17 nov. 2017

Yo también sueño con serpientes

huracan maria

Escrito por Leslie A. Ruiz Santiago / Juventud Hostosiana / MINH: El paso de María por Puerto Rico ha dejado al descubierto la vulnerabilidad del país, la miseria del pueblo, la ineficiencia del gobierno local y la indiferencia del imperio.





A pesar de que la realidad hoy no es sino un recrudecimiento, un relucir de la misma que se buscaba ocultar antes del temporal, ese rompimiento abrupto ha causado cambios sociales significativos. Debido a ello, hoy nos encontramos frente a un país vacío, a una juventud que se encuentra entre la espada y la pared y a un pueblo que se ve obligado a escoger entre la nada y la casi nada, como solía decir Galeano.

El 20 de septiembre nuestra realidad quedó desnuda. Con estas palabras no pretendo culpar al fenómeno natural que devastó la isla, sino hacer hincapié en las acciones políticas llevadas a cabo posteriormente.

Para comenzar, me parece imprescindible resaltar la desfachatez con la que el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, en su visita de tres horas a la isla, se nos ríe en la cara en medio de la crisis humanitaria que enfrentamos, luego de visitar uno de los pueblos menos afectados por el huracán y mejor parados, económicamente hablando.

Sin embargo, no fue solo ese día en que se burló de nosotrxs el imperio, lo hace a diario. Lo hace al utilizar la situación actual como pretexto para militarizar la isla. Hoy nos levantamos con el ruido de los aviones y los helicópteros de una milicia ajena en nuestras tierras; hoy vemos en cada esquina militares armados con el argumento de que tienen que proteger los suministros. Sí, esos “suministros” que ha enviado, tarde, cabe mencionar, el gobierno de los EE.UU: chocolates, dulces, leche y raviolis, como si el pueblo pudiese vivir de eso. Al hacer mención de esto, no pretendo proyectarme como malagradecida, sino exponer mi incomodidad ante el descaro, la poca empatía y el mísero trato que nos han dado, ofreciendo migajas mientras nos explotan.

Hoy nos escupen la cara y el pueblo lo acepta; hoy estamos ante un pueblo dormido. El Congreso impide la ayuda de países hermanos, como ha ocurrido con Cuba y Venezuela, mientras ofrece contratos millonarios a empresas privadas estadounidenses; se nos ríen descabelladamente cuando Jaresko anuncia que el plan de la Junta de Control Fiscal no se ha visto afectado tras el huracán, y también se nos ríen al indicar que el nuevo Plan de Ajuste Fiscal, que se presentará este próximo 22 de diciembre, contemplará los recortes a un plazo de 5 años (cuando antes eran 10), lo que levanta miles de interrogantes que aún no tienen respuesta pero que presuponen lo macabro.

El colonialismo y el imperialismo están tan internalizados que gran parte de la sociedad tiene una venda en los ojos y no ve cómo barren el piso con nosotrxs. Y nuestra realidad no cambiará hasta que el pueblo lo reconozca. FEMA viene “a ayudar al pueblo” tras la crisis. Sí, con fondos que el mismo pueblo paga. Sin embargo, ya estamos llegando a casi dos meses luego del huracán y además de un país cubierto por toldos azules, esas ayudas no se han visto materializadas, se han quedado en la boca de aquellxs que las profesan.

Los medios nos bombardean a diario con mentiras. Nos mienten en la cara. Nos ocultan las cifras reales de muertes, la inestabilidad mental de la población y los suicidios, el tiempo de la recuperación y todos los efectos colaterales que ha causado el paso de María por un país que no estaba preparado…Nos mienten sobre todo, y lo hacen sin apenas parpadear.

Entre tanto monstruo que se ha levantado, no sé qué me causa más indignación, si los despidos masivos o la falta de establecer prioridades reales. Estamos ante un éxodo masivo que busca mejorar su calidad de vida y unos pocos que se quedan, sin oportunidades y sin propuestas concretas, luchando el pan a diario.

Nos dirige una élite que habla y habla de educación, pero trata el tema como un negocio, mientras deja ver su falta de cultura general, el machismo en el que está inmersa y la fuerza que tiene sobre ella el conservadurismo y la iglesia, siendo, precisamente esxs pocxs, quienes juegan día a día con nuestras habichuelas.

Como dijo Eduardo Lalo hace unos días: “…un Estado fallido no ofrece tregua. Crea tres tipos de ciudadanos: pobres, emigrantes y déspotas. El huracán no fue una tormenta que nos embistió y se fue, sino una imagen que perdura en el espejo”.

No puedo pasar por alto reconocer la labor que ha realizado la izquierda en la recuperación del país. Sin embargo, las organizaciones no pueden echarse al hombro el peso de un país en ruinas. Ahora más que nunca, hay que denunciar contundentemente la ineficiencia total que ha tenido el gobierno en el proceso y exigir su inmediata acción en las tareas que le corresponden.

En fin, no encuentro mejor manera de cerrar el pensamiento que citando a Silvio: “La era está pariendo un corazón/no puede más, se muere de dolor/y hay que acudir corriendo/ pues se cae el porvenir…/y hay que quemar el cielo si es preciso/por vivir”.

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