29 jul. 2012

Correo del Orinoco: Entrevista a Julio Muriente, Copresidente MINH


Por Carlos Ortiz F.


Independencia de Puerto Rico es impensable por la vía de la institucionalidad colonial


Julio Muriente Pérez afirmó que el próximo plebiscito sobre el estatus de su país es una farsa



El pasado 25 de julio se cumplieron 114 años de la invasión militar que dio inicio a la dominación de Puerto Rico por parte de Estados Unidos. También se conmemoraron 60 años de la promulgación de la constitución que estableció el Estado Libre Asociado (ELA) y formalizó su unión con la potencia que la convirtió en colonia.

La conmemoración de ambas efemérides tuvo como telón de fondo los preparativos para un nuevo plebiscito sobre el estatus político del país caribeño, que deberá efectuarse el próximo 6 de noviembre junto con las elecciones generales. Quienes acudan a las urnas dirán si quieren o no que se mantenga el ELA. Pero "el asunto no pasará de ahí", advirtió Julio Muriente Pérez, copresidente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH), quien calificó la consulta de engañosa, "porque no es vinculante".

"Se hace necesario desmitificar el carácter pretendidamente democrático de los procesos electorales en Puerto Rico", aseveró en entrevista concedida al Correo del Orinoco, y denunció que en su país "se vota, y se vota mucho, pero se elige poco y se decide poco, porque las elecciones no están concebidas para resolver asuntos esenciales, sino más bien para modificar y perpetuar las estructuras administrativas de la colonia".

El docente universitario explica que es muy pobre el nivel de incidencia sobre el destino de su país que logran las y los boricuas mediante los comicios. No puede ser de otro modo, agrega, ya que "los procesos electorales coloniales no son democráticos en sí mismos, porque no traen aparejada una toma de decisiones del elector, así que la obtención de la mayoría no supone para los votantes un ejercicio de poder". Por eso, reiteró, "es impensable la independencia de Puerto Rico por la vía institucional".

-¿Pero entonces, cuál podría ser la vía?

-Para nosotros la vía es muy clara: una asamblea constitucional de estatus, que debe darse mediante la devolución al pueblo de los poderes que la potencia le arrebató. Eso ya tiene una base legal, que es la Resolución 1514 de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que en su punto número cinco establece que cualquiera que sea el destino que escoja un pueblo bajo dominación colonial, primero que nada tiene que darse la transferencia de poderes para restituirle la autonomía que le fue arrebata por la potencia invasora.

-Esa es una salida institucional...

-Pero una asamblea constitucional de estatus inevitablemente viene a representar el quiebre de la institucionalidad gobernante, que encubre un acto de flagrante ilegalidad, como lo es el colonialismo. No solo es ilegal, sino que tiene "un carácter delincuente, y para que no quede duda de ello, hay que recordar que comenzó con una ocupación militar", arremete el activista. Y agrega: "Hay que tener en cuenta que toda institución creada a partir de una intervención armada es intrínsecamente ilegal, más en el caso de una colonia, porque el colonialismo está considerado como ilegal en el mundo entero. Ahí está la resolución de la ONU que acabo de mencionar".

-¿Es posible llegar a esa asamblea? ¿Qué se está haciendo para lograrlo?

-La instalación de una asamblea constitucional de estatus presupone que un nivel de madurez política y patriótica de parte de todos los sectores de la sociedad -que aun teniendo contradicciones sobre a dónde quisieran orientar el destino del país- reconozcan que nada será posible si no se resuelve el problema de la dominación colonial. Por eso es tan importante promover entre la población la discusión para mostrar la necesidad de que cualquier solución que se plantee tiene que emanar de un ejercicio verdaderamente soberano por parte del pueblo. En eso trabajamos y estamos denunciando la consulta del próximo 6 de noviembre como una farsa.

-¿Por qué dice usted que es una farsa?

-Porque no es vinculante, y lo que resulte de ahí no va a tener ningún efecto real en el destino del país. Es una farsa porque, como ya dije, el primer gran acto para resolver la cuestión del dominio colonial en Puerto Rico es que le sean devueltos al pueblo todos los derechos que se le quitaron, para que sea el pueblo quien decida la ruta que ha de seguir el país, y no una potencia extranjera.

A propósito de este señalamiento, cabe destacar que la ley que rige el plebiscito declara explícitamente: "...esta Asamblea Legislativa propone combinar varias de las alternativas propuestas por el Grupo de Trabajo, de forma que podamos maximizar las fortalezas de cada una de éstas y lograr los consensos esperados. Así, entendemos conveniente adoptar la alternativa propuesta por el Grupo de Trabajo en cuanto a un proceso consistente en dos consultas."

Toda la normativa se basa, efectivamente, en el informe presentado por un grupo designado a tal fin por la Casa Blanca, el cual laboró por mandato directo del presidente Barack Obama, quien -mediante la Orden Ejecutiva 13.517 (30-102009)- le asignó la tarea de "solicitar consejos y recomendaciones sobre medidas que promuevan la generación de empleo, educación, cuidado de la salud, energía limpia y desarrollo económico en la Isla, sin desviar su principal atención del tema del estatus".

MANIOBRA Y CONTINUISMO

Muriente Pérez no tiene dudas de que el plebiscito encubre una maniobra electoral: "El partido de gobierno se sabe muy desacreditado como fruto de estos cuatro años de gestión. Todas las encuestas anticipan su derrota, pero sus dirigentes quieren enamorar a sus electores llevándolos a votar en una consulta plebiscitaria para ver si logran que de una vez voten por el partido".

Se refiere al Partido Nuevo Progresista, que gobierna Puerto Rico desde 2009 en la figura de Luis Fortuño, abogado egresado de Georgetown, quien prometió a las ciudadanas y los ciudadanos de su país que el plebiscito es una "opción justa, equitativa, transparente, le ahorra dinero al Pueblo y les dará a todos en Puerto Rico la oportunidad de votar por la opción de estatus que prefieren".

-¿Qué se le va a preguntar a la población exactamente?

-Se le va a preguntar si quiere que Puerto Rico conserve su estatus político actual, y a quien responda que no, se le dará a escoger entre estadidad, independencia, o estado libre asociado soberano. Las tres son opciones propuestas por el poder colonial. Y el partido de Gobierno, el Partido Nuevo Progresista -que es anexionista- y otros sectores promueven la pretendida asociación soberana, que es un contrasentido, porque no se puede ser soberano y al mismo tiempo poner en manos de un país extranjero aspectos que ningún Estado puede ceder.

La llamada "estadidad" implica que Puerto Rico se incorpore como uno más de los estados de la unión estadounidense. Llama la atención que haya sectores que ante esa posibilidad no propongan la independencia plena sino una relación de soberanía relativa con respecto a la potencia norteamericana. A ello Muriente Pérez responde que se trata de una burguesía anexionista que, por encima de los intereses de su patria, defiende intereses políticos y económicos.

PRESIONAR A LA METRÓPOLI

Julio Muriente Pérez hace énfasis en un aspecto que considera crítico a la hora de pensar en cómo recuperar la independencia de su país: "Si hay algo que complica cualquier discusión sobre el problema de Puerto Rico es que Estados Unidos no reconoce que ejerce un poder colonial sobre nuestro país. Entonces, tenemos el caso de una colonia que la metrópoli dice que no es colonia, y pretende que de eso no se hable".

Esto es muy importante, sostiene el dirigente, porque la independencia "tiene que surgir del pueblo. Desde su más amplia y representativa diversidad -no desde los partidos, no desde las tribus- el país debe generar esa exigencia frente a la metrópoli, para que esta se vea en la necesidad de atender ese reclamo popular y se abra el camino hacia la descolonización". En otras palabras, insiste el dirigente, "el primer reclamo debe ser que cese el colonialismo".

Si el problema se planteara en esos términos, la vía a la independencia se abriría de inmediato, ya que cualquier propuesta de cambio de estatus tendría que pasar por la ruptura del tutelaje que Estados Unidos se arroga sobre la isla. En todo caso, lo menos que se puede hacer es presionar a Washington para que reconozca que es una metrópoli. Sacar la palabra "colonia" de la discusión debilita la posición independentista.

Al revisar la normativa del plebiscito del 6 de noviembre, a la luz del juicio de Muriente, se observa no solo su explícito apego a las recomendaciones del grupo designado por Obama, sino su apelación a leyes estadounidenses que por décadas han servido de base formal a la dominación yanqui. Lo más palmario es que ni por equivocación se menciona el término "colonia". Ni aun en el discurso de convocatoria del presidente Fortuño -que reconoce que su pueblo no tiene hoy poder de decisión- se admite que haya una relación colonial.

Lo cierto es que la admisión de que se está en presencia del colonialismo dejaría sin efecto cualquier propuesta basada en el sistema jurídico de EEUU o en sus recomendaciones. Pero el estamento que administra los asuntos públicos de Puerto Rico se rehúsa a dar ese paso.

La ventaja de la ciudadanía estadounidense es un mito bien mercadeado

No es extraño escuchar que las puertorriqueñas y los puertorriqueños son gente afortunada porque tienen la ciudadanía estadounidense. El propio Hollywood explotó esa visión en el musical West Side Story (1961) a través de Anita, una joven boricua residenciada en Nueva York que se desborda en loas a Estados Unidos en la canción "América". En la vida real, una de las supuestas ventajas de nacer en un Estado Libre Asociado es la de vivir en EEUU sin visa y sin pagar impuestos federales.

Julio Muriente Pérez responde a estas observaciones con una sonrisa benevolente: "Mira, la ciudadanía estadounidense nos fue impuesta en 1917, y para entonces Puerto Rico ya había sido convertido en una gran plantación azucarera. Ese modelo se mantuvo hasta mediados del siglo XX, cuando se dio una transformación económica de carácter industrial. En el 18, en el 20, en el 25, en el 30, en el 34, en el 40 ya hasta en el 50, el país vivió en la miseria, ya teníamos esa ciudadanía".

