20 jul. 2014

El mito de superar la crisis con mano de obra barata


Por Erasto Zayas Núñez

Una de las grandes mentiras con las cuales todas las administraciones gubernamentales han pretendido justificar la eliminación de las leyes protectoras del trabajador, limitar al mínimo sus conquistas laborales y llevar sus salarios al nivel de la miseria es cuando dicen que tenemos que tomar las medidas necesarias "para ser más competitivos en la era de la globalización".

Si esta premisa fuera cierta,  ¿cómo se explica el fenómeno de las cientos de empresas norteamericanas que han regresado  a producir sus bienes al territorio continental? ¿Será acaso que los capitalistas estadounidenses se han tornado, de la noche a la mañana, en hermanitas de la caridad? No tenemos que profundizar mucho en el análisis para encontrar la respuesta.  El desarrollo tecnológico ha  transformado radicalmente la forma de producir los bienes y servicios y,  como consecuencia de lo anterior, la relación entre trabajo y capital ya no es la misma que conocimos en el pasado siglo.

Desafortunadamente a los dirigentes políticos de este país, por estar pendientes de salvar sus privilegios y los del sector financiero, no les alcanza el tiempo para analizar los cambios que van desarrollándose a nivel global y su impacto en el desarrollo económico local. De igual manera le ocurre a los organismos y los teóricos de los empresarios e industriales puertorriqueños. El miedo a perder la riqueza acumulada los mantiene actuando con las reglas conservadoras del pasado. Tanto es así que su modelo ideal es, en pleno Siglo XXI, retroceder a la ancestral esclavitud laboral.

Cada día la maquinaria robótica sustituye la mano de obra humana. Ahora, con una mayor capacidad para replicarse así mismas, incrementan el lado del capital en la ecuación capital-trabajo. La automatización de los procesos de producción han hecho obsoleto el modo de producción fundamentado en la mano de obra barata. La revista Fortune, especializada en asuntos económicos, señala que la producción de riqueza está "en contar con personal capacitado para innovar, crear nuevos productos y servicios, así  como la puesta en práctica de nuevos modelos de hacer negocios". Esto se logra con una educación de excelencia y nosotros, siempre como el rabo del perro, estamos cerrando escuelas, deteriorando la educación universitaria y aprobando legislación para una realidad ya superada.

En la medida en que la automatización y la tecnología continúen desarrollándose, y esta es la dirección que sigue el proceso de producción moderno, cada día será menos necesaria la mano de obra barata que suele utilizarse en la manufactura. Estos avances tecnológicos hacen obsoleta la tesis con la cual se han pretendido justificar las leyes anti obreras que se han estado aprobando en Puerto Rico.

Los modernos procesos de producción  están fundamentados en criterios tan distintos como el lugar donde finalmente se mercadea el producto, pues esa realidad permite acortar el tiempo y costo de transporte, reducir los niveles de inventario, entre otros criterios de producción. Cada día el énfasis es mayor, a nivel mundial, en el uso de máquinas inteligentes  en oposición a trabajadores con bajos salarios y pobres destrezas.

Dos ejemplos que ilustran esta tendencia  es el hecho de que el trabajo manual en los Estados Unidos  ocupaba un 64.3% de la producción entre 1947 y el año 2000. Dicha proporción se ha ido reduciendo durante la pasada década y las estadísticas del Departamento del Trabajo de los Estados Unidos indican que en el tercer cuarto del 2010 la misma se había reducido a un 57.8 porciento (Fleck, Glaser y Sprague, 2011).  El segundo ejemplo lo aporta la experiencia de China, que ha reportado la pérdida de unos 30 millones de empleos en la manufactura en el período comprendido entre  el 1996 y el presente (Brynjolfson, MccAfee, Spece, 2014).

Ante el desarrollo desigual de las economías en los diferentes países no podemos ignorar que el legislado empobrecimiento de la clase trabajadora puertorriqueña, que posee una media superior de preparación y experiencia laboral, podría significar un atractivo en el presente para algunas industrias que todavía no hayan incorporado los avances tecnológicos ya disponibles. Si es que existe un plan para atraerlas a Puerto Rico. Sin embargo, en el corto plazo la legislación que recientemente fuera aprobada volverá a colocarnos en desventaja, con el agravante de haber profundizado los niveles de desigualdad económica y los conflictos sociales que esta realidad acarrea.

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