10 may. 2015

Cuba en Julia de Burgos

Por Silvia Alberti / En Rojo

“Yo vengo de la tierra mitad de tu destino”

J. de B.

Julia de Burgos es una de las voces poéticas más auténticas y originales en la literatura puertorriqueña. Es punto de referencia obligada respecto de lo que fue y ha sido, antes y después de ella, la creación lírica femenina nacional.

Edgar Martínez Masdeu (1)

Estudiar, leer, hablar de Julia de Burgos no es un ejercicio académico, sino una forma de dialogar, o mejor, de entrar en un momento de hacer silencio para escuchar una voz querida, en el salón privilegiado de la palabra poética. El nombre, el recuerdo, el signo de Julia generan en Puerto Rico una corriente de simpatía que debe extenderse, cuando menos, por el mundo hispánico.

Manuel de la Puebla (2)

Estos juicios obligan a indagar en la obra de Julia de Burgos (1914-1953), de quien celebramos el centenario de su natalicio reconociendo cuáles méritos la hacen merecedora de tales criterios.

En estas páginas que brindamos serán tratadas las vivencias de la poeta durante su estancia en Cuba. 

En la mañana del 26 de junio de 1940, llega Julia de Burgos a La Habana, la capital cubana. En carta a su hermana Consuelo, al día siguiente de su llegada, escribe extensamente sus impresiones. Carta en la que afloran su espíritu y sus ideales patrióticos:

Aunque tú no lo creas, ya estoy en Cuba, la hermosa tierra de Martí ¡Quién hubiese pensado hace tres años que iba a recorrer yo tierras de América!...La experiencia de Nueva York, prólogo de nuestra peregrinación, no puede haber sido más grotesca. Pero ello ha servido para hacernos absorber con más ansiedad y vehemencia, todo el encanto dulce y suave de otras cosas más suaves, más bellas y más nuestras. Tal Cuba. Cuando en la mañana de ayer apareció a mis ojos esta bendita tierra, en un marco de palmeras sobre alfombra de verde claridad, se me regaron las pupilas y se me ensanchó el corazón.

¡Consuelín, por primera vez he pisado tierra libre de América Indo-hispánica! Es algo grandioso. Invoqué a Martí, y recordé tanta sangre puertorriqueña vertida en Cuba por la causa de la Independencia. ¡Dónde estarán esos hombres hoy! La bandera cubana, tendida por todos los horizontes me produjo una enorme sensación de tristeza. Es tan parecida a su hermana, la nuestra. Sin embargo, esa última ondula en unos cuantos corazones puros que han sabido guardarla del ventarrón fatal que ha arrancado la vergüenza a la mayor parte de nuestro pueblo. Consuelín, nunca olvides que para hacer verdadera justicia social en nuestra tierra, llámese comunismo o lo que sea, tiene que ondear libremente, y sola, sobre cada edificio y sobre cada palma, una vez cruzado todo corazón, la bandera monoestrellada que nos define hispanoamericanos en América (…)