El cambio de modelo exigía modificar las condiciones de existencia de la población, advierte: "Tú puedes, desde el analfabetismo, cortar caña, tú puedes estar subalimentado y enfermo y cortar caña, pero desde el analfabetismo y una condición precaria de salud no puedes rendir en una fábrica".

El análisis de Muriente revela que las mejoras sanitarias y sociales fueron, literalmente, un negocio: "El que salió del campo para entrar a la fábrica produjo mucha más plusvalía que su abuelo, que vivía de cortar caña. Hay que tener cuidado de no confundir miseria con explotación. Ese que ahora vive mejor es más explotado que el que vivía en la plantación, porque la cantidad de riqueza que le produce al capitalista extranjero es mucho mayor. En todo caso, si hubo un salto relativo en la calidad de vida de los puertorriqueños no fue por la ciudadanía estadounidense, sino por la decisión del invasor de cambiar la estructura productiva".

PASAPORTE A LA DISCRIMINACIÓN

Muriente Pérez esgrime otro mentís a la fantasía de la ciudadanía estadounidense como un privilegio: "Los puertorriqueños no tienen problema cuando llegan al aeropuerto, porque no les piden el pasaporte. Hasta ahí son iguales al resto de los estadounidenses, pero cuando salen por la puerta entran al mundo de la discriminación y la desigualdad".

"Las estadísticas vitales estadounidenses demuestran que las condiciones de vida de los puertorriqueños son en todo sentido inferiores que las de la generalidad de los habitantes de EEUU. Habría que preguntarse a dónde fue a parar la abundancia que implicaba ser ciudadano de ese país", apunta el activista.

"Ahora mismo, el pueblo puertorriqueño se encuentra en una crisis terrible y la economía subterránea del narcotráfico alcanza a 15 o 20%. Además, como en las pasadas dos décadas emigraron más de un millón de compatriotas, son más los que están en EEUU que los que viven en Puerto Rico, y la población económicamente activa apenas llega a 40%", expone Muriente. Y pregunta: "¿De qué ha valido ser ciudadanos de ese país? ¿Cuál es la ganancia de tener esa ciudadanía? Eso es un mito, un mito bien mercadeado".

La ONU condena la dominación extranjera

El 14 de diciembre de 1960, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 1514. En su preámbulo, el documento declara "todos los pueblos tienen un derecho inalienable a la libertad absoluta, al ejercicio de su soberanía y a la integridad de su territorio nacional", y que por lo tanto, se debe "poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones".

La resolución consta de siete puntos, el primero de los cuales reza que "la sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales".

El punto 5, citado por Julio Muriente Pérez expresa: "En los territorios en fideicomiso y no autónomos y en todos los demás territorios que no han logrado aún su independencia deberán tomarse inmediatamente medidas para traspasar todos los poderes a los pueblos de esos territorios, sin condiciones ni reservas, en conformidad con su voluntad y sus deseos libremente expresados, y sin distinción de raza, credo, ni color, para permitirles gozar de una libertad y una independencia absolutas".






Publicado en La artillería
Suplemento dominical del
CORREO del ORINOCO
Domingo 29 de julio de 2012
T/ Carlos Ortiz F/ Héctor Lozano

27 jul. 2012

Islas, islas, islas: La Travesía Admirable de Tito Kayak

Por Marithelma Costa

Ya se cumplieron cinco semanas del inicio de la Travesía Admirable del ambientalista Alberto de Jesús Mercado a favor de la excarcelación sin condiciones del preso político puertorriqueño Oscar López Rivera.

Viene remando por las Antillas Menores desde que partió de Venezuela el 21 de junio. Ahora cuenta con un nuevo equipo logístico: Abderramán Brenes-La Roche y el fotoperiodista Humberto Trías, quien ha documentado las diferentes fases del trayecto y cuyas fotos se reproducen aquí. Cada vez está más cerca del archipiélago más próximo a Puerto Rico, el de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes.

Aunque su mensaje a favor de la libertad incondicional para Oscar López Rivera, quien lleva 31 años en la cárcel por conspiración sediciosa, se ha mantenido constante, la llegada y estadía en cada una de las perlas de este collar de islas ha variado enormemente. Ha incluido el banquete que el señor Yoel Pérez Marcano, embajador de Venezuela, le organizó en San Vicente, la soledad tras su primer naufragio en la vecina isla de Bequia, el navegar semi perdido, contra la corriente, de madrugada y sin luna, entre la bruma del volcán Soufrière, y el descubrir la generosidad de los pescadores, los activistas y los masones. Vale la pena recordar dónde ha parado y quiénes se han mostrado solidarios con la Travesía.

Santa Lucía

Después de zarpar de San Vicente, Tito y su equipo se quedaron en la pensión de un escultor en el Estado soberano de Santa Lucía. Fue entrevistado por la reportera Cecile Actille del canal de televisión DBS (Daher Broadcasting Service) y también habló en el noticiero del canal HTS. La cobertura en la prensa es fundamental para que se conozcan los móviles de una Travesía, cuyo reto mayor, para los coordinadores, es la seguridad del ambientalista.

Tras los naufragios en Bequia y San Vicente, al llegar a Santa Lucía se comenzaron a recaudar fondos para que siempre lo acompañe una embarcación por si algo sucede. Ese algo puede ser el golpe de un marullo que abra el kayak en dos de nuevo o, lo que más teme el viajero, un tiburón que abra la boca. El problema es que el combustible es sumamente caro y las escoltas costeando las islas o entre una isla y otra pueden llegar a mil dólares.

Después de conceder las entrevistas a la prensa de esta isla de más de 162.000 habitantes –y dos premios Nobel: el economista Arthur Lewis y el poeta Derek Walcott–, se intentaba resolver desde Puerto Rico el problema de las escoltas. De momento Tito le dijo a sus compañeros: “Me voy a dar una vuelta”. Como no volvía, lo buscaron, y de inmediato se dieron cuenta de que el kayak había desaparecido. El mar estaba tranquilo, Tito agarró su kayak y remó solo hacia el norte de Santa Lucía. Tenía que recuperar los días perdidos por la avería de su embarcación. Y sabía que no se dispone de demasiado dinero.

Martinica

Martinica, Provincia de Ultramar francesa y por ello miembro de la Unión Europea, fue la isla siguiente. Allí tuvieron el apoyo del Sr. Marcel Clodion, quien pertenece a la Logia Gran Oriente de Francia. El Sr. Clodion es amigo personal del doctor puertorriqueño Fermín Sánchez. Como los masones creen en los principios de la libertad, la igualdad y la fraternidad, se solidarizan con la excarcelación de Oscar López Rivera. Y en ese espíritu, el Dr. Fermín Sánchez, de la logia Gran Oriente Nacional de Puerto Rico, le pidió apoyo a su compañero Marcel Clodion. Además de recibirlos y ofrecerles alojamiento como si fueran de la familia, el Sr. Clodion contactó la televisión de Martinica y al periódico France-Antilles, que publicó dos artículos sobre la travesía: “L’escale martiniquaise d’un résistant pacifiste” (18/07/2012) y “Tito Kayak navigue pour la liberté” (11/07/2012).

Dominica

A Dominica se le hizo sumamente difícil entrar debido a las corrientes marinas. Por ello Tito tuvo que atracar en el sur de la isla, en el pequeño pueblo Potterville, una comunidad muy humilde donde los niños hicieron fiesta, pues querían montarse en el kayak. Allí conoció a Gabriel Francis y a Peter, los pescadores que lo recibieron y despidieron como si fuera un hermano.

En esta isla pernoctaron en un área de 15 km. cuadrados concedido por la corona británica en 1903 a los descendientes de los caribes, donde hoy viven cerca de 3,000 de ellos. Este territorio de quienes fueron los reyes del mar Caribe, irónicamente tiene acceso muy limitado a la costa. A pesar de esto, gozan de un jefe y de un representante en el parlamento que se halla en la capital, Roseau.

Guadalupe

A Guadalupe también fue difícil entrar por las corrientes. Pero allí los esperaba la activista humanitaria francesa Marina Rajewski del Colectivo Nacional Francés que apoya la liberación de Mumia Abu Jamal. El ex Pantera Negra Mumia, uno de los condenados a cadena perpetua más famosos de Estados Unidos, nació en 1954 y es un periodista y activista político negro. Fue sentenciado a muerte en 1982. Su caso, como el de Oscar López Rivera, ha generado campañas masivas por su excarcelación tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo.

Junto a Marina Rajewski, descrita por el equipo de apoyo como el ángel de la guarda de Tito, Guy-Luc Belrose, del Colectivo Guadalupeño de apoyo a Mumia, también ayudó en la Travesía. Juntos estudiaron los mapas y las corrientes. Y el 19 de julio, Tito partió hacia el norte a las 7:23 de la mañana desde la playa de Santa María, que por pura casualidad fue el lugar donde atracó Cristóbal Colon en 1493. Para llegar allí tomó el canal natural que escinde la isla en dos partes.

Al atracar en la villa pesquera de Santa Rosa, en el noroeste de Guadalupe, un grupo de pescadores repararon y reforzaron de nuevo el kayak que sufrió una nueva rotura. También Tito conoció a unos jóvenes franceses que armados de remos gritaron: “Viva Oscar López” en una foto memorable que se puede ver en “Kayakenado por el Caribe por Oscar López Rivera” en Facebook. De Guadalupe a Monserrate, la isla volcán, Tito fue con una escolta parcial. El dinero sigue siendo un problema.

Monserrate

Los habitantes de Nuestra Señora de Montserrate son, como la Travesía a favor de la excarcelación de Oscar López Rivera, admirables. Esta isla de sotavento es un territorio de ultramar que depende del Reino Unido y está bajo la tutela del Comité de Descolonización de la ONU. Gran parte de la población la ha abandonado a causa de las erupciones del volcán Soufrière, que en 1995 destruyó su capital, el aereopuerto y más de la mitad de la isla, que hoy se considera “área de exclusión”. Por ello las instrucciones dadas a Tito para llegar por el Capitán James White, Director de Manejo de Desastres del gobierno de Monserrate, fueron muy detalladas: navegar por el oeste de Monserrate, pues la isla sirve de protección contra los vientos y las fuertes corrientes que van en dirección sur, suroeste. No parar en el promontorio de Redonda a descansar. Es una masa de tierra abrasiva. No parar tampoco en la “shoe rock area” debido a desprendimientos parciales de roca y lava. Entrar solo por el puerto oficial: Port Little Bay. Le tomó catorce horas y media remar prácticamente a ciegas hasta allí.

