1 abr. 2014

Nuestra personalidad colonizada

Por Ibrahim Pérez

El  5 de abril de 2008, resumí para ustedes la descripción de nuestra personalidad colonizada, un desorden mental magistralmente expuesto por el médico psiquiatra boricua, Dr. Guillermo González, en su libro “Los trajes del Gobernador”. En 2014, nuestra personalidad colonizada sigue siendo un serio problema de salud mental. Nuestros políticos representan su más nociva expresión. Su poder decisional los convierte en influyentes propagadores de ese trastorno colonial y les confiere una gran capacidad para replicarlo.

Los boricuas sabemos que la autoridad máxima sobre nuestras vidas radica en la metrópolis. De allá emanan las cuantiosas ayudas económicas que nutren nuestra humillante dependencia y que atrofian nuestra creatividad, productividad y motivación. Hemos llegado al extremo, no solo de negar esa realidad, sino de someternos a ella y sacarle el mayor provecho, de glorificar su importancia y proclamarla como filosofía de vida.

Nuestros políticos se han insertado hábilmente en la administración de las ayudas federales, a sabiendas de que son la materia prima que los sostiene como clase social independiente, que son la principal fuente de trabajo, mantengo y lealtad para sus correligionarios. Nuestros políticos, ni promueven, ni interesan el verdadero cambio. El cambio es una amenaza a su propia existencia.

Los políticos saben, que la falta de consenso y de unidad, especialmente en momentos de crisis como los que vivimos en 2014, garantizan su perpetuidad en el sistema colonial. No les conviene que crezcamos y nos desarrollemos por nuestros propios méritos. Imagínense qué pensarían sus correligionarios si les dijeran que, en adelante, sus vidas dependerán de sus propios esfuerzos y no de su afiliación y lealtad al partido.

La mentalidad colonizada explica nuestro fanatismo proselitista y hasta las actuaciones corruptas de los que defienden ciegamente al liderato político que los mantiene. Hemos perdido el criterio propio y el pensamiento crítico. El tribalismo y los colores prevalecen sobre nuestra puertorriqueñidad y sobre nuestra dignidad, excepto cuando soñamos transitoriamente con los triunfos internacionales de nuestras mujeres bellas y nuestros deportistas.

Ya es tiempo de comenzar a sanar de nuestra psicopatológica personalidad colonizada. Solo así podríamos comenzar a romper las cadenas de la inmovilizadora actitud colonial, levantar nuestra autoestima, autovalía, tolerancia y civilidad, para entonces intentar lograr consensos en los renglones más determinantes de nuestra convivencia colectiva.

Tomado de El Nuevo Día

No hay comentarios:

Publicar un comentario