31 dic. 2013

32 niñas exigen la excarcelación del prisionero político Oscar López Rivera

Foto por: Alina Luciano
Por En Rojo 

Más de 32 niñas expresaron su solidaridad con el llamado nacional de excarcelación de Oscar López Rivera este domingo 29 de diciembre a las 4:00PM en el Puente Dos Hermanos del Condado. Las niñas se unieron al grupo de mujeres 32 X Oscar que cada último domingo de mes exigen al presidente Obama que saque de prisión al preso político puertorriqueño, durante 32 minutos que simbolizan los años que lleva en la cárcel. La consigna que las mueve es ‘Hasta su regreso’.

“Las mas de treinta y dos niñas que se nos unieron representan la esperanza con que renovamos nuestra militancia por la excarcelación de Oscar hacia el inicio del 2014”, dijo Alida Millán Ferrer, una de las portavoces del grupo de mujeres. “Nuestra última manifestación del año nos inspira a renovar el impulso, las energías, por un nuevo año de lucha en el que tenemos que ver a nuestro hermano fuera de la prisión”.

Las niñas cantaron consignas como: Queremos que Oscar pueda ver el mar , en esta Navidad las niñas luchan por Oscar y a los tres reyes pedimos que traiga a Oscar prontito. Además, entonaron canciones navideñas como el Coquí y el Cardenalito. La actriz Georgina Borri se unió al grupo de niñas para hacer juegos como el patio de mi casa,”este es uno de los juegos que se hacía cuando Oscar era niño comenzó diciendo Georgie a las niñas.

Oscar se une al grupo de mujeres todos los meses ayunando en la prisión

“El compromiso es inquebrantable. No habrá frustración ni cansancio que nos detenga. Seguiremos manifestándonos el último domingo de cada mes para exigir que el presidente Barack Obama indulte a Oscar y que este regrese a casa con su familia y su Pueblo", dijo la Lcda. Josefina Pantoja, otra de las portavoces.

"Oscar no ha matado a nadie, no ha agredido violentamente a nadie. Su delito es defender la independencia de su Patria", dijo Pantoja. “Él es nuestro mayor símbolo de resistencia. Su empecinado e inexplicable encarcelamiento responde a una situación colonial y de explotación que, en pleno siglo XXI, es completamente indignante y deplorable a nivel mundial. Mientras Oscar siga siendo prisionero político en Estados Unidos, será imposible la resolución política en nuestro país. No se puede dejar de ser colonia mientras existan los prisioneros políticos. Eso está claro”.

21 dic. 2013

Hacia el fin de la “guerra contra las drogas”

Por Gazir Sued*
80grados

Ponencia presentada en el foro público Crimen y Castigo en Puerto Rico, auspiciado por el Movimiento Unión Soberanista (MUS), celebrado en el Colegio de Abogados, miércoles 4 de noviembre de 2013.

The enumeration in the Constitution, of certain rights,
shall not be construed to deny or disparage others retained by the people.

-Amendment IX, U.S Constitution (1791)
La enumeración de derechos que antecede no se entenderá
en forma restrictiva ni supone la exclusión de otros derechos
pertenecientes al pueblo en una democracia,
y no mencionados específicamente.

-Art. II, Secc.19, Constitución del E.L.A de PR (1952)

El Estado de ley puertorriqueño está obligado jurídicamente a ceñir sus prácticas de gobernabilidad y respectivas legislaciones reguladoras y penales dentro de los parámetros ideológicos, principios éticos y derechos políticos constitucionales (explícitos e implícitos), en consonancia con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y conforme a los preceptos imperativos del derecho constitucional estadounidense. La finalidad expresa en nuestro texto constitucional es “…promover el bienestar general y asegurar para nosotros y nuestra posteridad el goce cabal de los derechos humanos…”, a los que “…el orden político está subordinado…”. Partiendo de esta premisa, podemos afirmar que en las sociedades democráticas ninguna ley puede o debe contradecirlos o vulnerarlos; y que no consentimos que las autoridades del gobierno (ejecutiva, judicial y legislativa) se excedan en el ejercicio de los poderes delegados. Por eso exigimos transparencia en su administración y condenamos cualquier ejecutoria que desvirtúe su encargo político constitucional.

Sin embargo, advertimos serias contradicciones en nuestro ordenamiento jurídico penal. La relativa inefectividad e impotencia de las instituciones penales para concertar sus objetivos disuasivos, ejemplarizantes y correccionales, no son de naturaleza económica o gerencial. Las causales de esta condición residen en las propias leyes que definen sus objetivos y asignan sus funciones. Desde una perspectiva histórica, podemos corroborar que la Asamblea Legislativa se ha excedido en su encargo político constitucional, y la imaginería represora y punitiva que predomina en la cultura jurídica insular se ha impuesto casi de manera irrestricta y paradójica, moldeando una parte sustancial del imperio de la Ley contra principios constitucionales y derechos humanos, algunos expresados literalmente en el texto de la Ley, otros implícitos en el espíritu democrático de nuestro pueblo.

La aceptación irreflexiva y el plagio de legislaciones federales inconsistentes y contradictorias con los principios y derechos humanos agrava la situación. La reproducción acrítica de la política prohibicionista estadounidense, con el alegado objetivo de prevenir, controlar y reducir la incidencia criminal, es ejemplar al respecto. La criminalización de la ciudadanía usuaria de drogas ilegalizadas por el gobierno federal1 fue copiada al pie de la letra,2 al margen de la realidad cultural y social en la isla, sin reservas críticas ni análisis sobre sus contenidos e implicaciones. Todavía hoy retiene vigencia y fuerza de ley a pesar de sus anacronismos e incoherencias teóricas y desvirtuada utilidad social. Hasta la fecha y durante décadas, se ha drenando gran parte del erario público para financiar la “guerra contra las drogas”, a pesar de que se ha probado reiteradamente que el modelo ha fracasado y que, en última instancia, genera más problemas (económicos y psico-sociales) que los que pretende resolver.

La clave teórica para comprender la problemática en ciernes es la siguiente: la ley hace el delito. La racionalidad penal que la apareja constituye un dilema ético y un problema político permanente y no debemos obviarlo. A todas luces, la legislación prohibicionista es inconstitucional. Sus prácticas represoras y penales constituyen modalidades de intromisión estatal indebida sobre la vida privada e íntima de la ciudadanía; sus fundamentos son incongruentes y contradictorios con los principios éticos/políticos de los derechos constitucionales; y sus prácticas punitivas constituyen invariablemente castigos crueles, aunque se pretenda encubrir su violencia bajo el eufemismo de la seguridad ciudadana y la rehabilitación del condenado, aprisionado injustamente, multado o forzado a someterse a programas fraudulentos de modificación de personalidad (psiquiátricos o religiosos).3

La racionalidad prohibicionista y punitiva de la “ley de sustancias controladas” tipifica “delitos sin víctimas” y castiga severamente al ciudadano sentenciado, en menosprecio de su singularidad existencial y en desprecio de su derecho inalienable e irreducible: el de disponer libremente sobre su propio cuerpo. Es decir, vivir cada cual su propia vida sin coerciones arbitrarias, acosos y asechos irrazonables por parte del Estado. Toda legislación penal que transgreda este principio representa un abuso de autoridad y constituye invariablemente una violación a la dignidad humana. Todo castigo en su nombre es un acto de crueldad.

La salud del ciudadano no puede ser pretexto justificador de intromisiones autoritarias por parte del Estado de ley, que debe limitarse a orientar, educar y proveer servicios de salud, física y mental, no a imponerlos violentamente contra la voluntad expresa del individuo. Este principio vale para todo lo concerniente al consumo de sustancias narcóticas (legales o ilegales), así como todo cuanto respecta a cualquier otra dimensión relativa al ejercicio de la soberanía de cada cual sobre su propio cuerpo.

En lo que respecta a las drogas narcóticas ilegalizadas, el Estado debe despenalizarlas y limitarse a establecer regulaciones normativas sobre sus usos y, en todo caso, garantizar la calidad de los productos de modo similar a como lo hace con las drogas legales; las comercializadas por el imperio de las farmacéuticas y la oligarquía médica; y las producidas y consumidas en el libre mercado, como el café, el tabaco y el alcohol.

Adviértase que la desvinculación de gran parte de la ciudadanía de los preceptos del prohibicionismo pone en entredicho su legitimidad y presumido valor social. No existe un “consenso social” que justifique la criminalización y castigo (cárcel, tratamiento o multa) por lo que consumimos personalmente. El uso de drogas es una práctica social milenaria y pertenece a la condición humana hacerlo. No es responsabilidad del Estado impedirlo por recurso de su fuerza represiva, sino reconocerlo, advertir sus posibles consecuencias y tratar con debida sensibilidad a quienes lo necesiten realmente. Las legislaciones reguladoras de la vida social deben reflejar con nitidez, no los “valores” imaginarios de la sociedad para la que se legisla, sino las aspiraciones realistas de viabilizar condiciones de existencia singular y convivencia social lo más llevaderas posible.