Aun con un volcán tan activo, quedan en Monserrate alrededor de 5,000 residentes que no han querido dejar su país. Incluso escriben y publican, y producen arte y música. La University of the West Indies organiza un festival literario que se celebra en noviembre de cada año y convoca a escritores del Caribe, el Reino Unido, Australia, y otros destinos diaspóricos. El lunes 23 de julio, Tito y su equipo de apoyo hablaron de la Travesía, de Puerto Rico y de Oscar López Rivera en la estación radiofónica Radio Montserrat (ZJB).

Una reflexión sobre las islas

La estudiante puertorriqueña de la UPR, Luciana García Barreras colgó recientemente en la red una interesante reflexión sobre este viaje:

“Ahora que Tito Kayak se ha tirado la maroma de atravesar las islas caribeñas en reclamo por la libertad del preso político Oscar López Rivera, una de las cosas más asombrosas que se han podido concluir es la cercanía tan grande que hay en nuestro archipiélago. El hecho de que un kayakero haya podido llegar en pocos días “tan lejos” de Puerto Rico, significa que no estamos tan lejos como creeríamos. Si comparamos el Caribe y a EEUU en el mapa, nos percatamos que efectivamente el Caribe, con sus mares e islas, no es ni una quinta parte del territorio estadounidense. Esta maravilla me remonta al pasado, cuando los indígenas que habitaban el Caribe viajaban en cayucos entre las islas, como viviendo en un gran territorio propio que era el Caribe entero; o cuando bajo el dominio español, Cuba era el centro urbano per excelencia al que iban comúnmente los puertorriqueños y otros caribeños de habla castellana. Son datos que nos trastocan el cerebro y el entendimiento que tenemos sobre nuestra posición en el mundo. También me hace pensar en los dominicanos atravesando constantemente el Canal de la Mona para hacer sus vidas en una isla con un poco de más posibilidades que en la República. Nos hacemos varias preguntas. ¿Cómo es posible que estemos tan cerca? ¿Acaso ningún puertorriqueño en esta época se había dado cuenta? ¿Por qué nuestras islas han llegado a ser naciones que se han diferenciado (y hemos querido) unas de otras, estando en el mismo lugar y con experiencias muy parecidas? ¿Qué habría sucedido si no hubiera las fronteras entre nuestras islas?”

Mientras pensamos en esas preguntas tan pertinentes, la Travesía Admirable a favor de la excarcelación de Oscar López Rivera continúa. El 24 de julio de 1783, nació en Caracas el Libertador de América Latina, Simón Bolívar, quien también era masón. En 1816, Bolívar hizo la Travesía Admirable pero en sentido inverso. Su embarcación, el Indio Libre, se provee de agua y leña en Vieques, llega a St. Thomas, sigue a Tortolla para atracar finalmente en Venezuela, en el puerto de Güiria, estado de Sucre.

Da la casualidad que el 24 de julio también es el cumpleaños de Tito, quien en el día de su fiesta rema a Nevis para seguir a las islas, tan cercanas y tan lejanas a la vez, de St. Kitts, St. Barthélemy, St. Martin, Anguilla, Anegada, Tortolla, Virgen Gorda, St. John, St. Thomas, Culebra, Vieques y Boriquén.

Fuente: 80grados
Fotos: Humberto Trías

25 jul. 2012

Colonialismo y narcotráfico en Puerto Rico


Por Héctor L. Pesquera Sevillano / Copresidente MINH

Debido a la condición colonial de Puerto Rico, el responsable de la vigilancia de las costas, espacio aéreo, puertos, aeropuertos, aduanas, inmigración y correos es el gobierno de Estados Unidos. Si queremos hacer un acercamiento analítico del problema del narcotráfico y la entrada de armas ilegales a la isla, tenemos que comenzar por reconocer que las agencias de Estados Unidos han sido un rotundo fracaso en dicha usurpada función. 

Esto tiene una explicación: el 99% la droga que entra a Puerto Rico se consume localmente, por lo que no representa un problema para Estados Unidos “continentales”.

De acuerdo a estadísticas de las agencias federales, el 69% de la cocaína que entra a Estados Unidos lo hace desde Centroamérica a través de la frontera con México y el 30% proviene del Caribe Oriental. De ese 30%, el 9% se la adjudica a la República Dominicana, el 20% entra por el Golfo de México y solo el 1% se identifica como proveniente de Puerto Rico. Así las cosas, Puerto Rico no constituye una prioridad para los gringos.

Quienes sin duda se benefician de la dejadez federal son las grandes cadenas de tiendas norteamericanas establecidas en Puerto Rico que se lucran del dinero que circula producto del narcotráfico, estimado en 14,000 millones de dólares anuales.

A la incompetencia federal para controlar la entrada de drogas al país hay que sumarle la visión policiaca y represiva prevaleciente en Puerto Rico para atender el problema de los adictos. Una visión salubrista de la drogodependencia -medicar al adicto y tratarlo como un enfermo- es la única forma de romperle el espinazo económico al multimillonario negocio del narcotráfico. Si el adicto no tiene que buscar la droga en la calle, se le acabó el negocio al narcotraficante.

Pero este gobierno ni promoverá una visión salubrista de la drogodependencia, ni exigirá el traspaso de la autoridad y responsabilidad de la vigilancia de nuestras costas y puertos. En su enfermiza mentalidad colonial, al Gobernador solo se le ocurre pedirle auxilio al gobierno federal, los mismos que han demostrado ser un estrepitoso fracaso. 

*Mirando al Sur, columna del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano de Puerto Rico en el periódico del gobierno bolivariano de Venezuela, Correo del Orinoco.

24 jul. 2012

Fotos Los Pueblos del Mundo Unidos por Venezuela



24 de julio - Los Pueblos del Mundo Unidos por Venezuela - Concentración de los Grupos del Foro de Sao Paulo y otras organizaciones en solidaridad con el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela frente al monumento de El Libertador Simón Bolívar en el día de su natalicio 229. Se dirigieron al público Guillermo de la Paz por el Frente Socialista, Julio Muriente por el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano y Francisco Torres por el Partido Nacionalista Puertorriqueño. El honorable cónsul de Venezuela en Puerto Rico, Jesús Sevillano colocó la ofrenda floral en la estatua de Bolívar ubicada en San Juan en el Parque Luis Muñoz Rivera. Fotos: Eduardo Rivera Pagán / MINH

El sueño de la unidad continental de América Latina en el 229 Aniversario del Natalicio de Simón Bolívar

Estatua de Simón Bolívar en San Juan,
Puerto Rico. Foto: Eduardo Rivera
Pagán / MINH
Por Alejandro Torres Rivera / MINH


«Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa.»
Simón Bolívar
Discurso de Angostura, 15 de febrero de 1819

El 24 de julio de 1783 nació en Caracas, Venezuela, ciudad fundada el 25 de julio de 1567 por Diego Lozada y convertida en capital del país en 1577, Simón José Antonio de la Trinidad Bolívar. Para entonces, Venezuela era un territorio autónomo dentro del Virreinato del Nuevo Reino de Granada. Caracas era una ciudad de apenas 35 a 45 mil habitantes, una tercera parte de ellos blancos criollos y el resto hombres libres negros y mulatos. Su padre, Juan Vicente de Bolívar y Ponte, pertenecía al Batallón de Milicias de blancos voluntarios con rango de coronel. Este a su vez, era hijo de un militar español que llegó a ostentar el rango de Teniente General en el ejército.

De muy joven, Simón Bolívar como le conocemos hoy, ingresó en las Milicias fundadas por su padre alcanzando el rango de subteniente. A través de su tutor y maestro Simón Carreño, Bolívar entra en contacto con los textos de los más importantes pensadores del periodo de la Ilustración, particularmente con Juan Jacobo Rousseau y su obra publicada en 1782, Contrato Social, siendo receptivo a su propuesta política de soberanía del pueblo y separación de poderes.

Ya a los 16 años Bolívar tiene la oportunidad de viajar a España, lo que le permite entrar en contacto con realidades distintas a aquellas que conocía en su tierra de origen. Nos dice uno de sus biógrafos, Mario Hernández Sánchez Barba, lo siguiente: “En la casa del marqués de Ustáriz oyó Bolívar exponer con entusiasmo las ideas de la revolución francesa, escuchó la defensa de las logias masónicas, la condenación de los jesuitas y tantas otras cuestiones que originaron en su conciencia una fuerte disyuntiva entre el huracán revolucionario y el patriarcalismo mantuano de su Caracas natal.”

Un segundo viaje a partir de1804 le llevarán a Francia, Italia y Estados Unidos. Tras la ocupación de España por tropas napoleónicas e instalado en dicho país como rey, José Bonaparte, hermano del emperador francés Napoleón Bonaparte, llega a Caracas el 15 de julio de 1808 un representante del Consejo de Indias para requerir de los venezolanos el reconocimiento de José Bonaparte como Rey de España y la designación de un oficial militar francés como Teniente General de Reino. Entre la fidelidad al rey español y la fidelidad al rey francés, aunque inicialmente la respuesta de los caraqueños favoreció al primero, finalmente la situación se volcó en favor de proclamar la independencia con relación a España y procurar algún tipo de cercanía política con Inglaterra, dado su poder económico y su enemistad con España, lo que podría ser garante de la independencia recién promulgada por los venezolanos.

