21 feb. 2013

La reelección de Rafael Correa a la presidencia en la República de Ecuador


Alejandro Torres Rivera / MINH

Dos sucesos estremecieron América del Sur el pasado fin de semana. El primero de ellos, la noticia recibida desde Caracas donde se anunciaba el regreso del presidente Hugo Chávez Frías a su patria, Venezuela, luego de una larga recuperación de la operación y tratamiento postoperatorio recibido en Cuba para su condición de cáncer. Luego de haber apreciado su estado de recuperación física a través de varias fotografías circuladas la semana pasada, en las cuales se le veía acostado en la cama junto a sus dos hijas en La Habana, este fin de semana, pudimos apreciar un Hugo Chávez Frías en pie, como ha sabido estar en la defensa de la soberanía de su patria a lo largo de toda su vida, mientras desembarcaba del avión que le trajo de regreso a Caracas.

En un segundo plano, pero no por eso menos importante, desde el domingo en la tarde una segunda noticia recorría América Latina y al mundo: el resultado de las elecciones a la presidencia, a la Asamblea Nacional y a los escaños legislativos dentro del Parlamento Andino efectuadas en la República de Ecuador. En ella, su presidente, Rafael Correa, con el apoyo extraordinario de más del 60% del electorado que participó en los comicios, validaba por un amplio margen de más de 20 puntos de ventaja a su más cercano contendiente, el candidato del movimiento CREO y presidente ejecutivo del Banco de Guayaquil, Guillermo Lasso. De esta manera, las elecciones del pasado 17 de febrero abren una nueva página en el desarrollo de la Revolución Ciudadana iniciada años antes en Ecuador por el Presidente Correa.

El Movimiento Patria Alternativa I Soberanía (PAIS), bajo cuya franquicia se presentó como candidato Rafael Correa, constituye una alianza de fuerzas políticas, sociales y comunitarias, que agrupadas en esta ocasión en torno a diez ejes fundamentales, aspiró a darle continuidad al programa iniciado hace ya seis años por su dirigente en el proceso de la refundación de un nuevo país, de una nueva patria. Conocido este proceso como una ‘‘Revolución Democrática Ciudadana’’, a los cinco ejes originales en torno a los cuales discurrió el programa de Correa en los pasados cuatro años, se le han sumado en estas elecciones cinco adicionales. Recordemos que en su origen, cuando Correa entró de lleno en la campaña política en Ecuador, concurrió como único candidato, con su única y esencial propuesta de que un voto a su favor, era un voto a favor de la convocatoria a una asamblea constituyente desde la cual se refundara el nuevo Estado ecuatoriano. El resultado de sus primeros años en la presidencia fue conseguir, combatiendo contra viento y marea, la idea de convocar una asamblea constituyente que dotara a Ecuador de un nuevo marco normativo en temas de derechos constitucionales, obligaciones constitucionales y competencias, desde las cuales iniciar el nuevo proceso de recomposición política de la nación.

Durante los pasados cuatro años, el gobierno de Correa desarrolló el programa de la Revolución Democrática Ciudadana a partir de las transformaciones constitucionales que se alcanzaron en la Constitución de Montecristi, aprobada por el pueblo en 2008 y que se indica, sentó las bases de una Ecuador solidario y socialista. Los otros cuatro ejes en torno a los cuales se ha desarrollado el proceso político previo a las pasadas elecciones fueron: a) el desarrollo de una revolución económica, productiva y del trabajo, que incluyó el desarrollo de una revolución agraria, todo ello en función de las necesidades del pueblo ecuatoriano y no bajo la sujeción de los organismos crediticios internacionales; b) el rescate para el beneficio del pueblo de derechos tales como la educación, la salud, la vivienda y el acceso a verdaderas oportunidades de mejoramiento en la población; c) la lucha contra la corrupción en todos los ordenes de la vida política como aspiración ética central dentro de su gobierno; y finalmente, d) la llamada revolución de la soberanía y dignidad de la Patria grande, traducida ésta en la integración suramericana y latinoamericana.