(…) ¡Qué bella es La Habana! Es una vida parisina, elegante, reposada, la que se lleva aquí. Caminamos ayer en guagua y en tranvía conociendo parte de la ciudad, que es inmensa. La llaman El Pequeño París.(…). Anoche fuimos a dar un paseo a pie. Nos sentamos en un café al aire libre, en aceras muy anchas. Aquí hay muchas así, estilo París. Hay orquestas de mujeres, especialmente mulatas. Pasamos un ratito agradable viendo pasar la gente. Luego seguimos caminando y me enseñó (J.I.J.M) el monumento a Martí y el monumento a Máximo Gómez. Recorrimos el Paseo Martí, elegante y espiritual paseo con árboles y bancos a ambos lados, que se extiende por varias cuadras. El paseo da al mar y por ahí cerca es que está el monumento a Gómez, héroe dominicano de la independencia de Cuba. Imagínale, Consuelito, cuánta emoción sentiría mi espíritu al palpitar lo que nunca había palpitado: el acercamiento a monumentos de eternidad, que simbolizan hombre, representan patrias [sic]. Ebrios de elevación patriótica, seguimos hacia la Catedral. Es algo maravilloso, construida por España en el siglo 18. Imagínate Consuelo, ¡qué contraste de emociones y hasta qué punto qué paradoja! De los héroes de la revolución pasamos a admirar y a beber en otro monumento de la tierra que dio motivo a esos héroes de la independencia. Cuba y España se fundieron en nuestros ojos y en nuestras emociones. Y de ambas salimos altos, impresionados, mudos. Porque si Cuba, no América, se libertó del brazo o del yugo de España, jamás podrá libertarse del alma. Y en el arte también está el alma de España. Si las instituciones únicas responsables de la protesta, ya no existen, ¿por qué no admirar el cauce espiritual y artístico que nos dejó la madre Patria corriendo en nuestros suelos para siempre? Pues bien, fuimos hacia la Catedral que queda enredada en un enjambre de callejuelas estrechas y en forma de zig zag. Se alumbran con faroles y de cada uno surgen casitas con balcones, añejas y borrosas. Entre medio de ellas está la Plaza de la Catedral, con tres edificios a los otros lados. En uno de ellos hay un restaurante… que es el sitio de reunión de algunos poetas y literatos, tales como Guillén. Absortos nos quedamos mucho tiempo contemplando todo aquello. Los ojos de (X) inundaban el río de la noche, sobre los edificios, y desembarcaban en los míos, bien atrás de esta época. Estábamos en España. (3)

La perspectiva de múltiples actividades –entrevista para la revista Carteles, un recital en la Escuela Libre de La Habana- y el conocer a Juan Marinello, Juan Bosch y Raúl Roa, amplían el cuadro inicial optimista y estimulan la creación poética. Las palabras son de honda reafirmación puertorriqueña cuando comenta los elogios que de su poesía hace Raúl Roa:

(…) Él está encantado con mi obra, y me llama superior a la Ibarbourou. Yo sabía que saliendo de Puerto Rico el mundo cambiaría para mí. Juan Boch opina lo mismo que Roa, y donde quiera se me presenta como la mejor poetisa de las Antillas. Yo estoy por creerlo, ¡ja, ja! En verdad cada día me siento más satisfecha de mi obra y descubro nuevas fuerzas en mí. Me alegra por Puerto Rico, pues doquiera que vaya seré puertorriqueña (…) (4)

El 2 de julio se encuentra Julia en Trinidad desde donde afirma: “Seré mensajera de la entraña de mi tierra indo hispánica”. Es uno de los primeros lugares que visita –antes ha estado en Santa Clara- en su peregrinación de carácter político por la Isla. La imagen de Trinidad queda en su poema “Presencia de amor en la isla” (En El mar y tú). Y en una carta fechada en ese 2 de julio de 1940 expresó:

Trinidad es un pueblo colonial muy antiguo. Todas las casas son de tejas, las calles son empedradas y torcidas, hay enormes patios y palacios vetustos. Todo se conserva intacto a su origen (…). De aquí salió Cortés a conquistar a México, y fue sitio de ataque de los piratas. Cuidad inmensamente rica entre el monte y el mar. No se puede ir sino en tren, y apenas se ve uno o dos carros en la ciudad. Remonta a una muchos años atrás. Es como un museo antiguo, sin destrozarse nada viejo ni construirse nada nuevo (…) (5)

 De Trinidad seguían en su peregrinación para Caibarién, cuidad al norte de Cuba, a doce horas de La Habana. 

En los primeros días de julio recibe el premio en metálico correspondiente al premio del Instituto de Literatura por su libro Canción de la verdad sencilla. En carta a Consuelo, fechada La Habana, el 9 de agosto de 1940, describe su vivienda. Ocupó, en un séptimo piso, el departamento D-2 del Edificio Carreño:

(…) estoy viviendo ahora frente a un paisaje precioso. Es en el mismo edificio de 2,000 personas, en el séptimo piso, en una habitación amplísima, que se eleva casi sobre el mar, frente al hermoso Atlántico. Sólo se ve desde aquí mar y cielo pues queda a orillas del malecón, en la misma playa. Aquí escribiré mucho (…) (6)

Es, sin dudas, el marco ideal para El mar y tú. Ya el 25 de septiembre el libro estaba en proceso. A fines de octubre comienza el libro Campo que pensaba someter al Congreso de Escritores Americanos que se celebraría en Puerto Rico el 24 de abril de 1941, libro que nunca llegaría a concluir. Con el “Poema de la cita eterna”, se abrió el Congreso.