Sánchez Barba describe el proceso político del cual participa Bolívar en cuatro etapas: a) 1805-1810: regreso a Caracas y decisión de tomar parte en el movimiento provincialista de independencia; b) 1810-1820: fracaso ante la reacción llanera; exilio en Jamaica; Angostura; c) 1820-1825: guerra continental, La Gran Colombia y el objetivo de unidad; y d) 1825-1830: de la Asamblea de Panamá a la muerte de Bolívar.

El 2 de marzo de 1811 se efectuó la reunión del Congreso Venezolano, en el cual se enfrentan en debate intenso tanto aquellos que promovían la separación de España y en consecuencia proclamaban el derecho a la independencia, frente aquellos pro españoles que se aferraban a la relación provincial con relación a España. Visualizando las consecuencias que podría traer una división tan profunda, Bolívar se plantó la utilización de la entonces existente Sociedad Patriótica como ente aglutinador y promotor de la causa de la independencia. El 5 de julio de 1811 se produce la Declaración de Independencia, la cual dicho sea de paso, no lleva la firma de Simón Bolívar. El día 21 de diciembre de 1811 se aprueba una Constitución, donde se reconoce el derecho de cada provincia venezolana, cada ciudad, a establecer su propio gobierno.

Dentro del caos político desarrollado a partir de la aprobación de esta Constitución, entre el Jueves Santo del 26 de marzo y el 24 de abril de 1812 ocurren en Caracas y otras ciudades fuertes terremotos que fueron aprovechados por los sectores que se oponían a la independencia para decir que era un castigo de Dios contra los venezolanos por las decisiones tomadas por su Congreso. Cuenta el propio Bolívar que encontrándose ayudando a salvar víctimas, un venezolano pro español de nombre José Domingo Díaz a quien conocía, le saluda y le dice que “todo parece que Dios se ha puesto del lado de los españoles”. A lo anterior el propio Bolívar indica que le responde: “Si se opone la Naturaleza, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca.” Aprovechando el caos surgido, España se dispuso a recuperar militarmente el espacio perdido logrando su propósito.

Tras el armisticio acordado con las fuerzas españolas, Bolívar regresa a Caracas, donde un alto oficial español, Francisco Iturbe con quien mantenía una relación de amistad, intercede por él procurando que saliera del país el 12 de agosto de 1812. Comenzaría así Bolívar un breve exilio que le llevaría inicialmente a Curazao desde donde se trasladaría más adelante hacia en noviembre de 1812 a Cartagena de Indias, hoy Colombia. Allí se combatía contra el poder español. Con doscientos hombres a su cargo y desarrollando intrépidas operaciones militares, comenzaría a conocerse su prestigio como militar. Habiéndole otorgado la ciudadanía de Nueva Granada y conferido el grado de Brigadier General, con 700 hombres emprendió desde Colombia su invasión a Venezuela. En los combates librados Bolívar venció fuerzas españolas estimadas en más de 5 mil hombres. El día 13 de agosto de 1813 entraba Bolívar en Caracas al mando de sus tropas. Los meses siguientes estarían marcados por luchas y enfrentamientos en el interior del país entre fuerzas leales a la Corona española y fuerzas patriotas.

Frente a la ideas integradoras propulsadas por Bolívar a partir de forjar una unidad continental, se fortalecían en su contra posiciones nacionalistas y regionalistas, situación ésta que aprovechó España enviando miles de tropas a lo que fue su Virreinato de Nueva Granada para recuperar su dominio en la región. Tanto Colombia como Venezuela sucumbieron temporalmente al poderío militar español.

Procurando apoyo internacional para la causa de la independencia, particularmente de Inglaterra, Bolívar llega a Jamaica desde donde escribe varios documentos entre marzo y agosto de 1815, aunque el más importante y conocido será el conocido como la Carta de Jamaica, escrita el 6 de septiembre de 1815. En ella expresa: “...el destino de América se ha fijado irrevocablemente; el lazo que la unía a España está cortado; la opinión era toda su fuerza; por ella se estrechan mutuamente las partes de aquella inmensa monarquía; lo que antes lo enlazaba ya las divide; más grande el odio que nos ha inspirado la Península que el más que nos separa de ella; menos difíciles unir dos continentes, que reconciliar los espíritus de ambos países.”

Al referirse a España, la describe como “esa desnaturalizada madrastra. ”Sostiene que “pueblo que ama su independencia, por fin la logra.”

En la carta, el Libertador reflexiona sobre los diferentes procesos emancipadores librados en la América hispana y las dificultades encontradas en la construcción de las nuevas repúblicas emergentes. Concluye en aquel momento, que los “acontecimientos en tierra firme nos han probado que las instituciones perfectamente representativas no son adecuadas a nuestro carácter, costumbres y luces actuales.” Al hacerlo, relacionada como el espíritu de los partidos crean un contexto divisivo llevando al país a un nuevo régimen de esclavitud.”

A pesar de su visión universal e integradora de los pueblos americanos en lucha por su independencia, Bolívar alerta sobre las consecuencias inmediatas que podría conllevar una unificación forzada. Así, nos dice: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Aunque aspiro a la perfección del gobierno de mi patria, no puedo persuadirme que el Nuevo Mundo sea por el momento regido por una gran república; como es imposible, no me atrevo a desearlo; y esto sin ser útil, es también imposible. Los abusos que actualmente existen no se reformarían, y nuestra regeneración sería infructuosa.”

En la Carta de Jamaica, Bolívar valorando la realidad y las características de los territorios sudamericanos en proceso de emancipación, expone que un “Estado demasiado extenso en sí mismo o por sus dependencias, al cabo viene en decadencia, y convierte su forma libre en otra tiránica; relaja los principios que deben conservarla, y ocurre por último al despotismo.” Esta valoración, sin embargo, no la hace con relación a Estados Unidos, cuyo sistema de gobierno comenta positivamente.

A pesar de lo anterior, la Carta no deja de aportar datos y lecciones que hoy, a la distancia de casi dos siglos vale la pena tener presente al referimos al esfuerzo titánico que se enfrenta la Revolución Bolivariana de Venezuela por llevar a cabo el sueño no alcanzado por el Libertador en su tiempo: la unidad continental de los pueblos americanos. Las dificultades de ayer no tienen que ser los escollos de hoy en la construcción de una nueva patria.

Hoy el rostro de Bolívar lo vemos en las distintas misiones que la Revolución Bolivariana brinda a su propio pueblo en Venezuela; en esfuerzos de integración política continental como es la UNASUR; en esfuerzos de integración continental y caribeña como es la CELAC; en esfuerzos solidarios a nivel de Estado y de los pueblos, como aquellos que desde el ALBA trascienden ya el mero espacio continental sudamericano para hermanar también América Central y las Antillas; como también otros esfuerzos no menos importantes en renglones económicos, culturales, sociales y políticos que poco a poco, avanzando siempre en conjunto, procuran trascender las actuales limitaciones que se oponen a una mayor integración latinoamericana y caribeña.

21 jul. 2012

Grave error con el Aeropuerto

Por José 'Tato' Rivera Santana / Copresidente del MINH


La privatización del aeropuerto Luis Muñoz Marín puede tener consecuencias graves para el país pues no conviene en lo económico y constituye un riesgo estratégico muy alto por nuestra condición de isla.

Por sus características e instalaciones físicas, el aeropuerto de Isla Verde es la principal y única infraestructura aeroportuaria del País. No tiene sustituto. De privatizarlo, el resultado sería convertir un bien público en un monopolio privado y es por eso que no proceden las comparaciones que se hacen con privatizaciones parecidas en países latinoamericanos y europeos que, además, han resultado ser procesos muy distintos.

Por ejemplo, en México el estado tiene el 51% de las acciones de las empresas privatizadoras. En Panamá el estado creó una empresa pública para administrar el aeropuerto y en Brasil, la privatización de los aeropuertos se fijó solo por 25 años.

Sin embargo, la administración de Luis Fortuño pretende traspasar el aeropuerto a una empresa privada por un periodo de 40 años, pero en realidad puede ser de hasta 75 años pues la Ley de las Alianzas Publico-Privadas permite extender el contrato hasta ese máximo de tiempo. Así que se trata de la enajenación total de nuestro principal puerto de entrada y salida, siendo además, una empresa privada y extranjera la que asumirá su control y manejo.

La experiencia en Europa y América Latina ha sido que en los aeropuertos privatizados se han incrementado los costos para los pasajeros. Las técnicas financieras utilizadas por las empresas privatizadoras se basan en aumentos constantes a las tarifas de aterrizaje, estacionamientos, concesiones y otros cargos, especialmente en aquellas áreas donde los inversionistas esperan recuperar su inversión de forma rápida y rentable. Nada que deba extrañar pues es la lógica del privatizador: su negocio es obtener ganancia por su inversión. Lo que ocurre es que los aumentos lo terminaremos pagando los pasajeros y ése es el modelo equivocado.

Por lo anterior, no se estará invirtiendo en la industria turística para hacer más atractivo a Puerto Rico como destino. Todo lo contrario, se hará cada vez más caro para el visitante viajar a nuestra isla. Y esto es medular, sobre todo porque en los últimos años se ha insistido en el desarrollo del turismo como de las actividades importantes que pudiera ser puntal en la reactivación de la deteriorada economía.

Pero hay más. La privatización del Luis Muñoz Marín puede representar un desfalco. Por ser el principal puerto aéreo, recibe el 63% de toda la carga aérea y el 80% de los pasajeros que entran a Puerto Rico, por lo que es también la principal fuente de ingresos de la Autoridad de Puertos. Además, del propio informe de presupuesto del gobernador se desprende que, al contrario de lo dicho por la Autoridad de las Alianzas Publico-Privadas, para el Aeropuerto de Isla Verde se proyecta un aumento en el flujo de pasajeros y de carga. En efecto, sus ingresos estimados a 40 años serían varios miles de millones de dólares adicionales a la cantidad anunciada que recibirá la Autoridad de Puertos del privatizador. En otras palabras, es “la joya de la corona”. Con su privatización, la empresa que lo adquiera estará recibiendo el “trompo ya bailando”, mientras el pueblo puertorriqueño quedará expuesto por un lado, a las decisiones de negocio que tomen los dueños de la empresa premiada y, por otro, a una pérdida de ingresos.