En la actualidad, nuestro ordenamiento jurídico-penal produce efectos antagónicos e irreconciliables con su principal objetivo estratégico-político. Esto es, suponiendo que el encargo esencial del Estado de Ley es viabilizar condiciones de existencia social, singular y colectiva, que redunden en el bienestar y la seguridad de la comunidad puertorriqueña en conjunto, sin menoscabo de las diferencias individuales que le son constitutivas. El derecho de las personas a decidir sobre sus propios cuerpos es consustancial al espíritu del derecho democrático. El concepto mismo de la libertad carecería de sentido si se renuncia a este principio ético-político.

La legislación prohibicionista y criminalizadora que enmarca y orienta la “guerra contra las drogas”, no solo contrasta con las garantías constitucionales y es violatoria de la dignidad humana. Simultáneamente, se ha mostrado inútil para contrarrestar la incidencia criminal a la vez que la posibilita, la refuerza y la perpetúa. Además, los sectores “profesionales” que se prestan a refrendar sus mitos y hacen negocios con base en sus ficciones incurren en prácticas anti-éticas y fraudulentas, aunque legales.

Alternativas jurídicas contra la estratagema prohibicionista 

Analizadas las racionalidades y sinrazones históricas que han moldeado el imaginario jurídico penal en Puerto Rico,4 e identificados los desafueros legislativos que han dado forma y contenido a la política prohibicionista en la Isla -en menoscabo de principios éticos y políticos constitucionales; y advertidas las consecuencias económicas y psicosociales de sus vicios represores y crueldad punitiva, es preciso rectificar las leyes relativas al prohibicionismo y ajustar sus disposiciones en concordancia con nuestra compleja realidad cultural, aun contra la voluntad dominante en el cuerpo legislativo y entre la alta jerarquía del Gobierno insular.

Plan A: Derogación de ley prohibicionista y despenalización regulada

Ante este estado de situación, estimo prudente actuar fuera del atolladero político en el que está entrampada la Asamblea Legislativa insular. Pienso que sería oportuno estratégicamente, en la lucha por la despenalización y en defensa de los principios y derechos democráticos, radicar una demanda ante el Tribunal Supremo de Puerto Rico para derogar la legislación prohibicionista (Ley Núm. 4 de 1971) y atemperar sensiblemente las regulaciones legales sobre narcóticos a nuestra realidad cultural y necesidades psicosociales como pueblo.

Derogada la ley (suprimido el delito y anuladas sus penas) mediante la autoridad del Tribunal Supremo, el uso de sustancias narcóticas quedaría despenalizado. Procedería de inmediato orden de cese y desista a cualquier práctica de intervención represiva y estigmatizadora contra la ciudadanía usuaria; y, en el contexto carcelario, la extinción de las penas y la liberación incondicional de los confinados, incluyendo los recluidos (in)voluntariamente en programas de modificación de conducta (rehabilitación moral) dentro o fuera de la cárcel -según dispone el Art. 4. del CP.

Plan B: Amnistía general: despenalización regulada

En caso de que el Tribunal Supremo de Puerto Rico se abstenga de acoger la demanda para derogar las leyes prohibicionistas, y prevalezca la racionalidad dominante en la Asamblea Legislativa, resta proponerle la consideración de una medida alternativa que no represente un antagonismo irreconciliable entre ambas autoridades y se oriente hacia fines cónsonos con los derechos civiles y el encargo político de la autoridad constitucional. A tales fines, propondría la implementación de un periodo de amnistía general, de un mínimo de diez años, en que se despenalice el consumo de sustancias narcóticas ilegalizadas y se establezcan medidas de seguridad y regulaciones legales racionales, similares a las que rigen sobre los usos del alcohol, el tabaco y demás drogas legales. Durante este periodo se realizarían estudios científicos pertinentes y, finalmente, se analizarían y evaluarían los efectos económicos y psico-sociales con base en la realidad objetiva y la misión reguladora del Estado de Ley en una sociedad democrática y protegida por las garantías constitucionales.

Plan C: Amnistía General e Indulto

En caso de que el Tribunal Supremo desestime la demanda despenalizadora y sus enmiendas alternativas, resta emplazar al Gobernador a que atienda nuestros reclamos y, en el ejercicio de su autoridad,5 imponga el periodo de amnistía propuesto y ejerza su poder de indulto o “clemencia ejecutiva” a la población sentenciada, encarcelada y/o sometida involuntariamente a programas de “rehabilitación” moral, de base psiquiátrica o religiosa. Asimismo, el Gobernador asumiría la responsabilidad política y legal de salvaguardar los preceptos fundamentales de la Constitución, por encima de las negligencias, yerros y desidias de la Asamblea Legislativa y del Tribunal Supremo de Puerto Rico.

Plan D: Despenalización regulada de la marihuana

Si bien el proyecto de ley 517 es, en principio, un paso de avanzada en este contexto, su valor histórico para la sociedad puertorriqueña no reside en sus medidas inmediatas y concretas, relativas a la despenalización regulada de la marihuana. Más allá de sus delimitaciones formales, se han abierto a la discusión pública las incoherencias y graves implicaciones de la política prohibicionista en conjunto. El saldo general de las vistas públicas ha sido favorable en este sentido, pero las presiones políticas de poderosos sectores influyentes le han dado un giro impregnado de contradicciones incompatibles con su intención original, y han distorsionado los imperativos pragmáticos del referido proyecto para amoldarlo a los prejuicios e intereses de los beneficiarios de la prohibición, dentro y fuera de la Ley.
Desvirtuado el proyecto 517 al retener las mismas ficciones criminalizadoras que pretendía contrarrestar y enmendar, queda refrendada la ideología prohibicionista. Las disposiciones penales, aunque moduladas, siguen materializándose en la violación de la dignidad humana y derechos constitucionales de la persona, perseguida y acosada, juzgada y condenada al pago de multas injustificadas y bajo constante amenaza de ser sometida a tratamientos “rehabilitadores” (in)voluntarios, por una condición de peligrosidad criminal imaginaria o un problema de salud mental o enfermedad inexistente.

1. Reconociendo la fragilidad generalizada en la voluntad política de operar cambios sustanciales en las leyes sobre narcóticos ilegalizados en la Isla, así como advirtiendo la poderosa influencia de los sectores beneficiarios de la política prohibicionista, es pertinente radicar una demanda paralela ante el Tribunal Supremo de Puerto Rico y emplazar al Gobernador a que interceda contra la inconstitucionalidad de las leyes penales regentes sobre usuarios y usos alternos de la marihuana en la Isla.
La racionalidad de esta demanda sería idéntica a la radicada contra la política prohibicionista en general, pero ajustada pragmáticamente al objetivo inmediato de suprimir el delito relativo a la tenencia y consumo de marihuana. Las premisas jurídicas, éticas y políticas, serían también las mismas, a saber:6
  • que no existe concordancia entre la legislación existente y la realidad cultural puertorriqueña, así como en relación con las aspiraciones sociales de seguridad, bienestar y goce de los derechos humanos;
  • que la prohibición de la marihuana y consecuente criminalización de usuarios se materializa en prácticas penales estigmatizadoras, crueles, injustas e injustificables, violatorias de la dignidad humana;
  • que se ha probado inútil para combatir el crimen y más inútil aún para contener las condiciones pisco-sociales de las violencias criminales en general; y que en todo caso las preserva, reproduce y agrava;
  • que los ciudadanos usuarios no constituyen peligro alguno para sí ni para la sociedad, y las penas que sufren carecen de fundamentos científicos; y están arraigadas en la ignorancia, prejuicios culturales y religiosos, e intereses económicos de los beneficiarios de la prohibición -dentro y fuera de la Ley-
  • que la marihuana no es una sustancia adictiva y, salvo algunos casos excepcionales y condiciones particulares, los usuarios de marihuana no son “adictos”, por lo que no pueden juzgarse como tales según define la ley regente desde 1971;7
  • que la legislación existente y el orden de sus penas no protegen a la sociedad, principalmente porque se trata de un mal imaginario, de un “delito sin víctima” y sin relación de causalidad con la incidencia criminal en la Isla. Por el contrario, propicia la delincuencia y la violencia, la corrupción y el fraude en múltiples dimensiones sociales e institucionales, públicas y privadas;
  • que, a sabiendas de que las propiedades narcóticas de la marihuana no inducen trastornos psicológicos generalizables ni conductas criminales o peligro alguno al sujeto usuario y la sociedad, la pena de “rehabilitación” constituye un eufemismo de una práctica despótica de manipulación y subyugación psicológica, antagónica a los principios éticos y derechos civiles en las sociedades democráticas;
  • que la ley atenta contra la singularidad existencial del ciudadano y restringe de manera abusiva e ilegítima la libertad y el derecho de la persona a disponer de su propio cuerpo, salud y bienestar físico y mental…
En este contexto, la criminalización de la ciudadanía consumidora de marihuana, estimada en 535,000 personas (según informe de ASSMCA), constituye una práctica de menosprecio a la vida, al bienestar y la seguridad de estos seres humanos.

