Christian Pagán, joven orocoveño,  quienes cantan a dúo los temas Idilio y Lágrimas Negras. En dichos temas el oyente podrá identificar que se genera un timbre nuevo, un nuevo sonido, una exquisita voz campesina llena de sabor y romanticismo que brota con pureza desde el interior de un cerro caribeño para dedicarlo a la mujer amada de estas dos islas del trópico cuya belleza geográfica es solo comparable con la hermosura de sus mujeres.  A medio camino de este trayecto artístico lleno de sublime poesía como de alegres melodías, se encuentra el tema Frutas del Caney del cubano Félix B. Caignet, una verdadera alabanza musical al dulce fruto de estas tierras fértiles “donde la mano de Dios echó su bendición”.

De haberse incluido una flauta y un violín en algunos de los temas, se hubiese podido generar un mayor nivel de energía a esta gran producción musical, pero la omisión no parece haber sido involuntaria, sino que con gran probabilidad fue producto de una cuidadosa conceptualización temática para que el tres y el cuatro fueran los únicos instrumentos interlocutores, acompañados por una muy bien afincada orquesta criolla solo para hacerlos brillar más aún. La única pausa de esta interacción se da en el tema Bajo un palmar de Pedro Flores, donde la guitarra de Modesto Nieves y el requinto de Carlos Martínez, abonan con sutiles matices al dulce sueño de amor del compositor naguabeño.  La inclusión del tema Quisqueya de Rafael Hernández, interpretado por Rivera con profundo amor patriótico como cantándole a su propio lar riqueño, aporta al concepto del antillanismo del que tanto Betances como Martí soñaron y cuyo ideal cobra vigencia con esta aportación musical de Rivera, Amat y Nieves.

El diálogo iniciado por los dos instrumentos protagonistas en Cuba y Puerto Rico son... se hace constante a través de toda esta obra musical, a veces tomando turnos para su expresión,  otras veces acompañándose el uno al otro y en el tema final Una vasca en Camaguey, compuesto por Daniel Amat, cada músico hace gala de su virtuosismo para dejar en suspenso el timbre de sus cuerdas en espera de un gran finale que nunca llega. Y es que el tema de Cuba y Puerto Rico es uno que permanece en constante evolución y esta producción es vivo ejemplo de un lenguaje de hermandad y de solidaridad que nació de nuestras luchas emancipadoras y que continuará vigente mientras existan hombres y mujeres con el talento de estos músicos que dignamente nos representan.

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