¿Es sensato y lógico para el interés público perder el control por 75 años de la principal infraestructura aeroportuaria? ¡Claro que no!

19 jul. 2012

Mirando al Sur: ¿Democracia?

Por Alejandro Torres Rivera / MINH


Estados Unidos, Venezuela y Puerto Rico enfrentarán en los próximos meses procesos electorales. Más allá del tema de quién resultará o no electo, el tema de la democracia como concepto del sistema de gobierno estará presente en los debates.

En el caso de EEUU recordamos el recuento de votos que selló la derrota del candidato a la presidencia, Al Gore, y permitió el triunfo de George W. Bush. ¿Se trató de un juego limpio y democrático? ¿O fue la intervención del poder judicial el instrumento para un burdo robo de unas elecciones?

En Venezuela, tras enfrentar múltiples procesos electorales sumado un golpe de Estado con la intervención directa de EEUU, continúa en ascenso la popularidad del presidente Chávez. Mientras sus detractores cuestionan la justeza de los cambios introducidos en la democracia venezolana, millones de familias reciben los beneficios sociales de tales transformaciones.

En Puerto Rico, si bien nuestro modelo colonial se sostiene en una Constitución que refrenda un sistema republicano de gobierno, el modelo democrático se erosiona en manos de gobernantes para quienes su beneficio personal y no el bienestar común es la razón de ser del poder político.

¿Podemos hablar de democracia en un país como EEUU donde el pueblo no vota directamente por quién habrá de ser su presidente; un país que mientras exige garantías en el respeto de los derechos a individuos en otras naciones, se arroga el poder de derrocar gobiernos electos? ¿Podemos hablar de democracia en una colonia, donde otro Estado político se arroga la soberanía de otro pueblo?

Democracia es un sistema de gobierno fundado en la vigencia del respeto a los derechos humanos y civiles de sus ciudadanos. Es un estado político en el cual el interés colectivo del pueblo es la responsabilidad primaria del Estado y sus instituciones.

Esa democracia es una ajena al pueblo puertorriqueño como también es ajena al pueblo de EEUU. ¿De qué democracia habla el imperialismo; de qué democracia se nos habla en las colonias?


*Mirando al Sur, columna del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano de Puerto Rico en el periódico del gobierno bolivariano de Venezuela, Correo del Orinoco.

En plena crisis, EEUU construye la mayor base de espionaje del mundo

Por Tercera Información


En una pequeña y somnolienta comunidad del oeste de Estados Unidos, donde la mayoría de sus casi 7.000 habitantes son mormones, la llamada “comunidad de inteligencia” está levantando el centro de espionaje más grande que el mundo haya conocido hasta ahora.

La ciudad se llama Bluffdale y se encuentra en el estado desértico y montañoso de Utah, cuya población mira con asombro el gigante que está construyendo el cuerpo de ingenieros del Ejército. Se trata de la nueva base de la poderosa National Security Agency (NSA), que se convertirá en el corazón de un colosal tablero mundial destinado a espiar cada rincón del planeta que  afecte los intereses de Washington. Es, tal vez, el paso más beligerante que da EE UU en la llamada “guerra del ciberespacio”.

Carroll F. Pollett, director de la Agencia de Defensa de Sistemas de Información (DISA), lo explicó con claridad en una sesión en el Congreso. “El ciberespacio se ha convertido en un nuevo campo de batalla. Ha adquirido una importancia similar a la que tienen los otros, tierra, mar, aire y espacio. Está claro que debemos defenderlo y volverlo operativo”. En lenguaje militar, el ciberespacio es denominado “quinto campo de batalla”.

El centro de datos de Bluffdale es una descomunal estructura —cinco veces el tamaño del Capitolio— que albergará la más moderna tecnología destinada a interceptar, almacenar, descifrar y analizar la compleja red de comunicaciones del globo. Sus computadoras deglutirán inconmensurables datos captados por los satélites, extraídos de la red de celulares y arrebatados a la Web. En su primera etapa el emprendimiento se mantuvo en estricto secreto hasta que salió a la luz por una investigación del periodista James Bamford, experto en inteligencia, en Threat Leve l, un medio especializado en seguridad.

El amo de esta omnisciente instalación es la NSA, la agencia más poderosa de EEUU, cuya capacidad y recursos dejaron muy atrás a la CIA y al FBI. Su especialidad son las comunicaciones y el criptoanálisis. Es, básicamente, un ‘Gran Hermano’ de formidables dimensiones. Para ello dispone desde hace más de tres décadas de la polémica red de espionaje Echelon, basada en satélites alrededor del planeta.

Este nuevo bunker de la NSA costará unos 2.000 millones de dólares y se espera que lo terminen el año próximo. Pese al aura de secreto, medios estadounidenses adelantaron que constará de cuatro salas de 2.300 metros cuadrados, cada una de ellas llena de servidores. A esto hay que agregarle otras plantas, de medidas similares, destinadas al sector técnico y administrativo. Tal cantidad de equipos necesita un enorme poder de refrigeración y esto, a su vez, de energía.

Se presume que consumirá el promedio de electricidad que utiliza habitualmente una pequeña ciudad. Todo el complejo será autosuficiente.

Para los especialistas, la guerra del ciberespacio entró en una nueva y peligrosa fase, donde el desarrollo tecnológico será fuente de poder y control.


DATOS

• Los servicios de inteligencia estadounidenses apuntan ahora a detener los  supuestos ciberataques chinos que, dicen,  sufrieron agencias del Gobierno y empresas, tanto militares como comerciales.

• En la gran guerra tecnológica desplegada por las potencias, donde el robo industrial se convirtió en un hecho cotidiano, los grandes enemigos para EEUU son China, Rusia, Corea del Norte e Irán

• El nuevo bunker de la NSA costará unos 2.000 millones de dólares y se espera que lo terminen el año próximo.

• Medios estadounidenses adelantaron que constará de cuatro salas de 2.300 metros cuadrados.

¿Cómo funcionará el mecanismo?

Tomará la información recogida por los satélites —particularmente de la red Echelon—, los datos provenientes de agencias en el exterior y las comunicaciones interceptadas en los centros de vigilancia instalados en el mundo para luego depurar, analizar y determinar qué es relevante para la sede madre de NSA en Maryland.

El proyecto tiene su origen en una iniciativa que la NSA impulsó en el gobierno de George W. Bush tras el 11/S, y se conoció como Stellar Wind (viento estelar). Esta actividad de espionaje resultó tan controvertida y peligrosa para los propios estadounidenses que el Parlamento se opuso, y terminó anulándola. El punto que genera mayor incógnita en este proyecto tiene que ver con la cantidad de datos que podrán escanear los equipos de la NSA.

Con información de Clarín

18 jul. 2012

La afirmación nacional puertorriqueña en el drama de la Guerra de 1898: la experiencia de las batallas de Coamo y Asomante

Por Alejandro Torres Rivera / MINH


“La independencia absoluta es lo que puede salvarnos.”
Carta de Ramón Emeterio Betances a Eugenio María de Hostos el 7 de junio de 1898.

“La manera de celebrar la independencia no es, a mi juicio, engañarse sobre su significado, sino completarla.”
Carta de José Martí a Valerio Pujol, 27 de noviembre de 1877.

“Aquellos de entre los puertorriqueños que vean más a fondo en el porvenir, seguirán queriendo que Puerto Rico sea un Estado confederado de las Antillas Unidas en un todo político y nacional, y esos puertorriqueños saben ya que ni hoy ni mañana ni nunca, mientras quede un vislumbre de derecho en la vida norteamericana, está perdido para nosotros el derecho a reclamar la independencia, porque ni hoy ni mañana ni nunca dejará nuestra patria de ser nuestra.”
Eugenio María de Hostos, Madre Isla

Algunas consideraciones preliminares

En 1759 ascendió al trono de España Carlos III. Se indica que con su reinado comenzó el período conocido como “despotismo ilustrado”. Fue un período de reformas, impulsado principalmente por el creciente incremento del poder de Inglaterra, lo que llevaría al Rey de España a establecer un tratado o alianza militar con Francia. Los acuerdos alcanzados conllevaron que Inglaterra declarara la guerra a España.

Los escenarios en los cuales se libraron los enfrentamientos entre ambas potencias, muy pronto tocarían las puertas del Caribe con la ocupación por parte de los ingleses de La Habana, en julio de 1762. Un año después, mediante el Tratado de París de 1763, se puso fin a las hostilidades entre ambos países. La experiencia de la ocupación temporal de La Habana, sin embargo, llevó al Rey español a designar al Mariscal de Campo Alejandro O’Reilly como Comisario Regio de su Majestad Católica para visitar, entre otras posesiones de la Corona, las islas de Cuba y Puerto Rico y  formular sus recomendaciones para el mejoramiento de las defensas en la capital cubana y “convertir la plaza de San Juan en un gran fuerte militar.[1]

Se indica por Negroni, Op. Cit., que luego de revisar las defensas existentes en Puerto Rico y evaluar la capacidad defensiva de la llamada Milicia Irregular Urbana, propone la creación de nuevas milicias. En el examen que O’Reilly efectúa sobre el estado de las tropas regulares españolas en Puerto Rico encuentra lo que llamó el autor “un cuadro patético”. De 400 efectivos regulares acantonadas en la Isla, sólo 274 estaban aptos para sus funciones militares.

Tomando en consideración sus recomendaciones, el 20 de septiembre de 1765, el Rey autoriza  la creación del Cuerpo de Milicias Disciplinadas y la creación del Cuerpo de Milicias Urbanas.  En el Cuerpo de Milicias Disciplinadas integraban en sus filas hombres blancos, pardos y negros. Hacia 1775 este cuerpo ya contaba con 20 compañías de infantería (100 efectivos por compañía) y 4 de caballería.

