21 feb. 2013

La excarcelación de la injusticia


Eduardo Villanueva Muñoz

Queremos reconocer lo justo y necesario que ha sido, que el Festival de Claridad se dedique a un patriota que ha pagado un precio tan alto por la defensa de sus ideales. ¿Sabe usted lo que es estar treinta y dos años lejos de la familia, de la patria, de los mares, de los árboles, de los olores que en nuestro país son fuente de energía para hablarle a la naturaleza como seres vivos que son? ¿Sabe usted lo que significa que en los días en que se extraña el ser humano que amamos, la posibilidad de comunicarse esté sujeto al arbitrio sádico de los carceleros? ¿Sabe usted lo que significa que en los eventos extraordinarios en que la patria reverdece, no podamos estar insertos en sus procesos sociales, tales como los de los estudiantes que luchan por el derecho a la preservación de una universidad autónoma y pública? ¿O que en momentos en que los obreros luchan contra la privatización de bienes que son patrimonio público, no podamos darle apoyo nada más que desde la distancia que significa la existencia en una mazmorra fría? Es decir, la imposibilidad de continuar la lucha, de modo activo y presente, es un castigo insito al encierro que se suma a los dolores de la pérdida de la libertad física, tal vez el más doloroso de los castigos para el que tiene su vida comprometida con su pueblo esclavo.

Todas esas privaciones ha sufrido Oscar López en treinta y un años de encierro que ya están cerca de treinta y dos en mayo de este año. Oscar vive con profundo agradecimiento a su pueblo, porque puertorriqueños de todas las ideologías y preferencias de status político se han unido a la solicitud de su excarcelación. Ello implica que sus compatriotas han valorado su entrega, su compromiso con la patria y se han unido para reclamar al presidente de la nación que sojuzga a la nuestra, que oiga el reclamo de un pueblo unido contra la injusticia y la arbitrariedad y libere a Oscar López Rivera, convicto de sedición, que es lo mismo que de ser culpable de luchar por la libertad de un pueblo que no ha alcanzado su autodeterminación e independencia.

El Comité Pro Derechos Humanos agradece esta larga lucha por liberar a Oscar de sus barrotes, por excarcelarlo, no por liberarlo, ya que por su conciencia y sus ideales sabemos que es un hombre libre. Uno de los que más puede serlo, porque entiende que ha cumplido su deber, heroico y honorable, de ser símbolo del ansia de libertad de un pueblo, complejo y variado, como todo pueblo colonizado, que anhela la libertad y la teme porque no la conoce. Luchar por la libertad de un pueblo esclavo es un honor que no se busca, pero que se asume con tranquilidad de espíritu, cuando se tiene conciencia de que en la noche de las sombras, alguien tiene que reclamar ser el pendón de la luz del reclamo de liberación.

Nuestra campaña está basada en tres objetivos que se concatenan para reclamar al Presidente de Estados Unidos que actúe a la altura de un pueblo trabajador, que pretende ser símbolo de libertad en el mundo. Dialécticamente lo es en la teoría que apoyan sus masas trabajadoras, pero no lo es en la negación de sus organismos de inteligencia y de la minoría oligárquica que controla las iniciativas de sus presidentes, que muchas veces resultan ser rehenes de las fuerzas conservadoras que los controlan. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, debería ser la excepción, para ello tiene que trascender esas fuerzas que piensan, que la fuerza de esa nación está en su milicia y no en el valor del ejemplo que puede significar la consistencia moral entre cómo se expresan y cómo actúan. En su reciente visita a Puerto Rico, Robert Kennedy hijo, expresó que el rol de Estados Unidos no es ser policía del mundo, sino ejercer un liderato que provenga de su ejemplo moral y no de su fuerza militar. Convendría que el presidente Barack Obama y sus asesores de “inteligencia”, escuchen ese mensaje.

Tenemos que concatenar la presión de los puertorriqueños en la diáspora, de los aliados de la lucha de Puerto Rico en el mundo para advenir a su autodeterminación e independencia y del amplio espectro de las fuerzas políticas, religiosas y sindicales, que al calor de las coincidencias que logramos en la sociedad civil, han hecho suyo el reclamo de que se excarcele a Oscar López Rivera. En el trípode de esos tres objetivos hemos montado nuestros esfuerzos con paciencia de hormiga y hemos ido hilvanando apoyos que antes parecían impensables. Hemos logrado que cuatro ex gobernadores, de distintas épocas y visiones ideológicas, apoyen nuestro reclamo de libertad para Oscar. Hemos conseguido resoluciones de varias de las uniones sindicales más importantes y variadas en sus estrategias de lucha sindical, reclamando que el presidente Obama, que depende del voto de sus matrículas, acceda a excarcelar a Oscar. El Concilio de Iglesias, diversas denominaciones evangélicas y los líderes más respetados y conscientes de la Iglesia Católica han reclamado que se excarcele a Oscar.

Lo hemos dicho antes, lograr que se excarcele a Oscar es un imperativo moral de nuestro pueblo. Agradecemos la aportación a la campaña por su excarcelación de todo puertorriqueño(a) de bien, sobretodo, agradecemos al pueblo y los líderes que la exigen respetando los ideales de Oscar, sin pretender que se renuncie a los mismos, porque la libertad tiene un valor tan alto, que hay que pagarla a cualquier precio. Esa ha sido la ofrenda de Oscar, entregar su vida y su libertad por la de su pueblo.

En Isabela Puerto Rico, a 11 de febrero del 2013

Fuente: Claridad

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