A los cinco ejes antes descritos, se suman hoy dentro del marco de la recién concluida campaña electoral, los siguientes: a) el desarrollo y ampliación de la denominada ‘‘revolución ambiental’’; b) el acceso a la justicia para todos; c) el desarrollo de una revolución en los campos del conocimiento, la ciencia y la tecnología como forma de confrontar la dependencia; d) la llamada ‘‘revolución urbana’’, dirigida a una mayor racionalización de la distribución de la tierra y de los espacios urbanos; y finalmente, e) una ‘‘revolución cultural’’, significando con ella la ruptura con aquellos elementos de enajenación o alineación resultantes de la dominación imperialista, los cuales tienden a corromper o desviar las metas y propósitos de transformación de un nuevo Ecuador.

La realidad de haber logrado obtener en estos comicios la mayoría de la Asamblea Nacional le permitirá al gobierno de Rafael Correa dirigir en su país en los próximos años cambios que propicien lo que el propio presidente ha indicado en sus recientes declaraciones a raíz de su indisputable triunfo: ‘‘…hacer irreversible la relación de poderes a favor de las grandes mayorías y no de los poderes fácticos.’’ En Ecuador, indica Correa, ‘‘ya no mandan las bancocracias, los poderes mediáticos, aquí ya no mandan los países hegemónicos; con esta revolución mandarán los ecuatorianos y ecuatorianas.’’

De acuerdo con uno de los artículos colgados en Internet el pasado 17 de febrero por el Director de Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo, Carlos Aznarez, algunos de los elementos que contribuyen a explicar este arrollador triunfo del presidente Correa son: ‘‘crecimiento económico, bajas tasas de inflación y de desempleo y políticas de redistribución del ingreso’’, la cuales según se indica, ‘‘se han traducido en una masiva inversión social en educación, salud, vivienda, atención a los discapacitados y mejoras en la calidad de los servicios públicos (correos, seguridad social, registro civil, función judicial).’’ Por su parte, el escritor e intelectual argentino Atilio Borón, en otro escrito, esta vez publicado el 18 de febrero por la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), señala con acierto algo que vemos sigue reproduciéndose en América del Sur, que es la falsedad de la tesis absoluta de que ‘‘el poder desgasta’’. Indica Borón que esta tesis ‘‘sólo es válida en democracia cuando el poder se ejerce en beneficio de las minorías adineradas o cuando los procesos de transformación social pierden espesor, titubean y terminan por detenerse. Al paralizarse, al abandonar el impulso transformador, se encaminan hacia su propia destrucción. Su condición de viabilidad es la permanente profundización y aceleración del proceso reformista. Pero cuando se gobierna teniendo a la vista el bienestar de las víctimas del sistema, pasa lo que ocurrió … en Ecuador…’’

El resultado para las fuerzas opositoras a Correa, incluyendo aquellas conformadas por el Partido Plurinacional, una coalición de diez organizaciones y movimientos políticos de izquierda, será que ellas, a su vez, serán insuficientes para detener los cambios y transformaciones impulsados por Correa en el país. Ni siquiera la suma de organizaciones de centro y derecha que se oponen a sus programa tampoco. En consecuencia, en los próximos cuatro años debe anticiparse la implantación de las medidas programáticas de PAIS al pueblo ecuatoriano.

De acuerdo con la Constitución del país, el nuevo gobierno encabezado por Correa deberán entrar en funciones el próximo 24 de mayo. El proceso de fortalecimiento del gobierno de Evo Morales en Bolivia, junto al pasado triunfo electoral de Hugo Chávez en la República Bolivariana de Venezuela, incluyendo el nuevo proceso electoral que deberá enfrentar el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) el próximo mes de abril en el contexto de las elecciones municipales y la expectativa de que del mismo salga todavía más fortalecida la Revolución  Bolivariana; junto al reciente triunfo de Rafael Correa en Ecuador, constituyen pasos que van consolidando, poco a poco, una perspectiva nueva del proceso de integración de los pueblos liberados bajo la espada de Simón Bolívar dentro del marco de una mayor integración continental de América del Sur y el Caribe.

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