2. Paralelo a las gestiones propuestas con relación al carácter inconstitucional de la política prohibicionista, solicítese a la Secretaria de Salud que, en el ejercicio de su autoridad legal, elimine la marihuana de entre las clasificaciones de la ley de sustancias controladas porque no reúne los requisitos para retener su inclusión -según dispuestos en la misma.8 

3. Cónsono con las tendencias despenalizadoras internacionales, y en armonía con los principios constitucionales y conocimientos científicos actuales, el Estado de Ley puertorriqueño debe reconocer el poder discrecional a la autoridad médica para prescribir marihuana con fines clínicos, y que su potestad al respecto quede sujeta dentro del marco de regulaciones aplicables a cualquier otra droga o tratamiento de enfermedades o condiciones de salud. En tal caso, el Secretario de Salud insular cuenta con el hecho de que su uso medicinal es aceptado y legal en un creciente número de jurisdicciones estatales en los Estados Unidos.

Conclusión

Es preciso repensar críticamente nuestro ordenamiento jurídico penal en conjunto, revisar las legislaciones que antagonizan con los preceptos constitucionales relativos a los derechos humanos, en consonancia y en función de sus objetivos centrales (la seguridad, el bienestar y el goce de los derechos humanos y libertades civiles). La autorización del Gobierno federal a tratar el asunto de la despenalización regulada de la marihuana de manera autónoma no se limita a la instancia de la Asamblea Legislativa. La potestad jurídica para enmendar nuestras leyes y ajustarlas a nuestra realidad cultural, económica y social, también recae en el Tribunal Supremo, que tiene el poder y la autoridad legal para garantizar su concordancia con las garantías constitucionales, enmendar sus contradicciones y suprimir delitos incongruentes con los derechos civiles y humanos. También el Gobernador de Puerto Rico tiene la responsabilidad y el poder legal de hacerlo, en caso de que el cuerpo legislativo y la alta rama judicial se desentiendan de sus obligaciones constitucionales.

La criminalización de los usuarios de marihuana, trátese de consumidores, productores o comerciantes, es uno de esos errores y excesos legislativos que debemos enmendar radicalmente. La despenalización regulada es el primer paso para enmendar los yerros legislativos que amenazan con agravarse en el porvenir. La despenalización, en este sentido, no solo representa los valores constitucionales  sino que, visto desde una perspectiva criminológica, contribuyen a paliar las violencias callejeras provocadas por la prohibición, así como las corrupciones y fraudes que gravitan en su entorno.

Pero más allá de la marihuana, comprendamos que la “guerra contra las drogas” ilegalizadas hace más daño a la sociedad que su comercio y consumo.  La evidencia histórica nos ha dado la razón y contamos con argumentos jurídicos, éticos y políticos sólidos para ponerle fin en definitiva. La novena enmienda de la constitución estadounidense, ratificada en 1791, y su versión puertorriqueña (Art. II, Secc.19), de 1952, no son enigmáticas ni carentes de sentido y pertinencia actual. Por el contrario, son pilares éticos y políticos fundamentales para fortalecer y amplificar el horizonte de los derechos humanos y principios democráticos en nuestra sociedad. De nuestra parte queda hacerlos valer…

  1. “Ley Federal de Sustancias Controladas”: Título II del “Comprehensive Drug Abuse Prevention and Control Act of 1970 ”, Pub. Law 91-513, aprobada el 27 de octubre de 1970. []
  2. Ley de Sustancias Controladas de Puerto Rico (Ley Núm. 4 del 23 de junio de 1971). []
  3. Sued, Gazir; Del Derecho Penal y la (sin)razón carcelaria80grados, 15 de noviembre de 2013. []
  4. Sued, Gazir; El espectro criminal: reflexiones teóricas, éticas y políticas sobre la imaginería prohibicionista, las alternativas despenalizadoras y el Derecho en el Estado de Ley; Editorial La Grieta, San Juan, 2004. []
  5. La Constitución atribuye al Gobernador el poder de: “Suspender la ejecución de sentencias en casos criminales, conceder indultos, conmutar penas y condonar total o parcialmente multas y confiscaciones por delitos cometidos en violación de las leyes de Puerto Rico.” (Art. IV; Secc. 4). []
  6. Gazir Sued, El imaginario prohibicionista y la despenalización de la Marihuana, ponencia presentada ante la Comisión de lo Jurídico, Seguridad y Veteranos del Senado de Puerto Rico, en las vistas públicas sobre el P. del S. 517; 20 de septiembre de 2013. Publicada en 80grados el 10 de octubre de 2013;  y Marihuana: un mal imaginario80grados, 28 de junio de 2013. []
  7. “Adicto” significa todo individuo que habitualmente use cualquier droga narcótica de forma tal que ponga en peligro la moral, salud, seguridad o bienestar público o que está tan habituado al uso de las drogas narcóticas, que ha perdido el autocontrol con relación a su adicción. (Art. 102, Ley de Sustancias Controladas). []
  8. La ley de sustancias controladas sitúa la marihuana bajo Clasificación I.: (A) La droga u otra sustancia tiene un alto potencial de abuso. (B) La droga u otra sustancia no tiene uso medicinal aceptado en los Estados Unidos. (C) Ausencia de condiciones aceptadas de seguridad para su uso bajo supervisión médica. El Secretario de Salud debe ceñir la exclusión de la marihuana del registro de sustancias prohibidas porque: 1. no representa potencial de abuso real que pueda generalizarse indiscriminadamente a todos sus usuarios; 2. y el conocimiento científico actual sobre sus efectos narcóticos  evidencia que no existe riesgo para la salud pública, ni riesgo de crear dependencia psíquica o fisiológica que, salvo excepciones singulares, dañen la salud de la persona usuaria. []
*Gazir Sued: Profesor e investigador, conferenciante y escritor. Obtuvo su doctorado en Filosofía en la Universidad Cumplutense de Madrid. Actualmente es profesor de Sociología en el Departamento de Sociología y Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico.

19 dic. 2013

Presencia de Mandela: Carta de Oscar López Rivera a su nieta

Querida Karina: Hay sucesos que, en cuanto ocurren, se graban en la mente con los detalles más insignificantes, con las circunstancias que nos rodean, y componen una imagen de soledad y dolor que no se borra nunca.

Ahora sé que en mi mente jamás se borrará ese instante en que me dijeron que Nelson Mandela había muerto. Me encontraba retocando un retrato que le estoy haciendo al cineasta Jacobo Morales y el pincel se quedó detenido en el aire.  Aun así, no me tomó por sorpresa. Era obvio que, por su edad y sus achaques, el final se acercaba. Ese día, en la celda, estuve oyendo las noticias. Escuché a varios hipócritas lamentarse de que hubiera partido un hombre tan valioso. Algunos de los que se lamentan hoy fueron los mismos que no levantaron un solo dedo en defensa del Congreso Nacional Africano, que era el partido que proponía el fin del apartheid. Por el contrario, solían referirse a Mandela como un terrorista y nunca hicieron nada para sacarlo de la cárcel

Me asaltaron los recuerdos de situaciones que viví por la época en que me hice consciente de la lucha que sostenía Mandela.

En 1970, un joven seminarista que estaba a punto de convertirse en sacerdote entró a trabajar en el mismo lugar en que yo trabajaba. Días más tarde, entablamos un diálogo sobre la represión y la violencia en Sudáfrica. Me preguntó si estaba enterado de lo que pasaba y le confesé que en realidad no sabía mucho. Siempre he desconfiado un poco de esa gente que habla sin cesar de los problemas que se sufren en lugares lejanos, pero son incapaces de mirar las injusticias que ocurren en su propio país.

Mi principal preocupación era el viacrucis que vivía entonces la diáspora puertorriqueña y también el estatus colonial de Puerto Rico. 

Aunque lo escuché con atención, le expliqué al seminarista que no podía volcarme de lleno en la lucha contra el apartheid, desde Estados Unidos, porque tenía las manos llenas con las vicisitudes de mis compatriotas. Sin embargo poco a poco me fui empapando de los acontecimientos en Sudáfrica.

Durante esos años, el activista, educador y poeta sudafricano Dennis Brutus enseñaba en la Universidad Northwestern y en una ocasión acudí a oírlo. Dio un discurso memorable sobre el apartheid y, de ahí en adelante, cada vez que tenía algún tiempo libre asistía a las actividades que se organizaban para apoyar el Congreso Nacional Africano y a su figura principal, que era Mandela. 

Hacia fines de los años 80, la tensión en Sudáfrica llegó a su punto más candente. Para entonces yo estaba en prisión y leía todo lo que me caía en las manos sobre el juicio que le habían hecho a Mandela. Como él había sido acusado y convicto por los mismos delitos que me atribuían a mí, intenté averiguar cómo sus abogados habían llevado el caso y cómo Mandela había enfrentado la prisión. Estaba profundamente conmovido por la palabras que él había pronunciado en la corte y su postura ante los que intentaban aplastarlo. 

