9 nov. 2014

El mito de la igualdad

Por Fufi Santori / El Nuevo Día

Es creer en cuento de camino afirmar que el Congreso de los Estados Unidos de América podría considerar como iguales de sus 'americanos' a unos puertorriqueños con rasgos que definen una nacionalidad tan distinta a la suya y que, luego de un siglo de tutelaje político, conserva y atesora la particularidad de su idioma español como la más obvia manifestación de su idiosincrasia latina e isleña.

Sin tangencia territorial con el imperio que nos invadiera en 1898 y sin afinidades culturales o históricas que nos induzcan a compartir en igualdad nuestros destinos, resulta obvio que nuestra relación con los Estados Unidos se fundamenta en el colomiaje al que Puerto Rico ha estado sometido por esa nación  a la que fuimos entregados como botín de guerra por la España que fuera derrotada en la Guerra Hispanoamericana de 1898.

Aún cuando miles de boricuas han emigrado a los Estados Unidos y una tercera generación de ellos pudo haberse asimilado a esa sociedad anglosajona al extremo de haber olvidado hasta su lengua vernácula, su condición de latinos los expone al mismo discrimen que sufren mexicanos, centroamericanos y sudamericanos. Muy poco les ayuda el que sean U.S. citizens. Es el asunto fundamental de la asimilación. tan importante en el proceso de integración a la cultura del imperio,  el que NO SE HA DADO en la isla. No es exagerado estimar que más de un 75% de los puertorriqueños que residen en su patria ni hablan, ni entienden y mucho menos dominan  el idioma inglés.

Decir como ha dicho Carlos Romero Barceló en el Congreso de los Estados Unidos , que Puerto Rico es un país bilingüe es una mentira sacramental y bastaría con ir al cine y ver la proliferación de filmes hollywoodenses con títulos en español  para que el PUEBLO las pueda entender y disfrutar.

Y no le quepa la menor duda que en un Puerto Rico Estado 51 el puertorriqueño que no sepa inglés quedaría desplazado de trabajos y de oportunidades de adelantamiento laboral y profesional. Y un puñado de representantes y dos senadores en el Congreso Federal nada podrán hacer para remediar esas desigualdades.

Hay una sola igualdad posible para el puertorriqueño, no solamente con el 'americano' sino con todos los ciudadanos del mundo y esa es la que se vive en el pleno disfrute de la libertad; pero como la nación que somos y no como apéndice de otra cuyos rasgos culturales antagonizan con la nuestra.   

Por eso volvemos a lo radical cuando afirmamos el antagonismo irreconciliable entre la ciudadanía 'americana' y la nacionalidad puertorriqueña. Y Estados Unidos, afín con su política de 'NATION BUILDING'  nos deben indemnizar económicamente por más de un siglo de coloniaje procurando el que nos hagamos una república próspera, solvente, soberana e independiente. 

ESA ES LA IGUALDAD QUE VALE.

No hay comentarios:

Publicar un comentario