Cuando se produjo el Ataque Inglés a San Juan en 1797, había cerca de 2,500 efectivos dentro de ese cuerpo castrense. Se indica que durante la Invasión Inglesa, la defensa de San Juan y sus vecindarios, al igual que la lucha sin cuartel desarrollada contra las fuerzas invasoras hasta su eventual expulsión, estuvo a cargo del Cuerpo de Milicias Disciplinadas y del Cuerpo de Milicias Urbanas. Concluidas las operaciones militares, en 1798 el Cuerpo fue reorganizado a partir de la estructuración de un regimiento, batallones y compañías, elevándose su número a 3,000 efectivos.

Se ha debatido en cierta medida si la defensa de San Juan ante el Ataque Inglés y la férrea defensa de la cual participaron destacadamente criollos, negros y pardos de nuestra Isla, constituye la  primera experiencia de la defensa nacional de los puertorriqueños de su suelo frente a un poder extranjero.

Ciertamente, a la altura de 1797, el hilo histórico, sicológico, territorial, idiomático y económico a través del cual se forja una conciencia nacional y como secuela de ella la nacionalidad de un conglomerado humano, estaba ya hace mucho tiempo en proceso en nuestra Isla. Independientemente de que la defensa de Puerto Rico se hubiera dado desde la perspectiva de la defensa de un territorio bajo la bandera y estandarte español frente a otra potencia colonial, el sentido de la defensa de la patria, no la española sino la defensa de la patria desde el concepto que nos define Eugenio María de Hostos como “punto de partida”, ya estaba presente en muchos de los que murieron y arriesgaron su vida en aquel momento como puertorriqueños. Este ejemplo histórico, sin embargo, tiene a su vez elementos de coincidencia parcial con lo que ocurriría un siglo más tarde en el contexto de la Guerra Hispanoamericana – también conocida por muchos como Guerra Hispano- cubana-americana –, aunque también importantes elementos que la diferencian. En este ensayo pretendemos hacer una reflexión sobre estos acontecimientos, tomando como punto de partida los combates librados entre fuerzas españolas y estadounidenses en Coamo y las alturas de Asomante en Aibonito.

Las primeras manifestaciones independentistas y su vinculación con el desmantelamiento del Cuerpo de Milicias Disciplinadas y el Cuerpo de Milicias Urbanas

Nos relata don Germán Delgado Pasapera en un ensayo que tituló Orígenes del independentismo puertorriqueño[2], que las primeras manifestaciones de carácter independentista en Puerto Rico se registran en el año1795, cuando circulaban en el país monedas a las cuales se le habían acuñado inscripciones sediciosas.  Posteriormente, en 1800, nos dice, apareció el primer pasquín subversivo. Desde entonces, según señala el autor, a todo lo largo del siglo XIX, se sucedieron infructuosamente múltiples manifestaciones conspirativas y conjuras de diferentes sectores en nuestro país como expresión de la vocación libertaria del pueblo puertorriqueño.

Comenzado el nuevo siglo, el desarrollo de los acontecimientos en América del Sur, fundamentalmente al calor de las ideas independentistas y libertadoras, llevó a España a reforzar su presencia militar en Puerto Rico mediante el incremento de la presencia de tropas regulares, muchas de las cuales eran tropas veteranas fogueadas en las luchas, primero contra la dominación francesa en España y otras  en las luchas de independencia en el Continente.

Junto con el crecimiento de las tropas españolas regulares, los Cuerpos de Milicianos (Milicias Disciplinadas y Milicias Urbanas),  llegó a alcanzar, en vísperas del Grito de Lares cerca de 7,900 efectivos.

Durante los sucesos de Lares, así como en algunas intentonas militares y motines previos, hubo participación activa de miembros del Cuerpo de Milicias Disciplinadas y de las Milicias Urbanas. Indica Negroni, Op. Cit., lo siguiente:

“...al ocurrir la insurrección de Lares y como estuviesen  envueltos y complicados en la intentona el Teniente Cebollero y el Alférez Ibarra de dicho cuerpo junto con varios soldados, las autoridades españolas en Puerto Rico comenzaron a sospechar de la lealtad del cuerpo. A partir del 1868 los efectivos de las milicias comenzaron a menguar hasta que por fin fueron declaradas a extinguir, disueltas las unidades, licenciados los individuos de tropa y concediéndole a los oficiales el uso del uniforme y percibo de haberes que le era abonado cada mes, por el Tesoro de Puerto Rico.”

Más adelante indica, citando al historiador Lidio Cruz Monclova, que todavía para la época de la Guerra Hispanoamericana quedaba un cuadro de oficiales de estas milicias y “estos oficiales fueron el remanente de aquellas heroicas milicias que tuvieron a raya a todos los invasores...”

El Cuerpo de Milicias Urbanas, también organizado a partir de las recomendaciones de O’Reilly, no era otra cosa que la reorganización de las antiguas Milicias Irregulares Urbanas, organizadas en Puerto Rico desde 1692. Este cuerpo  pasó a ser el componente de reserva desde donde, en parte, también se nutrían las Milicias Disciplinadas en sus filas. A diferencia del Cuerpo de Milicias Disciplinadas, las Milicias Urbanas estaba compuesto, salvo en una unidad denominada “Fijo” o “Guarnición” que era mixta, íntegramente por puertorriqueños. A este cuerpo pertenecían todos los varones entre las edades de 16 a 60 años. Cumplían funciones policiacas, velando por la tranquilidad y el orden en sus pueblos.  Hacia 1813 tenía 38,070 milicianos y 1,240 oficiales. Aunque se indica que la Orden militar para su eliminación surgió en 1855,  su extinción de lleva a 1860.

Este claro componente netamente puertorriqueño en las filas de un estamento militar y su ausencia en el contexto de los acontecimientos relacionados con la Guerra de 1898, es un elemento importante a la hora de evaluar la participación puertorriqueña en la Guerra de 1898.

En Puerto Rico, sin embargo, entre 1812 y 1898 existió otro cuerpo castrense denominado “Instituto de Voluntarios”, organizado por España a partir de su experiencia en el resto de América Latina. Allí la experiencia española con la organización de cuerpos de milicias integrados total o parcialmente por criollos, tuvo como resultado que en gran medida, que los ejércitos organizados para las guerras de independencia, tuvieran como embrión cuerpos similares a las Milicias Disciplinadas y Milicias Urbanas existentes en Puerto Rico. Así las cosas, hacia 1813, el Gobernador Militar de Puerto Rico en funciones, a la par que establecía que los milicianos solo podían utilizar armas blancas, organizó el “Cuerpo de Voluntarios Distinguidos”, integrado por civiles que hubieran nacido en España o los hijos de españoles de primera generación. Hacia 1864 el “Cuerpo de Voluntarios Distinguidos” pasó a llamarse “Instituto de Voluntarios”.

Es como resultado del Grito de Lares y la vinculación de amplios sectores de  la población en las labores conspirativas que condujeron al mismo, que España promueve en Puerto Rico el desarrollo y fortalecimiento de este organismo castrense. Formado por incondicionales españoles o hijos de españoles de reconocida orientación política conservadora, la misión de dicha organización militar, según expresada en su Reglamento, era:

“La fuerza de Voluntarios de la isla de Puerto Rico tiene por principal misión la defensa del territorio, la protección de los intereses públicos y el sostenimiento del orden.”

A partir de 1873 este Instituto pasó formalmente a convertirse en la reserva activa de las tropas regulares españolas en Puerto Rico. Para entonces contaba con 14 batallones y cada batallón estaba formado por cuatro compañías de 100 efectivos. Ya desde entonces, en Ponce se encontraba destacado el Noveno Batallón, mientras en Coamo se encontraba destacado el Décimo Batallón. En otros lugares en los cuales se libraron los combates durante la Guerra de 1898 también existían unidades del Instituto de Voluntarios. Tal es el caso de Mayagüez, Maricao, Sábana Grande y Guayama.

Indica Negroni, Op. Cit., con relación al papel de este Instituto durante la Guerra de 1898, lo siguiente:

"Al romperse las hostilidades, este Instituto de Voluntarios estaba dividido en los 14 batallones mencionados más una compañía suelta en Vieques. En números alcanzaban la cifra de 7,331 hombres, o sea, más de 500 hombres por batallón. Se formó además en la Capital un nuevo batallón con el nombre de Tiradores de Puerto Rico que llegó a tener en sus filas casi 600 hombres. El entusiasmo y la moral del Instituto estaban en un alto nivel pero las autoridades españolas, en violación a la cohesión del Instituto, ordenaron que 500 voluntarios que estaban sujetos a servicio activo abandonaran sus unidades de voluntarios para integrarse a la tropa regular del Ejército. Otra segunda orden decretó que los voluntarios se reconcentraran en sus unidades en las cabeceras de los departamentos. Esta abierta violación al Reglamento del Instituto causó gran descontento ya que el acuartelamiento los alejaba de los sitios en que los voluntarios deseaban y estaban mejor preparados para pelear... sus pueblos y sus  hogares. Además, esta medida causó gran número de deserciones y estos actos de deserción trajeron consigo mayor desprecio de las autoridades españolas.

Las autoridades españolas siempre temieron que los voluntarios se convirtieran en ‘quinta columna’ en Puerto Rico y con sus arbitrarias órdenes consiguieron crear un círculo vicioso en que cada orden degeneraba en menos obediencia por parte del Instituto.

Los voluntarios se sintieron abandonados por las autoridades y en gran número comenzaron a regresar a sus respectivas comarcas. Al mismo tiempo los pueblos fueron abandonados por la tropa regular así como por la Guardia Civil. Quedaron ellos entonces solos para enfrentarse a las tropas invasoras de EE. UU. Sin el apoyo moral, disciplinario y militar de los veteranos, los voluntarios depusieron sus armas al avistar al enemigo. Es ésta una de las razones por la marcha  ininterrumpida de las fuerzas invasoras por la campiña boricua. El Gobierno no podía esperar lealtad de los voluntarios cuando el propio gobierno desconfiaba de ellos y no escatimaba en demostrar esta desconfianza con sus órdenes.”