A partir de aquellos años, he sacado fuerzas y esperanza de las palabras de Mandela; de sus escritos y de su posición insobornable en favor de los oprimidos. He leído mucho sobre su vida y sobre la de Winnie, Steven Biko y tantos otros que se levantaron contra aquel gobierno de segregación racial.

Cada revolucionario es diferente. La manera en que creció Mandela, su formación política y hasta su lucha es diferente a la mía y de la de cualquier otro individuo en el mundo. Lo que a todos nos hace semejantes es nuestro amor por la libertad y la justicia. Es en definitiva ese amor lo que nos permite avanzar, y lo que impide que nuestros corazones y nuestras mentes se envenenen de odio, o se rompan por el miedo.

Tú, Karina, también recordarás por siempre el momento en que Mandela dijo adiós; lo que hacías y lo que pensabas en el instante en que te dieron la noticia. Dentro de muchos años podrás contárselo a tus hijos y a tus propios nietos. Espero que lo hagas con orgullo.

En resistencia y lucha, tu abuelo,

Oscar López Rivera 

Otras cartas de Oscar

(Fuente: El Nuevo Día)

Mensaje de la Dra, Raquel Seda a la Asamblea del CPTSPR


Mensaje presentado por la compañera Dra. Raquel Seda Rodríguez ante la Asamblea del Colegio de Trabajo Social de Puerto Rico. La misma fue celebrada los días 8 y nueve de noviembre en Ponce, Puerto Rico. Se instituyó el premio, Dra. Raquel Seda Rodríguez, a otorgarse a la educadora o educador más destacada/o en la academia.


Gracias, muchas gracias a la Junta Directiva del Colegio de Profesionales del Trabajo Social de Puerto Rico, por haberme honrado al dar mi nombre al premio, que se otorga por vez primera, al profesional más destacado en la Academia.

Quiero reconocer la objetividad, honestidad, integridad profesional y la valentía de mis colegas al hacerle esta distinción a quien os habla y quien por más de cuatro décadas ha sido una de las voces más críticas de este Colegio, así como de la educación tradicional del trabajo social, que aún predomina en nuestro País. Como resultado de un proceso reflexivo intenso y responsable, un grupo de colegas, decidimos, a finales de la década de los 60, desafiliarnos del Colegio, por entender que éste no estaba asumiendo un  rol vanguardista en la defensa  de los derechos humanos,  fundamentados en la ética profesional, orientada ésta por los valores más apreciados por la humanidad: la equidad, la libertad, la igualdad, la solidaridad, la justicia y la paz. Dándole continuidad histórica al trabajo social emancipador que aprendimos de colegas, profundamente comprometidos con los valores mencionados, organizamos en el año de 1972, la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales de Puerto Rico. Este no es el momento para hacer un análisis crítico del impacto de esta nueva organización en la profesión.

La historia de la ANTS está por escribirse, pues creo firmemente que las nuevas generaciones de nuestra profesión deben conocer, con rigurosidad intelectual, el desarrollo de las organizaciones profesionales del trabajo social, máxime la ANTS, que develó la naturaleza ideológica-política del trabajo social en una colonia, como es el caso de Puerto Rico. Expusimos claramente y hoy aún sostenemos que nuestra profesión es una criatura del estado-capitalista para evitar la turbulencia social mediante políticas sociales para controlar los reclamos por los derechos humanos de parte de la clase trabajadora así como de los desposeídos, oprimidos y excluidos de la sociedad.

El discurso de nuestra profesión está orientado al desarrollo óptimo del potencial humano, sea en su carácter individual, familiar, grupal, organizacional, comunitario, así como la sociedad mayor. Ese discurso requiere una práctica que sea cónsona con esa meta de desarrollo óptimo. Una práctica transformadora, no asistencialista, que es la que ha contribuido a la dependencia, no a la liberación. Es necesario aclarar que algunas personas y colectivos utilizan el concepto de transformación como sinónimo de reforma, lo que no es correcto. Hablamos de transformaciones estructurales del orden social, que en nuestro caso colonial, son necesarias con carácter urgente. Las reformas, que se incluyen en las funciones del trabajo social que estudiamos y practicamos, dejan el sistema social intacto, con algunos cambios insustanciales a un proceso de liberación humana. En Puerto Rico necesitamos desarrollar un trabajo social crítico, liberador y transformador.

Para trabajar con dicho desarrollo, necesitamos académicos/as que no se consideren poseedores absolutos del saber y que tengan la capacidad para relacionarse con los/as estudiantes a un  mismo nivel humano, compartiendo saberes que han de nutrir el proceso enseñanza-aprendizaje, para así adelantar el desarrollo profesional. Igualmente, el desarrollo pleno
de nuestro País.

Necesitamos  académicos/as  que sean capaces de enraizar la materia curricular (contenido de los cursos) enseñada a la realidad colonial de nuestro País, desde una perspectiva crítica. Es fundamental tener la seguridad y la valentía para poder romper la falta de correspondencia entre el discurso de transformación de la profesión y su práctica asistencialista, que perpetúa la dependencia.

Y muy importante y urgente es ser capaces de aportar al desarrollo del conocimiento en las ciencias del comportamiento humano, utilizando la investigación-acción-participativa, para la creación de modelos conceptuales que orienten una práctica social liberadora y transformadora. Hemos sido adoctrinados para ser consumidores del conocimiento, generados, mayormente, en contextos socio-culturales diferentes al nuestro. En un país colonizado, este hecho se acentúa más. Tenemos el potencial y la capacidad para ser productores de conocimiento, no aislados en un “laboratorio” y sí en interacción directa y participativa con nuestra gente. Se le ha llamado diálogo de saberes, que significa la integración del saber del pueblo con el saber profesional, sobre una base de respeto mutuo, solidaridad y confianza.

Aquí estoy ante ustedes, mis colegas profesionales, con 83 años de vida. Más de la mitad de ellos, los he trabajado con pasión y con la esperanza de continuar aportando al desarrollo de un trabajo social crítico, liberador, transformador. A los/as de ustedes, que compartieron conmigo mi trabajo académico, gracias por ser mis maestras y maestros. Siempre he dicho y lo repito hoy, que fueron y siguen siendo, ustedes, actores principales en el proceso de mi transformación ideológica y compromiso con un trabajo social para la liberación, no para la dominación.

Raquel M. Seda Rodríguez
Catedrática Jubilada
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
8 de noviembre de 2013

15 dic. 2013

Fotos de la fiesta de Navidad del MINH y la Juventud Hostosiana



Imágenes de la fiesta de Navidad del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano y de la Juventud Hostosiana. La alegre y concurrida actividad se celebró el 14 de diciembre de 2013. Fotos: Eduardo Rivera Pagán/MINH Comunicación

12 dic. 2013

El sueño inconcluso de la libertad

Por Carlos Rivera Lugo
Claridad

El 24 de junio de 1975 aterricé en Lorenço Marques, capital de Mozambique, entonces provincia portuguesa de ultramar. Así constaba en el sello con el que el oficial portugués de inmigración registraba mi entrada al país. Estaba lleno de emoción para presenciar un acontecimiento histórico: a las doce de la medianoche se declararía formalmente la independencia de Mozambique. Iba en representación del Secretariado de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), mejor conocida como la Tricontinental.

Poco antes de las doce fui llevado a un estadio donde se produjo finalmente el traspaso del poder a manos del nuevo gobierno del Mozambique libre cuyo compromiso era impulsar el socialismo para potenciar un desarrollo que beneficiase a todo el pueblo, particularmente la mayoría negra.

En ese preciso instante en que el reloj marcaba el segundo exacto en que el 25 de junio de 1975 la libertad de un pueblo entero se echaba a andar, tras años de una cruenta guerra de liberación nacional, miles y miles de voces gritaban eufóricamente como testigos de la buena nueva. Los combatientes presentes llenaron el cielo de una lluvia de disparos como si buscasen ahora tomar el cielo por asalto. Al día siguiente, cuando pasé nuevamente en el aeropuerto por un oficial de inmigración, esta vez era mozambiqueño y el sello estampado en mi pasaporte decía “Maputo, República Popular de Mozambique”.

Ahora bien, no todos aceptaron la independencia mozambiqueña de buena gana, en particular los colonos lusos. Animados por una especie de sed de venganza por haber sido desplazados en sus posiciones de poder y de privilegio económico-social, buscaron arrasar con todo lo que pudiesen antes de irse. Antes del éxodo de la mayoría de los 200,000 portugueses que residían en Mozambique, ésta se encargó de tapar con cemento los huecos de los ascensores; arrancó los inodoros, lavamanos y fregaderos de las casas que abandonaron, así como las tuberías de agua y las instalaciones de electricidad; destrozaron los tractores y demás equipos agrícolas. El propósito era destruir toda la infraestructura que pudiesen, dejando a la economía en ruinas.

