3 oct. 2014

He conocido a un gigante

Por Rafael Emmanuelli Jiménez

Nunca me he sentido débil, yo escogí luchar.

Oscar López Rivera

Cuando surgió la oportunidad de hacer una visita legal al Patriota Puertorriqueño Oscar López Rivera, no vacilé ni un segundo. Luego de un absurdo trámite burocrático, en el que un abogado tiene que solicitar permiso de las autoridades carcelarias para visitar a un confinado, logramos la autorización. Llegamos a la prisión a las 8:00 a.m. Después de pasar el rigor del cotejo del detector de metales y de los rayos x a la libreta, bolígrafo y zapatos, nos marcaron la mano con tinta invisible para luego encerrarnos, literalmente, en una celda para corroborar con una lámpara de luz ultravioleta que habíamos sido debidamente entintados. Entonces, una guardia penal nos escoltó al salón de visitas.

Poco a poco, y uno a uno, iban saliendo los confinados de un portón de rejas cuyo enorme peso era delatado por el estruendo que provocaba al cerrarse tras la salida del preso. Fijamos toda nuestra atención a ese lugar con la emoción de un niño que espera la llegada de su padre cargado de golosinas.

No tardó mucho. Su mirada y su sonrisa salieron rápidamente para buscar la nuestra como si nos conociera de toda la vida. Un abrazo fuerte, total, fue el saludo. De primera impresión se destaca su juventud y lozanía. A los 71 años su piel es tersa, su constitución es atlética, sus ojos emanan todo tipo de destellos de luz y energía, su mirada en perfecta armonía con su voz, es sincera y suave. Su palabra es precisa, elocuente, sin muletillas ni anglicismos. Su sabiduría es evidente, sin una pizca de arrogancia. Fue muy emocionante conocerle personalmente, tras conocerle a través de nuestra historia reciente, como un serio y tenaz luchador por la independencia para Puerto Rico. Fue devastador sentir que mientras él lleva 33 años de su vida encarcelado, nosotros no hemos hecho lo suficiente para lograr la libertad de nuestra Patria. Fue transformador contar con su mano en mi hombro y sus palabras de consuelo ante mi llanto imprudente. Fue maravilloso saber que está lleno de amor y que ha trascendido el dolor del castigo al que ha sido sometido.

Uno de mis temores anticipando la visita es de qué hablaríamos. Hablamos de todo. Oscar es un conversador delicioso. Da gusto escuchar sus historias y anécdotas más cotidianas al igual que sus análisis más serios y profundos. No puedo contar todo lo que conversamos porque, guiñando un ojo les digo, faltaría a mi deber de confidencialidad de abogado-cliente, pero comparto algunas citas variadas tomadas literalmente: “Envíale un abrazo solidario a todos los que te pidieron que me saludaras”. “Cualquier trabajo que se hace con amor da frutos”. “Una gran virtud de los puertorriqueños es ser agradecidos”. “El proceso de deshumanización al que el sistema carcelario somete a los presos me ha permitido sentir más compasión”. “Creo que una obligación de todo ser humano es cuidar su salud”. “El deber de todo ciudadano de Puerto Rico es servirle a su Patria, a su país”. “Si vamos a pensar en un modelo de Frente Unido hay que examinar el modelo de Pepe Mujica”. “Debemos propiciar el diálogo y trascender las diferencias”. “Tenemos que preservar y mejorar las cosas buenas que han surgido como producto de la lucha: Claridad es una de ellas”.

A las 3:00 p.m. el guardia anunció que había terminado la visita. Tuvimos que interrumpir las más de seis horas de conversación y nos dimos otro abrazo de despedida, con la esperanza, casi certera, de que muy pronto lo abrazaremos acá en Puerto Rico. Oscar no es fotogénico. Nadie es perfecto. En las fotos aparece mayor y bajito. Luego de conversar con él y de abrazarlo, les aseguro que se trata de un verdadero gigante.



* El autor es abogado y miembro de la Junta Directiva de CLARIDAD. Basado en visita que hizo junto al licenciado Pedro Saadé, a Oscar López Rivera (87651-024) en el Federal Correctional Institution en Terre Haute, IN, el lunes 1ro de septiembre de 2014.

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