Indica el autor, que precisamente en manos del Instituto de Voluntarios, de haber ocurrido los sucesos de manera distinta, es decir, si se hubiera dado una participación activa, si hubiera habido en sus efectivos un vínculo o identificación mayor con la política castrense española en el país; si se hubiera producido un mayor sentido de identificación y pertenencia de éstos con los ideales por los cuales luchaba España, pudo haber estado “la salvación de Puerto Rico”. El autor, sin embargo, en forma alguna vincula su hipótesis a un concepto de defensa nacional, entendido el mismo desde una perspectiva puertorriqueña y no española.

Las fuerzas beligerantes

De acuerdo con el Capitán Ángel Rivero Méndez, en su libro Crónica de la Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico[3], el total de efectivos militares españoles en Puerto Rico ascendía a 18,000 tropas, de los cuales 7,930 eran parte del Instituto de Voluntarios. Indica que habían 2 batallones de infantería regulares, “Patria” y “Alfonso XIII”, compuesto por 800 efectivos cada uno; cinco batallones de infantería provisionales y 2,300 efectivos de otras ramas auxiliares. La fuerza expedicionaria de Estados Unidos en Puerto Rico, sin embargo, estaba compuesta por 15,472 efectivos agrupadas en 4 Brigadas de infantería, unidades de Caballería, Ingeniería y de Artillería. En estos números no se encuentran incluidos los efectivos militares pertenecientes a la Marina de Guerra a bordo de las unidades navales. En el desembarco en Guánica  participaron 3,415 efectivos, conducidos en 10 transportes de tropas y 5 buques de guerra.

El 15 de febrero de 1898 ocurrió la voladura del buque USS Maine en la bahía de La Habana. Si bien es cierto que desde el 20 de abril de 1898 el gobierno español recibió un “ultimátum” de parte del Gobierno de Estados Unidos, las operaciones militares por tierra no llegaron a Puerto Rico sino hasta el 25 de julio de 1898. El 12 de mayo, sin embargo, la escuadra naval del Almirante Sampson bombardeó la ciudad de San Juan. Dicha flota contaba con una capacidad de artillería de 164 cañones, los cuales lanzaron un total de 1,362 disparos sobre la capital. Los españoles, desde sus posiciones en los fuertes El Morro y el San Cristóbal, respondieron el fuego estadounidense. Empleando  28 piezas de artillería, hicieron 441 disparos sobre la escuadra estadounidense. En este enfrentamiento surgieron las primeras bajas de ambas partes. Sangre española, estadounidense y puertorriqueña fue derramada.

Los hechos del 12 de mayo establecen que no es correcto, históricamente hablando, decir que la Guerra comenzó en Puerto Rico a partir del 25 de julio; o que la campaña militar en Puerto Rico solo duró 17 días.

La realidad es que desde el 21 de abril de 1898, fecha en que se suspende por el General Manuel Macías Casado, Gobernador y Capitán General las garantías individuales que confería la Carta Autonómica de 1897, Puerto Rico ya vivía un virtual estado de guerra. Las operaciones militares durante la Guerra a partir del intento de bloqueo marítimo al puerto de San Juan el 10 de mayo de 1898; se amplían en la mañana del 12 de mayo con el bombardeo a San Juan.

A eso de las 5:00 a.m. la escuadra naval del Almirante Sampson, creyendo que la escuadra naval española del Almirante Cervera se encontraba fondeada en la Bahía de San Juan, bombardeó la capital de Puerto Rico. De acuerdo con Rivero, uno de los oficiales españoles a cargo de las baterías de la costa localizada en el Castillo de San Cristóbal, en su Crónica sobre la guerra hispano-cubana-americana, que se trató del “primer ataque serio a una plaza por buques modernos con armamentos modernos.” Sobre San Juan fueron lanzados 1362 proyectiles. La escuadra española que se encontraba en aquel momento en Santiago de Cuba, sería destruida como parte de las operaciones de la guerra contra España el 3 de julio. Días más tarde del bombardeo sobre la ciudad de San Juan, el 25 de julio de 1898, por el litoral sur de Puerto Rico, desembarcarían las tropas estadounidenses, dando así paso a una invasión que se perpetúa mediante una relación colonial hasta el día de hoy.

Las operaciones militares en Puerto Rico se suspenden el 13 de agosto como resultado de la firma el día anterior del Protocolo de Armisticio entre España y Estados Unidos, luego del combate en las alturas de Asomante en Aibonito. A partir de tal momento, comienza la desmovilización de las tropas españolas en Puerto Rico, lo que culmina el 23 de octubre con la partida del último contingente español de nuestro país.

Tampoco es correcto minimizar las operaciones militares en tierra. Sin tomar en consideración las maniobras navales en diferentes puntos de nuestra costa y los desembarcos de tropas en diferentes puertos y bahías, durante el curso de la guerra se efectuaron las siguientes acciones bélicas:

(a) El inicio del primer disparo de artillería desde el Fuerte San Cristóbal sobre el crucero USS Yale el 10 de mayo;

(b) El bombardeo de San Juan el 12 de mayo;

(c) El enfrentamiento naval de la escuadra de Sampson con buques de la armada española como resultado de un intento de bloqueo al puerto de San Juan el 22 de junio, donde resulta muy averiado el buque español “Terror”;

(d) El enfrentamiento de buques de la escuadra de Sampson con buques de la escuadra española entre la noche del 27 de junio y el día 28 de junio, donde resulta destruido el buque español “Antonio López” y averiado (varado en la playa) el “Isabel II”;

(e) El desembarco de tropas al mando del General Nelson A. Miles en Guánica el 25 de julio de 1898.

(f) El combate entre fuerzas de tierra en Yauco el 26 de julio;

(g) El combate entre fuerzas de tierra el 1 de agosto en Arroyo;

(h) El combate entre fuerzas de tierra en Guayama el 5 de agosto;

(i) El combate entre fuerzas de tierra el 9 de agosto en las alturas de Guamaní;

(j) El combate entre fuerzas de tierra el 9 de agosto en Coamo;

(k) El combate entre fuerzas de tierra el 10 de agosto en San Germán;

(l) El combate entre fuerzas de tierra el 10 de agosto en Hormigueros;

(m) El combate entre fuerzas de tierra el 12 de agosto en las alturas de Asomante;

(n) El combate entre fuerzas de tierra el 13 de agosto en Las Marías (El Guasio);

(o) Las operaciones de desembarco y combate por parte de unidades de la Infantería de Marina en Fajardo durante los días 1 al 9 de agosto.

Ciertamente la corta duración de la campaña militar y el repliegue de las tropas españolas en los primeros días del conflicto hacia otras posiciones militares en el interior de la Isla influyeron en que los combates y las bajas registradas fueran menores. Asumir que España no tenía tropas preparadas en Puerto Rico para ofrecer una mayor resistencia, sería asumir que las tropas regulares en Puerto Rico eran distintas a las que había en Cuba; o asumir que España no tenía un control sobre Puerto Rico que le permitiera defender esta plaza militar, al menos por un tiempo mayor. Ambas premisas son incorrectas.

El repliegue táctico hacia la zona montañosa

Dentro de la estrategia desarrollada por las fuerzas españolas se encuentra  la retirada de sus tropas localizadas en las principales ciudades en el litoral por  donde desembarcaron las tropas estadounidenses y aquellas poblaciones costeras a las cuales se acercaban en la marcha sus diferentes columnas. Este movimiento de tropas se da a partir de tres premisas:

(a) El enfrentamiento con las tropas estadounidenses en las ciudades costaneras exponía a las ciudades a la artillería naval de los buques estadounidenses, habiendo provocado así importantes costos para la población y para las tropas que defendían las mismas;

(b) Había en las autoridades españolas el convencimiento de que las derrotas navales sufridas por España en Santiago de Cuba y Manila, al ser aniquilada su Flota del Atlántico y la del Pacífico, colocaba a España en serias dificultades para ganar la guerra;

(c) El convencimiento de que las oportunidades militares para la defensa del país estaba en las alturas, en la profundidad de la Cordillera, en lugares como Guamaní o Asomante, desde donde se podría capitalizar en mejor medida la defensa del territorio.

Esta estrategia, sin embargo, no estuvo acompañada de medidas específicas que levantaran el nivel de disciplina y combatividad de las tropas veteranas regulares, mucho menos de las auxiliares.

En un libro que publicáramos en 1998 titulado Militarismo y Descolonización: Puerto Rico ante el Siglo 21[4] hacíamos en aquel momento la siguiente valorización:

“El esquema defensivo de Puerto Rico por parte del Gobierno español estuvo mediatizado por varios elementos que será necesario continuar profundizando como parte de la reconstrucción de la verdadera historia de la Guerra. Entre dichos factores pueden destacarse el convencimiento de los españoles de que derrotada y aniquilada la flota del Atlántico en Santiago de Cuba, derrotada y aniquilada su Flota del Pacífico en Manila, las posibilidades de España enfrentar el poder naval de Estados Unidos era nula. Este convencimiento, unido a las pésimas capacidades existentes en la Isla  en términos de pertrechos y equipamiento para una larga campaña nunca llevó a las autoridades a diseñar un repliegue estratégico que asegurara la preservación de sus limitados recursos para la defensa de la sede de Gobierno, San Juan, así como el repliegue táctico en aquellas zonas más próximas a las columnas invasoras, utilizando para ellos las ventajas que la zona montañosa ofrecían para un repliegue ordenado. Otro factor que no puede perderse de vista es que el inicio de la Invasión a Puerto Rico se produce cuando ya España ha decidido entrar en un proceso de negociación para concluir la Guerra, lo que definitivamente incide en la moral de combate de sus tropas. Un tercer elemento presente en este contexto fue la falta de apoyo popular a los esfuerzos de guerra de España en Puerto Rico y la actitud de colaboración con las fuerzas invasoras desplegadas por los sectores anexionistas en el país. Finalmente, podemos indicar la falta de resonancia en el liderato político del país a las advertencias hechas por  Betances desde su exilio, llamando al pueblo a levantarse en armas, no para recibir sumisos a las tropas invasoras, sino para dentro de dicho contexto proclamar el derecho de nuestro pueblo a su soberanía e independencia. En el ir y venir de aquellos días quedaría sellada la toma brutal de Puerto Rico a los nuevos señores imperiales.”