Algo similar me relató un año después el presidente fundador de Guinea-Connakry, Ahmed Sekou Touré, almorzando en su casa con su familia, durante una visita posterior realizada por África. Cuando el pueblo guineano optó en un referendo, celebrado en 1958, por la independencia completa frente a Francia, el enfado de los franceses fue tal que ni siquiera esperaron a que hubiera una transición ordenada de poder y abandonaron abruptamente el país africano rompiendo todo vínculo económico. Claro está, no sin antes producir graves destrozos a la infraestructura del país y a las dependencias gubernamentales, entre otras cosas.

Liberar las fuerzas productivas nacionales

Sekou Touré era miembro destacado de esa nueva cosecha de líderes que encabezaban un oleaje descolonizador que iba arropando al continente africano. Estableció una alianza con Kwame Nkrumah, quien había llevado a Ghana a su independencia en 1956. Estudiosos del marxismo, ambos estaban impresionados con la experiencia económica soviética por su rápido desarrollo industrial, algo que entendían imprescindible si las nuevas naciones africanas iban a descolonizarse verdaderamente. Para ello hacía falta el desarrollo de economías independientes de las economías capitalistas de las antiguas metrópolis.

Nkrumah había publicado una importante e influyente obra titulada Neocolonialismo, la etapa última del imperialismo, en el que advertía contra la nueva cara de la dominación imperial. Según él, el neocolonialismo es aquella condición en que un Estado formalmente soberano, en la medida en que sigue dependiendo económica y políticamente de su antigua metrópoli, seguirá siendo mandada en última instancia por ésta. El neocolonialismo se traduce en el ejercicio del control imperial por medios económicos, comerciales y monetarios.

En su mensaje a la reunión constituyente de la Tricontinental en febrero de 1966, el Che Guevara afirma: “El África ofrece las características de ser un campo casi virgen para la invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carácter absoluto. Pero cuando los procesos se llevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a la dominación económica se refiere”.

En esa misma reunión, otro joven pensador marxista y líder africano, Amílcar Cabral, secretario general del Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC) puntualiza: “La liberación nacional del pueblo es la reconquista de la personalidad histórica de ese pueblo, es su regreso a la historia como un medio de destruir la dominación imperialista a la cual ha sido sometido… Sólo la libertad, y nada más que ella, puede garantizar la normalización del proceso histórico del pueblo. En consecuencia, podemos concluir que hay liberación nacional cuando y sólo cuando las fuerzas productivas nacionales están completamente libres de dominación extranjera. El fenómeno de la liberación nacional corresponde, esencialmente, a una revolución”.

El cerco a Sudáfrica

Sin embargo, el régimen de Sudáfrica andaba al acecho, sintiéndose cada vez más cercado por los sucesivos triunfos de los movimientos de liberación nacional representativos de las grandes mayorías negras y su ascenso al gobierno a través de todo el continente.

A poco de haber el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) proclamado unilateralmente la independencia de Angola en noviembre de 1975, habiendo el también pensador y luchador marxista Agostinho Neto asumido como el primer presidente y produciéndose el éxodo inmediato de los colonos portugueses, el régimen racista de Sudáfrica se plantea avanzar militarmente hasta Luanda, la capital del país recién independizado. Su superioridad militar le permitió avanzar en poco tiempo hasta llegar a poca distancia de la capital, donde fue detenido heroicamente por una fuerza combinada de soldados del MPLA y soldados de un aliado estratégico de su causa: Cuba.

Fue la primera derrota sufrida por las temibles fuerzas militares de África del Sur. De paso, Angola se convirtió en un centro importante de operaciones para la SWAPO, las siglas en inglés de la Organización Popular de África del Sudoeste, el principal movimiento de liberación nacional de Namibia, al sur de Angola, territorio colonial bajo el control del régimen sudafricano y donde éste también había implantado su política de apartheid contra la mayoría negra.

El régimen racista y capitalista sudafricano temía que pudiera eventualmente ser arrasado por esta marejada revolucionaria, claramente identificada con el marxismo, que se extendía por toda la parte sur del continente, desde Mozambique hasta Angola, e incluso la antigua Rodesia, que en 1980 consigue su independencia como Zimbabwe y pasa a ser gobernada por la Unión Nacional Africana de Zimbabwe, presidida por otro líder marxista, Robert Mugabe.

Sudáfrica finalmente no puede evitar la independencia de Namibia, cuyo primer gobierno es encabezado por la SWAPO.

Era una coyuntura histórica calificada a escala mundial como revolucionaria en su potencialidad. El llamado “Tercer Mundo”, apoyado por el llamado “Segundo Mundo” integrado por la URSS, los demás países socialistas europeos, así como los países socialistas de Asia como China, Vietnam y Corea del Norte, se erigen en un bloque mundial de fuerzas frente al “Primer Mundo” capitalista. Incluso, se plantea la creación de un Nuevo Orden Económico Internacional, desde la Asamblea General de la ONU, donde los países integrantes del “Tercer Mundo” se constituyen en nueva mayoría. Dicho Nuevo Orden debía garantizar unas nuevas relaciones económicas y políticas internacionales basada en la igualdad soberana de los pueblos y la equidad.

La contrarrevolución neoliberal

 Las demandas anteriores constituyeron un emplazamiento antisistémico que, sin embargo, provocaron una reacción que tuvo, por un lado, un componente contrainsurgente y, por otro lado, una dimensión económica, cuyo propósito era facilitarle al capitalismo restablecer un balance de fuerzas a favor de sus intereses, globales o localizados. Para ello se acude al asesinato, la conversión ideológica o a la corrupción de dirigentes, así como al fomento de guerras civiles y la desestabilización continua de la economía del país.

En 1989, con la caída de la URSS y el resto del campo socialista europeo, el llamado “socialismo” en África pierde no sólo un estratégico aliado, sino que también un referente teórico y práctico que le animó el radicalismo de sus objetivos. La contrarrevolución neoliberal arropó al planeta, intentando convencer a unos y otros de que se había llegado al fin de la historia, habiendo pasado el socialismo a mejor vida y sólo quedando el capitalismo como realidad universal ineludible. Como consecuencia, acorralados por la inesperada vuelta de tuerca dada por la historia, los nuevos gobiernos africanos no pudieron completar el tránsito de la libertad política a la libertad económica. El radicalismo fue cediendo crecientemente ante el pragmatismo “políticamente razonable”.

En medio de dicha tragedia histórica, luego de 27 años en prisión, es finalmente excarcelado una de las figuras más ilustres de la Revolución Africana: Nelson Mandela, líder reconocido del Congreso Nacional Africano (CNA), movimiento que encabezó la lucha contra el régimen racista al interior de Sudáfrica. Al momento de ser apresado en 1962, había afirmado: “Los pueblos oprimidos y los opresores están enfrentados. El día del ajuste de cuentas entre las fuerzas de la libertad y las de la reacción no está muy lejos. No tengo la menor duda de que cuando llegue ese día la verdad y la justicia prevalecerá”?.

En 1990, poco antes de su excarcelación reiteró que entre las metas del CNA seguía estando el apoderamiento económico de la población negra en su país. Para ello es inevitable, sostenía, promover “el control estatal de ciertos sectores de la economía”, entre éstos la minería y la banca. Sólo así se estaría en condiciones de garantizar la imperativa redistribución de las riquezas del país, hasta ese momento concentradas en manos de sus opresores.

Las dos caras del apartheid

En fin, el régimen del apartheid era un mundo partido en dos. No era meramente un sistema político caracterizado por la segregación y negación más absoluta de derechos iguales, sino que sobre todo era un sistema económico, el capitalista, que en el caso de Sudáfrica esgrimía el racismo como mecanismo que validaba el hecho de que una minoría blanca tuviera el control total de las minas, las tierras, las fábricas, los comercios y los bancos, mientras que a la población negra se le reducía a la nuda vida: a ser una fuerza de trabajo condenada a no disfrutar de lo más básico para garantizar su existencia.

Sin embargo, cuando finalmente Nelson Mandela es liberado con el propósito de encabezar las negociaciones con el régimen racista de Sudáfrica para poner fin definitivamente a su política del apartheid, el cambio dramático en la coyuntura internacional prácticamente le obligó a reorientar las miras para evitar la batalla en ciernes entre negros y blancos. A su entender, una guerra civil llevaría a Sudáfrica al colapso económico, como había ocurrido, por ejemplo, en Mozambique y Angola, y al aislamiento en un mundo en que el capitalismo globalizado, claramente alineado con el neoliberalismo, se había erigido en fuerza dominante. Ya los “mercados todopoderosos” se encontraban provocando agresivamente sus turbulencias desestabilizadoras en la economía.