El 22 de octubre habla sobre un recital dedicado a Puerto Rico por la declamadora Dalia Iñiguez quien recita el poema de Julia, “Agua, amor y tierra”. Participó en programas radiales y así conoció a Serafina Núñez, Herminia del Portal y Renée Pollo, entre otros. 

Ofrece una conferencia a los niños del Instituto Cívico-Militar y comenta esta actividad en carta a su hermana Consuelo, fechada el 22 de octubre de 1940: “Yo les hice dar un viaje conmigo en la imaginación, hasta Puerto Rico, vía Nueva York y Miami. Gozaron muchísimo…Además les hice un poema patriótico que te enviaré (…) ‘Mensaje de un niño puertorriqueño a un niño cubano’. (7)

 En Manzanillo, ciudad que visita después de recorrer algunas poblaciones orientales, conoce a Manuel Navarro Luna. En carta a Consuelo, fechada el 2 de agosto de 1940: “No me conocía, pero al leer mis libros me llamó una de las más altas poetisas de América. Le encantó el ‘Ay, Ay, Ay’”. (8).

Los padres de su amante se resistían a recibirla como hija. Con esta pena llega en enero de 1941 a Santiago de Cuba a encontrarse con él para permanecer allí hasta agosto que es cuando regresan ambos a La Habana. El día 28 fue publicado en Oriente el soneto “A Martí”. El 11 de junio ya es definitiva la idea de partir hacia La Habana pues en Julia se renueva la esperanza de estudiar en la Universidad. En julio, escribe el poema inédito “A Santiago de Cuba”.

En La Habana aspira a cuatro doctorados y a dos licenciaturas a terminar en cinco años. Le atraen Filosofía y Letras, Ciencias Sociales, Leyes y Pedagogía. Se inscribe para el primer curso con doce asignaturas: griego, latín, francés, biología, antropología, sociología, psicología, higiene mental, didáctica (…). Le encantan los idiomas y participa activamente en actividades culturales en la Universidad. Se hace miembro de la Universidad Espiritual de Artes Dramáticas, participa en seminarios públicos por la independencia de Puerto Rico, por la redención social del mundo y por otras causas. Escribió tres poemas sobre la guerra (Segunda Guerra Mundial) para participar en un Concurso Pro Democracia a celebrarse en La Habana en 1941. Dos de los poemas son “Canto a Rusia” y “Las voces de los muertos”, este último premiado en el Concurso Nacional auspiciado por la Alianza Cubana por un Mundo Libre. Conoce a Pablo Neruda quien de paso por La Habana lee y aplaude este poema.

 En marzo de 1942 han sido resueltos ya los tropiezos de índole legal que impedían la realización del matrimonio. El hecho precipita el desenlace porque desnuda la realidad de la situación insostenible en que viven. La decepción íntima se acentúa en Julia y piensa en afirmarse mediante los estudios. Desgraciadamente, la salida precipitada es hacia Nueva York. 

Celebramos que la historia y la cultura cubanas hayan tenido un lugar destacado en la brillante vida intelectual de quien, en un mensaje a José Martí, declarara que venía de la tierra mitad del destino cubano: Puerto Rico.


Referencias: 

(1) Edgar Martínez Masdeu. (1993). Introducción. Actas del Congreso Internacional Julia de Burgos. San Juan: Ateneo Puertorriqueño, 3. 

(2) Manuel de la Puebla, (2002). “Bajo el ala de sus versos”. Julia; Revista de poesía, 3, 9-10, 3. 

(3) Yvette Jiménez de Báez, Y. (1966). Julia de Burgos: vida y poesía. San Juan: Editorial Coquí, 39, 

(4) Idem., 43-44, (5) Idem., 41-42 (6) Idem., 45 (7) Idem., 48 (8) Idem., 49 (9) Idem., 13


La autora es la Coordinadora de la Cátedra José Martí Universidad Interamericana de Puerto Rico Recinto Metropolitano.

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