8 nov. 2013

Hay que mojarse los pies: dilema entre la teoría y la práctica

Por Angel Pérez Soler / MINH

Desde hace dos años y medio he tenido la oportunidad de trabajar en la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras. Largas horas he destinado a pensar y re-pensar cómo es posible que desde el primer y más importante centro docente no han salido soluciones viables para los problemas que aquietan el país. 

Es de todos conocidos, la desesperanza que arropa nuestro país. El problema de la criminalidad, el desempleo, la migración, la creciente vejez en la población, la falta de desarrollo económico y otros, son el pan nuestro de cada día. No obstante, la academia sigue produciendo excelente escritos, fabulosas tesis, muchos y muchas profesionales y el país sigue igual o peor. 
La única contestación que tengo al particular es que desde la academia, lo único que se está produciendo son analistas bien documentados y no agentes de cambio. Y valdría la pena preguntar ¿por qué sucede eso? 

El sistema de educación superior del país está montado desde la lógica del capital. La oferta ofrecida desde todos los sistemas de educación superior, públicos o privados responden a una económica de mercado donde permea la necesidad de trabajadores mecánicos, con poca formación social y humana. Sosteniendo dicho sistema, los trabajadores solo irán a sus centros de trabajo bajo la premisa de producir y recibir compensación por su mano de obra. Peor aún, estos trabajadores llegan a su centro de producción, con el temor denunciado por Carlos Marx hace algún tiempo, en un país donde existen trabajadores asalariados y trabajadores desempleados, el mercado de trabajo puede desechar cualquier  trabajador, ya que habrá 4 o 5 esperando por ese espacio. Es de esa forma que el/la trabajador/a prefiere callar antes las injusticias de la explotación sometida por el patrón. Pero, ¿desde cuando viene esta forma de pensar? 

Bueno, hace algún tiempo el mundo se enfrentó al final de la Historia. Francis Fukuyama, entonces funcionario del Departamento de Estado del Gobierno de George Bush, anunció que con la caída del Bloque Soviético acaba el debate de otro mundo posible y que la vida económica, política y social se regiría desde la perspectiva dominante del capitalismo neoliberal. 

Con esta posición, muchos académicos, los cuales antes postulaban la posibilidad de un mundo distinto, cayeron en la tentación de las nuevas teorías que circulaban dentro del posmodernismo, la cual declaró la muerte de las “grandes verdades” y las narrativas particularmente el marxismo. 

Con la caída de los/as que postulaban formas alterna al capitalismo, los posmodernistas se autoproclamaron los radicales verdaderos, los críticos del pensamiento, aun así cuando en su propia forma de teorizar negaban cualquier acción política para cambiar el mundo. Dentro de esta ola solo sobrevivieron los marxistas académicos, quienes dedicaron su producción literaria a rebuscar los escritos de Marx y la teoría socialista de la economía, esto desligado de la práctica política. El gran problema radicó precisamente en eso, la teoría no puede jamás estar desligada de la práctica política, porque de lo contrario sería letra muerta. Entender la teoría y entender la necesidad de un cambio no es base suficiente para que suceda el mismo. De nada vale entender profundamente las fuerzas que mueven el mundo, sino se hace nada para cambiarlas. 

Reconozco que la teoría es para el ser humano el lente por el cual mirará la sociedad, de lo contrario reaccionaríamos al mero hecho de los instintos, cosa que sería antagónico con el principio de que los seres humanos somos seres racionales. No obstante, la práctica es fundamental para gestar lo interpretado. He aquí la contestación a la  interrogante con la cual inicie este escrito. Es posible que el país carezca de cambios drásticos, porque la academia ha creado conocedores del problema y no hacedores de soluciones. 

Esta misma suerte corre la izquierda puertorriqueña. Los niveles de análisis son extra superiores no así el nivel práctico. Peor aún, el nivel de análisis ha llegado a perpetuar una conducta principista de la teoría, provocando una inmovilidad en la práctica. “Es que tal teórico plantea esto”, escuchamos a diario. Pero, ¿qué proponemos nosotros, según la realidad nuestra? ¿Es la teoría una receta o una guía para aplicar? 

De nada nos vale seguir ampliando el debate ideológico, cuando en la calle se respira desesperanza, cuando en la calle permea la falta de empleo. Hagamos el esfuerzo desde los sectores que proponemos alternativas. Hay que hacer un esfuerzo práctico mayor y dejar a un lado la crítica y el debate teórico. Hay que mojarse los pies, para construir un mejor país y nueva teoría.                

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