Ahora bien, la fuerza moral seguía estando a su favor y fue ésta en la que se apuntaló para abrir paso primero a la libertad política, en espera de que lo demás, la libertad económica, se potenciase luego producto de un cambio en el balance de fuerzas tanto nacional como internacional. Por ello, decidió finalmente lanzar su apuesta política por la reconciliación. Para muchos, su mayor logro; para otros tantos, su mayor decepción.

Señaló Mandela en su toma de posesión el 10 de mayo de 1994: “El tiempo para la curación de las heridas ha llegado. El momento de salvar los abismos que nos dividen ha llegado. El tiempo para construir está sobre nosotros. Hemos alcanzado, por fin, nuestra emancipación política. Nos comprometemos a liberar a nuestro pueblo de la servidumbre permanente de la pobreza, de la privación, del sufrimiento, de la discriminación de género y otras discriminaciones”.

Más adelante sentenció: “Somos conscientes de que todavi?a no hay camino fa?cil a la libertad. Sabemos muy bien que ninguno de nosotros puede, por si? solo, alcanzar el e?xito. Por lo tanto, debemos actuar juntos como un pueblo unido, para la reconciliacio?n nacional, para la construccio?n de la nacio?n, para el nacimiento de un nuevo mundo.”

El sueño inconcluso

Sudáfrica inició así su democratización controlada de la mano de una economía neoliberal a cargo de los blancos opresores y explotadores de antaño. Se pudo así superar la tiranía del apartheid en una sola de sus ramificaciones, la política, mientras se dejó intacta la parte determinante de ésta: el capital.

Señala Frantz Fanon en su monumental obra Los condenados de la tierra: “La independencia ha aportado ciertamente a los hombres colonizados la reparación moral y ha consagrado su dignidad. Pero todavía no han tenido tiempo de elaborar una sociedad, de construir y afirmar valores. El hogar incandescente en que el ciudadano y el hombre se desarrollan y se enriquecen en campos cada vez más amplios no existe todavía”.

Pero esa nueva sociedad no está en la neutralidad frente a la explotación y opresión del hombre por el hombre, puntualiza Fanon. Para el colonizado y el oprimido, la nueva vida no puede surgir sino sobre el cadáver del régimen colonial o neocolonial que le oprime. Sólo así entiende finalmente que dicho orden no hace más que obstruir el camino a la libertad.

He ahí el sueño aún inconcluso: el nacimiento de un nuevo mundo, la afirmación de una nueva posibilidad para la libertad y su realización concreta más allá del capital.

* El autor es catedrático de Derecho y miembro de la Junta Directiva de CLARIDAD.

11 dic. 2013

Mirando al Sur: Mandela

Julio A. Muriente Pérez / Copresidente MINH

Tuve la oportunidad de visitar Suráfrica en el año 1998. Asistí a la Conferencia Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, que se celebró en Durban. Allí tuve el privilegio de conocer a Nelson Mandela, de estrechar su mano, de comentarle sobre Puerto Rico y escuchar sus sabios consejos, de emocionarnos con su presencia.


Fue un privilegio extraordinario que deseo compartir con quienes lean estas líneas, escritas con la alegría de saberme contemporáneo, de un ser humano como Mandela.

Mandela fue un combatiente, un luchador, un revolucionario. Un subversivo. Su gran compromiso consistió en subvertir el espantoso régimen racista del Apartheid, criatura perversa con la que una minoría de colonizadores blancos impuso el más grotesco de los sistemas de gobierno contra la mayoría del pueblo surafricano.

Por eso se vinculó a temprana edad con el Congreso Nacional Africano (CNA), organización que por décadas encabezó la lucha contra los racistas blancos. Llegó a ser uno de los principales dirigentes de esa organización, al punto de que le fue confiada la organización de la rama armada del CNA. 

Cuando Nelson Mandela fue arrestado no estaba desojando margaritas. Estaba dirigiendo la organización del brazo armado del CNA. Estaba coordinando la compra de armas, el entrenamiento de combatientes y las acciones que se realizarían para golpear duramente a los enemigos del pueblo surafricano.

Tras su arresto,  la prisión. En esos 27 años en que Mandela estuvo preso, su pueblo no dejó de luchar un solo instante. Los racistas y sus aliados se vieron forzados a liberarlo, a desmantelar el Apartheid y convocar a elecciones generales, en las que participaría—por primera vez—la mayoría negra.

Fue así como Nelson Mandela se convirtió, con la fuerza de su pueblo, en el primer presidente negro de Suráfrica.

En su vida y su obra, en sus convicciones y aspiraciones, en su valentía y transparencia se sintetizan las aspiraciones y sueños de millones de hombres y mujeres. Porque, en nuestros adentros, en nuestros sueños, todos somos Mandela.

*Puerto Rico mirando al Sur, columna semanal del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano de Puerto Rico en el periódico del gobierno bolivariano de Venezuela, Correo del Orinoco.

Duelo boricua por Mandela

Cándida Cotto / Claridad

El fallecimiento del expresidente y padre de la nación Surafricana, Nelson Mandela, fue lamentado por los diversos sectores políticos y cívicos en Puerto Rico. En reconocimiento a la persona de Mandela, el gobierno de Puerto Rico declaró cuatro días de duelo ante su deceso por lo que se ordenó a que las banderas ondearán a media asta en todas las dependencias públicas de la isla.

“Ha muerto uno de los referentes morales que tenía el mundo”, indicó el gobernador Alejandro García Padilla, en declaraciones escritas a la Prensa.

“Para aquilatar su grandeza, debemos recordar a lo que se enfrentó. Al apartheid, que no sólo pretendió darle legitimidad, sino que profundizó un sistema que permitía que una décima parte de los sudafricanos controlara y explotara las vidas de las nueve décimas partes restantes, sobre todo al 80% descendiente de quienes habían vivido en esas tierras durante milenios”, recordó García Padilla.

El gobernador destacó que “Mandela es un faro que no solamente ilumina a Sudáfrica, sino al mundo. Porque cuando el peso de las circunstancias del momento parezca abrumador, mirar a lo que Nelson Mandela se enfrentó y los frutos que cosechó bajo cielos siempre tormentosos, sirve para recobrar valor y decir: 'Es posible'”, remachó.

Héroe de la humanidad

Como un “héroe de la humanidad”, proclamó el arzobispo de San Juan, Roberto González Nieves, al fenecido expresidente sudafricano.

“Nelson Mandela debe ser considerado como un héroe de la humanidad. Muy pocos humanos en toda la multimilenaria historia humana han demostrado tan noble promoción de la dignidad del ser humano y sus derechos inalienables a la igualdad y libertad”, expresó el prelado católico.

González Nieves manifestó que “en un mundo de tanta violencia, Mandela nos deja un legado de paz. Tras estar 27 años en prisión injustamente, a su salida, no buscó la violencia. Todo lo contrario, fue un portador de la paz y de las luchas pacíficas y no violentas. Fue el Gandhi de nuestros tiempos”.

El Arzobispo de San Juan resaltó que luego de cinco años en el poder, como presidente de su país, Mandela renunció “dando un mensaje de que el poder no es para perpetuarse, sino para servir, reflejando así su gran espíritu de desprendimiento”.

Vaticinó que “Mandela quedará inmortalizado en la historia por su espíritu inquebrantable de solidaridad con los desposeídos de la tierra y por su grandeza humana la cual utilizó a favor del bien común”.

Estirpe de inmortales

"Nelson Mandela pertenece ya a la estirpe de los inmortales, de los que viven para siempre. Tuve el privilegio de conocerle, a través de mi hermano José Francisco Peña Gómez, y de sentir personalmente la majestad de su carácter y la magia de su personalidad. Su espíritu, despojado de odios y resentimientos centenarios, se transfiguró en la lucha por la libertad de su Patria y por la igualdad de todos los seres humanos. Es y será ejemplo y paradigma para todas las futuras generaciones”, expresó el presidente del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), licenciado Rubén Berríos Martínez.

El también presidente honorario de la Internacional Socialista comparó que Mandela tuvo la dicha de vivir 95 años, lo que “no tuvieron los dioses pre cristianos, cuya pena, como nos recordó Rubén Darío, fue no poder alcanzar la muerte. Su paso por este mundo da testimonio de que el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de un espíritu superior".

Mandela y Oscar López Rivera

Al unirse al duelo por el por el fallecimiento del expresidente sudafricano y líder del Congreso Nacional Africano, el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH), por voz de su copresidente doctor Héctor Pesquera Sevillano, le reclamó al presidente de Estados Unidos Barack Obama, ''que en nombre de lo que significa Mandela para todos los pueblos, de su lucha y entrega constante por los valores de libertad y solidaridad; en nombre de esos 27 años que vivió encarcelado, libere a nuestro héroe nacional Oscar López Rivera, preso hace 32 años en Estados Unidos acusado injustamente al igual que Mandela, de sedición''.

El profesor Julio Muriente Pérez, también copresidente del MINH, quien tuvo el privilegio de conocer al líder sudafricano en 1998 durante la Conferencia Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, señaló que ''Nelson Mandela fue, por sobre todas las cosas, un combatiente, un luchador, un revolucionario. Su gran compromiso de vida ha consistido en subvertir el espantoso régimen racista del apartheid, criatura perversa con la que una minoría de colonizadores blancos --con la recurrente complicidad de las grandes potencias capitalistas-- impuso el más grotesco de los sistemas de gobierno contra la mayoría del pueblo no blanco de Sudáfrica''.

En carta de condolencias enviada por el MINH al actual presidente sudafricano Jacob Gedleyihlekisa Zuma, la licenciada Wilma E. Reverón Collazo, copresidenta hostosiana, indicó que ''Por muchos años mientras Sudáfrica aún estaba sufriendo bajo el yugo del apartheid, el Congreso Nacional Africano siempre tendió una mano amiga en solidaridad con la lucha por la independencia del pueblo de Puerto Rico. Bajo el liderazgo de Mandela su pueblo prevaleció contra el oprobioso sistema de apartheid. Mandela, símbolo viviente de la lucha de su pueblo, demostró al mundo que con determinación y compromiso el paso hacia la libertad no podrá ser detenido''.

''En este día solemne en el cual Presidente Nelson Mandela ha transitado al Reino de los inmortales, el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico, se une el pueblo sudafricano en la celebración de su vida y de su legado'', concluyó la abogada y dirigente hostosiana.

Llamado a seguir su camino

El alcalde de Caguas, William Miranda Torres, hizo un llamado al país a seguir el camino trazado por el fenecido ex presidente de Sudáfrica y Premio Nóbel de la Paz.

Miranda Torres recordó que hace unas semanas, durante la celebración del décimo aniversario de la Iniciativa Tecnológica Centro-Oriental (Inteco), de la cual es presidente, tuvieron como orador principal al doctor Ivor Jenkins, un ex ministro bautista que se volvió activista social para luchar contra el apartheid en que una minoría blanca y rica tenía el poder en Sudáfrica que usaba contra la enorme población negra sumida en la pobreza.

Aunque sufrió persecución y hasta un atentado a su vida, Jenkins formó parte de los históricos esfuerzos de diálogo por una nueva constitución que llevaron a excarcelar a Nelson Mandela y convertirlo eventualmente en Presidente. Recordó que procesos como éstos son largos, toman muchos años, pero son necesarios para lograr una sociedad más justa, en la que haya equidad social y contribuya a una mejor calidad de vida y prosperidad en el país.

 “Al partir de este plano terrenal, Nelson Mandela le dejó a la Humanidad un camino iluminado y recto hacia la conciliación, la libertad, la igualdad, la dignidad y la justicia. Perpetuemos su legado, guiémonos por su luz y roguemos por el eterno descanso de su alma”, expresó Miranda Torres.

Políticos y artistas lamentan deceso

"Celebro al inspirador de la humanidad. Honramos su lucha sin descanso contra la injusticia, su valentía ante el poder abusador, su generosidad ante el adversario y, sobre todo, su sabiduría al gobernar en beneficio de su pueblo. Mandela es más que un ejemplo para los que tenemos la responsabilidad de trabajar por nuestros países", fueron las declaraciones del presidente del Senado de Puerto Rico, Eduardo Bhatia Gautier.

Mientras, el presidente de la Cámara, Jaime Perelló, destacó que “la humanidad acaba de perder uno de sus grandes defensores, un hombre que por siempre será mundialmente reconocido. Sus luchas, pero sobre todo su desprendimiento humanitario, han entregado todo su conocimiento y experiencias en búsqueda de la igualdad. Nelson Mandela no sólo fue un ser digno de admirar, sino que fue y es un ejemplo digno de emular”, sostuvo en una declaración escrita.

En tanto, el secretario de Estado, David Bernier, instó a los puertorriqueños a recordar las ejecutorias y ejemplos marcados en la historia por el expresidente de Sudáfrica.

“Nelson Mandela debe ser para todos nosotros fuente de inspiración y referente obligado especialmente en la posibilidad de alcanzar entendidos como país”, recalcó el funcionario.

Por su parte, la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, en su cuenta Twitter expresó sobre Mandela: “El mundo pierde una voz fuerte de inclusión, solidaridad y paz! Honremos el legado de Mandela! @SJUCiudadPatria”.

El cantautor René, del Grupo Calle 13, reaccionó a la pérdida de Mandela. “Nelson Mandela ahora se convierte en el abono que nutre todas las semillas de Mvezo y el mundo”, expresó el rapero.

Asimismo, el astro boricua, Ricky Martin, expresó en las redes sociales “There is a party in heaven. Angels are celebrating. The one and only #NelsonMandela has arrived. RIP”.

Activistas por los derechos humanos

 “Mandela representó el sacrificio por unos ideales de la justicia y la igualdad. Al salir de la cárcel, supo cómo construir puentes y canales para levantar una nación. Es una figura que nos debe servir de ejemplo para todos estos momentos de crisis en este País”, expresó la ex presidenta de la Comisión de Derechos Civiles (CDC) de Puerto Rico, Palmira Ríos.

La profesora de la Escuela Graduada de Administración Pública de la Universidad de Puerto Rico (UPR) apuntó que “Él es una de las figuras cumbres en la lucha de los derechos humanos. Su muerte duele, pero es un ejemplo, es un reto como personas que creemos en la igualdad”, manifestó la activista.

El coordinador de la Mesa de Diálogo Martin Luther King, Lester Caleb, se manifestó en sentido similar y destacó la aportación de Mandela en la lucha por la igualdad de derechos. “Nos unimos a la comunidad internacional que llora la pérdida del paladín de los derechos humanos, Nelson Mandela. Vivimos eternamente agradecidos por la entrega de Mandela a la causa de la igualdad de las personas en Sudáfrica y nos deja un hermoso legado para que las próximas generaciones puedan guiarse por los pasos de la igualdad y justicia”.

Asimismo, el activista por los derechos de la comunidad LGBTT, Pedro Julio Serrano, reaccionó sobre el fenecido líder. "No tuvo sed de venganza, ni demonizó a quienes lo demonizaron. No pagó con la misma moneda, ni mucho menos se convirtió en opresor. Resaltó que el opresor es tan víctima como el oprimido. Y sólo al reconocer la humanidad de aquell@s que nos oprimen, podemos reafirmar nuestra propia humanidad". 

8 dic. 2013

Mandela reconoció a los nacionalistas puertorriqueños

 Por José A. Delgado / jdelgado@elnuevodia.com

WASHINGTON - En el verano de 1990, cuatro meses después de Nelson Mandela ser liberado, los exprisioneros nacionalistas puertorriqueños Lolita Lebrón, Oscar Collazo, Irvin Flores y Rafael Cancel Miranda estuvieron entre los invitados de honor que le dieron la bienvenida a Nueva York.

La intención de los organizadores de aquel recibimiento, entre ellos el líder sindical puertorriqueño Dennis Rivera, fue acentuar los paralelismos entre la lucha de Mandela por la libertad de los negros en Sudáfrica con los reclamos a favor del derecho de Puerto Rico a su libre determinación e independencia.

Desde la tarima, según un vídeo grabado por el ahora representante estatal neoyorquino José Rivera, Dennis Rivera le presentó a Mandela a “nuestros héroes nacionales”, que viajaron desde San Juan para participar en el homenaje, que tuvo lugar en el barrio negro de Harlem el 21 de junio de 1990.

Al llegar los nacionalistas, con la bandera de Puerto Rico, se escucharon consignas como “Boricua y africano, luchando mano a mano”.

Pero los boricuas no pudieron reunirse con Mandela debido a la presión del Departamento de Estado y el Servicio Secreto de Estados Unidos a la que sucumbió el entonces alcalde de Nueva York, David Dinkins, quien por ello y por llamarles “asesinos” a los nacionalistas entró en una larga polémica con los mismos líderes puertorriqueños que le ayudaron a convertirse en el primer afroamericano alcalde de la Gran Manzana.

Molesto con su jefe, uno de los ayudantes de Dinkins, el boricua Willie Nieves, renunció a su puesto.

“La intención era que pudiéramos estar unos minutos con él”, recordó ayer Cancel Miranda, quien al igual que Lolita Lebrón e Irvin Flores pasó 25 años en prisión por entrarle a tiros al hemiciclo de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y herir a cinco congresistas, el 3 de marzo de 1954, para llamar la atención sobre la situación colonial de Puerto Rico.

Junto a ellos participó en aquel atentado el nacionalista Andrés Figueroa Cordero, quien fue liberado, por razones de enfermedad, en 1977 y murió antes de que sus compañeros nacionalistas recibieran clemencia en 1979.

Oscar Collazo, quien cumplió 29 años de cárcel por el intento de asesinato en contra del presidente Harry Truman el 1 de noviembre de 1950, fue al evento de Harlem en silla de ruedas.

“Cuatro camaradas”

A pesar de las expresiones de Dinkins, quien estuvo en la Infantería de Marina, Mandela se solidarizó con los nacionalistas. “Apoyo la causa de cualquiera que esté luchando por su libre determinación, y nuestra actitud es la misma, no importa quién sea. Sería un honor sentarme en la tarima con los cuatro camaradas a los que se refiere”, dijo Mandela, cuando fue preguntado sobre los nacionalistas, según publicó The New York Times el 22 de junio de 1990.

Mandela se unió posteriormente al reclamo en favor de la liberación de los miembros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) que estaban en cárceles estadounidenses, indicó Carlos Gallisá, quien en su programa Fuego cruzado (Radio Isla) rememoró el viernes el evento de Nueva York.

Antes de ser el famoso prisionero de Robben Island y convertirse en el símbolo de unidad de su país, Mandela fue, desde la clandestinidad, el comandante en jefe del brazo armado del Congreso Nacional Africano (CNA, por sus siglas en inglés). Estuvo 27 años preso de forma consecutiva y no salió antes por negarse a descartar la lucha armada.

No fue hasta 2008 que el Departamento de Estado de Estados Unidos sacó al CNA y a Mandela de su listado de terroristas. Como presidente, Ronald Reagan mantenía sanciones contra el régimen del apartheid, pero condenaba el “terrorismo” del CNA.

“Personas como Mandela nunca mueren, porque sus ideas no mueren. Era un revolucionario de los de verdad”, comentó Cancel Miranda, en una entrevista telefónica.

Cancel Miranda considera que muchos que se opusieron a sus métodos de lucha ahora buscan crear una imagen de Mandela “a la medida de ellos”.

Cuando vaya el próximo fin de semana al funeral de Mandela, el representante Rivera quisiera que el presidente Barack Obama tenga tiempo para comparar la lucha del legendario líder africano con la de Oscar López Rivera, quien lleva 32 años y siete meses de cárcel por sus vínculos con las FALN.

Obama, dijo Rivera, “no puede llorar ante la memoria de Mandela y mantener en prisión a Oscar López”.

26 nov. 2013

La unidad del pueblo devolverá a Oscar López a su patria


Discurso del Lcdo. Eduardo Villanueva Muñoz, portavoz Comité Pro Derechos Humanos el 23 de noviembre del 2013, en la marcha A caminar por Oscar.

Buenas tardes, compañeros y compañeras, compatriotas todos. Saludo particularmente a todos los oficiales electos que nos acompañan en esta tarde, así como a los dirigentes religiosos, tanto evangélicos como católicos que en unión a los dirigentes sindicales, estudiantes, dirigentes de movimientos políticos y artistas  de diversas disciplinas nos acompañan en esta actividad de unidad patriótica.
 
Para entender el significado de la lucha de Oscar López por su pueblo y sus ideales políticos hay que situar su vida en la época histórica de  la década del setenta y ochenta,  época de  la guerra de Vietnam, la lucha para excarcelar presos nacionalistas que salen en el 1979. Años de la guerra fría, la Revolución Sandinista y el surgimiento de grupos paramilitares en Latinoamérica, a cargo de detener otras revoluciones en potencia.
 
Oscar decidió dar la lucha contra el racismo, la discriminación en servicios de salud, educación, vivienda y empleo en su centro de actividad en Chicago. Ahí fue que se desarrolló como organizador comunal y pulió su pensamiento político.

Para esa época en Puerto Rico había una lucha intensa de diversos sectores de la sociedad para tratar de que la marina se fuera de Vieques, luego de que abandonara Culebra por la presión y la desobediencia civil que se desarrolló en aquel Municipio, por el Partido Independentista Puertorriqueño y otros sectores políticos. En esa década arrestan a Ángel Rodríguez Cristóbal y muere en una cárcel de Florida en circunstancias sospechosas que se consideró un asesinato. Todas estas luchas y circunstancias convirtieron a Oscar en un combatiente anticolonial y un organizador comunal altamente eficiente. A finales de la década del setenta se va al clandestinaje con varios de sus  compañeros de lucha. Lo arrestan en 1981 y lleva cumplidos treinta y dos años presos.

A lo largo de nuestra lucha para definir de manera permanente y conforme al derecho internacional, cual ha de ser nuestra relación jurídica política con Estados Unidos, hemos tenido varias tendencias de lucha por un  status político, que de buena fe y buscando lo mejor para Puerto Rico, nos ubican en cuatro corrientes de pensamiento, a saber:
 
La idea de convertirnos en una República independiente políticamente, que en el ejercicio de la soberanía sostenga relaciones de todo tipo con otros países del mundo conforme a nuestra realidad geográfica e histórica, incluyendo a Estados Unidos, país cuya ciudadanía compartimos hasta hoy.

La idea de hacernos un Estado federado, con la preservación de nuestra cultura, idioma, representación olímpica y compartiendo todas las obligaciones y derechos que tiene ser un Estado federado.
 
La idea de alcanzar mayor autonomía para el ELA dentro del esquema federal, aun cuando sus  defensores consideran que la adopción del ELA, nos sacó de la cláusula territorial y los poderes plenarios del Congreso. Estos defensores del ELA, entienden  que al momento de aprobar una Constitución, en la naturaleza de un convenio, con el aval de Estados Unidos, ocurrió un desprendimiento momentáneo de la soberanía del gobierno federal para que pudiéramos pactar con ellos el arreglo que se conoce como Estado Libre Asociado.
 
La idea de que alcancemos una relación con Estados Unidos de mayor autonomía a la actual y fuera de la cláusula territorial, reteniendo la ciudadanía de Estados Unidos para futuras generaciones.
 
Algunos han llamado a esta fórmula ELA soberano y otros Libre Asociación, conforme a las normas del derecho Internacional.
 
En apretada síntesis, así se resume el debate del status político, que es el problema contra el cual Oscar luchó por considerar que aun estábamos bajo un régimen colonial. Su militancia lo llevó a afrontar la cárcel en defensa del derecho a la autodeterminación de los puertorriqueños. El alcalde de San Sebastián, Honorable Javier Jiménez, ha resumido la lucha de Oscar, admitiendo las diferencias de métodos, pero señalando que una persona que está dispuesto a ofrendar su vida y su libertad en defensa de su pueblo, merece el respeto aun de sus adversarios políticos. El Gobernador de Puerto Rico ha señalado que Oscar está preso por pensar diferente y el Presidente Clinton (en 1999), admitió que  Oscar y sus compañeros estaban presos por sus ideas políticas. El Comisionado Residente Pedro Pierluissi, me dijo a mí: sabemos que Oscar no va a cambiar sus ideales políticos pero solicítale que acepte las condiciones que le ofrezcan para que regrese a la patria a convivir con su gente.

Todas estas personas de diferentes ideologías se enmarcan en una honrosa tradición de gente que en otras épocas supieron mirar nuestros presos políticos con respeto a su valor su integridad y su entrega a la patria. Así fue con Don Roberto Sánchez Vilella que asesorado por Rafael Hernández Colón, como secretario de Justicia, excarceló presos nacionalistas en la década del sesenta. Así fue con Don Luis A. Ferré que apoyó la excarcelación de los nacionalistas que salieron en 1979. Asi fue con el Dr. Pedro Roselló, que no se opuso a que excarcelaran los doce que excarceló el presidente Clinton en 1999. Así es ahora que el Gobernador Alejandro García Padilla y la alcaldesa de San Juan apoyan la excarcelacion incondicional de Oscar López. Todos vienen de una honrosa tradición de respeto al pensamiento ajeno en cuanto a nuestras preferencias de status político, cuando se trata de reconocer el valor y la entrega de nuestros presos políticos. Ello es así, aunque en otras circunstancias hemos, tenido duros enfrentamientos con ellos, por políticas públicas que el pueblo haya objetado.
Comparto con ustedes una anécdota histórica que ejemplifica la tradición del respeto que se ha tenido con los luchadores independentistas  en distintas épocas. En tiempos del Gobernador Tugwell, sin pedir permiso al Presidente de Estados Unidos, decidió indultar a los presos, que el reconoció como presos políticos. Eran nacionalistas que habían atacado al Gobernador Winship, el responsable de la masacre de Ponce y del encarcelamiento de Albizu por conspiración sediciosa.
 
Cito a Tugwell:  “No es delito querer la libertad patria y, repugna al espíritu del derecho americano castigar a los hombres por sus convicciones políticas”.
 
Citado por el Dr. Francisco Catalá en la p.100 de su obra sobre Tugwell, Promesa Rota….Ed. Callejón.
Creo, con respeto, que el Presidente Obama tiene algo que aprender del gesto valiente y desprendido de un Gobernador Norteamericano, en la época difícil de la lucha nacionalista contra el coloniaje y la independencia patria. En esa tradición honrosa, exijamos la excarcelación de Oscar López a la brevedad posible, para que regrese a la patria de la cual nunca ha estado ausente.
 
Muchas gracias.
 
Eduardo Villanueva Muñoz
Portavoz Comité Pro Derechos Humanos
A 23 de noviembre del 2013