Las bajas en el curso de las operaciones militares en Puerto Rico fueron, para los españoles, 429. De éstos 17 fueron muertos, 88 heridos y 324 prisioneros; para los Estados Unidos las bajas fueron 43, a saber, 3 muertos y 40 heridos.[5]

Las operaciones militares en Coamo y Asomante
La jefatura máxima de la columna a cuyo cargo estuvieron las operaciones militares en Coamo y Asomante estuvo bajo el mando del Mayor General James H. Wilson, Comandante de la Primera División del Primer Cuerpo del Ejército. Salió desde Charleston, Carolina del Sur el 20 de julio de 1898. Las fuerzas a su mando eran, sin incluir oficiales, 3,571 soldados.

Luego de desembarcar en Ponce y habiéndose replegado las fuerzas españolas en dirección hacia Aibonito, donde dejaron como puesto de avanzada en Coamo a dos compañías, algunos Guardias Civiles y guerrilleros al mando del Comandante Rafael Martínez Illescas, se dispuso la movilización de las fuerzas invasoras el 7 de agosto en dirección a dicho pueblo.  Las operaciones militares en Coamo estuvieron a cargo del General O. H. Ernst.

Las operaciones militares contra el pueblo de Coamo comenzaron en la mañana del día 9 de agosto con fuego de artillería a partir de las 6:00 a.m. Los movimientos de tropas desde diferentes posiciones y el intercambio de disparos y las acciones de hostigamiento, mantuvieron las operaciones de combate hasta entrada la tarde. En el proceso las tropas estadounidenses hicieron varios prisioneros españoles que se rendían. Las tropas españolas  destacadas en Coamo eran 248 hombres, entre ellos músicos de la banda militar y 42 caballos. No disponían, a diferencia de las fuerzas invasoras, de cañones.

Se indica por Rivero[6] que dado que el Comandante Martínez Illescas entendía que sus órdenes para la defensa de Coamo eran tan solo temporales, no estableció las defensas necesarias para resistir un asedio por tiempo prolongado. Posiblemente Martínez Illescas tampoco esperaba un ataque tan inmediato por parte de las tropas estadounidenses.  Ante un avance por sorpresa de parte de las fuerzas invasoras temprano en la mañana, optó por organizar sus tropas para partir en retirada hacia Aibonito. Al organizar la marcha, dispuso para que en la retaguardia permanecieran, junto a algunos efectivos, los capitanes Frutos López y Raimundo Hita protegiendo a la columna.

Durante las operaciones militares contra las tropas españolas también participó una guerrilla compuesta por puertorriqueños, al mando de Pedro María Descartes, quien en combate causó la muerte de un Guardia Civil español.[7]

Mientras el resto de la columna española avanzaba hacia Aibonito, comenzó el combate, el cual duró por espacio de varias horas.  En medio del intercambio de disparos, a eso de las 9:00 a.m., mientras el Comandante Martínez Illescas arengaba a sus tropas en medio del combate para sostener la defensa de la posición que ocupaban, recibió un disparo mortal. El Capitán López, quien era el segundo al mando, al intentar socorrerlo, también fue alcanzado por otro disparo mortal. Se indica, sin embargo, que el Capitán Hita, ante la situación, optó por rendirse junto a algunos de sus soldados mientras otros efectivos regulares de menor rango, se negaron a rendirse y procedieron a bordear a las fuerzas invasoras, llegando finalmente a entrar en contacto con fuerzas españolas que venían en auxilio de los defensores de Coamo, desde donde se dirigieron a Asomante.

En Coamo la retaguardia española peleó mientras estuvo al frente de sus tropas una oficialidad que les imprimió el ejemplo. Pelearon como soldados, sin embargo, en defensa de la Corona española, no en defensa de la nación puertorriqueña, mucho menos en defensa de su libertad o independencia.

En Asomante, las tropas españolas, mal apertrechadas como estaban, se organizaron para enfrentar el avance de las tropas estadounidenses. Desde una posición favorable a la defensa, dada su elevación topográfica y localización respecto a las vías de comunicación existentes, se dispuso la organización de la defensa con una fuerza compuesta por 1,280 soldados, 70 caballos y dos cañones con 40 municiones de artillería cada uno. La descripción que nos ofrece Rivero, Op. Cit. sobre el estado de la tropa española es el siguiente:

“Las municiones para la infantería eran escasas; no hubo asomo de tiendas de campaña ni barracones para cubrirse de las frecuentes lluvias; no había ambulancias, médicos, cocinas, ni servicio sanitario de clase alguna; el agua se conservaba en barricas, al sol, y el pan o galletas, enviados desde San Juan, eran duros y agrios por la mala calidad de las harinas. Todos los defensores, por más de quince días, vivaquearon en las trincheras, a la intemperie, sin abrigos, sin traveses, sin alambradas ni otras defensas que no fueran el fuego o las bayonetas de sus fusiles. Los ranchos, servidos con poca regularidad, eran deficientes; casi siempre de arroz, alubias y bacalao; carne pocas veces y nunca muy abundante.”

A pesar de esto, la oficialidad española dispuso la organización de la línea de defensa. En el proceso de planificación de su ofensiva, las fuerzas estadounidenses diseñaron un movimiento táctico envolvente: primero, con el desplazamiento de una parte de sus tropas hacia Barranquitas, para desde allí caer sobre el pueblo de Aibonito y luego sobre las defensas de Asomante. En segundo lugar, a la par que  esto ocurría, la columna del General Brooke, que había desembarcado por Arroyo y ya se había desplazado hacia Guayama, se preparaba  para el combate en las alturas de Guamaní y Jájome, a donde se habían replegado también las fuerzas españolas para al igual que en Asomante, presentar combate a las fuerzas invasoras. Tomada dicha posición por las tropas estadounidenses, entonces, la columna podría desplazarse hacia Cayey para desde allí, en dirección Norte a Sur aproximarse hasta el pueblo de Aibonito y Asomante.

Las operaciones militares sobre las defensas de Asomante comienzan los días 10 y 11 de agosto, dedicadas principalmente a operaciones de reconocimiento y planificación. El día 12 de agosto se ordena el desplazamiento de fuerzas de artillería y tropas de infantería contra posiciones españolas. En el duelo de artillería entablado, a pesar de la superioridad numérica en piezas de artillería de las fuerzas invasoras, la posición topográfica favorable de las fuerzas españolas y la calidad de alcance de sus limitados cañones, dieron la victoria en el duelo de artillería a éstos últimos. Concluidas las operaciones militares de ese día, sin que se llegara a dar un avance masivo de las tropas estadounidenses sobre las posiciones españolas, llegó la noticia del Armisticio.

En la defensa de Asomante se destacaron por su valor y capacidad como soldados el Capitán de Artillería Ricardo Hernaíz, al igual que el Capitán de Infantería Pedro Lara. Una vez más, aunque cargado de valor su desempeño militar, el mismo de dio dentro del cumplimiento de su deber como soldados al servicio de España.

Otras acciones militares desde una perspectiva nacional

Mientras  esto ocurría en las alturas de Asomante en Aibonito, en Ciales, 400 puertorriqueños en su mayoría campesinos, ese mismo día 13 de agosto, levantando la bandera de la independencia, se lanzaron a la lucha contra las autoridades españolas. Luego de los insurgentes enfrentarse militarmente a las unidades del Instituto de Voluntarios y las fuerzas de la Guardia Civil leales a España, finalmente, luego de agotar sus municiones, se retiraron a la zona montañosa dejando en el pueblo un saldo de 11 muertos y cerca de una veintena de heridos. Se trata este de un acontecimiento inspirado en la misma óptica que Betances hiciera en su llamado en una carta sin fecha al Dr. Julio Henna, cuando le indica:

“¿Qué hacen los puertorriqueños? ¿Cómo no aprovechan la oportunidad del bloqueo para levantarse en masa? Urge que al llegar las vanguardias del Ejército americano sean recibidas por fuerzas puertorriqueñas, enarbolando la bandera de la independencia, y que sean éstas quienes les den la bienvenida.

Cooperen los norteamericanos, en buena hora, a nuestra libertad; pero no ayude el país a la anexión. Si Puerto Rico no actúa rápidamente, será para toda la vida una colonia norteamericana.”[8]

Un año antes, el 24 de marzo de 1897, en Yauco, bajo el mando de Fidel Vélez, una fuerza de 70 hombres armados de machetes y unas pocas armas de fuego, levantando la bandera adoptada por la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano se enfrentó a unidades de soldados regulares de infantería españoles, a la Guardia Civil y al Instituto de Voluntarios.  La acción militar contaba, además, con el apoyo de otros pueblos como Sábana Grande y Guánica, el cual no llegó a producirse. En la región Suroeste de Puerto Rico hacía tiempo venía desarrollándose un movimiento conspirativo, esencialmente anti español, del cual participaban múltiples personas cuyo objetivo era proclamar la independencia de Puerto Rico respecto al Reino Español.

En esos momentos, mientras llegaban las noticias del fracaso del intento de Yauco, en el seno de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano, se discutía la posibilidad de organizar una expedición armada hacia Puerto Rico desde Cuba donde se abriera un segundo frente de guerra contra España en las Antillas. Con tal propósito se elaboró el Plan Lecret.

El General del Ejército Libertador de Cuba, José Lecret Morlot, había elaborado un plan de invasión a Puerto Rico para lo cual solicitaba la autorización del Gobierno Revolucionario Cubano. Los también generales cubanos José Miró y Enrique Collazo apoyaban esta iniciativa. Sin embargo, tanto el Delegado del Partido Revolucionario Cubano Tomás Estrada Palma, como el General Calixto García, se oponían al mismo. Luego de infructuosos esfuerzos, mediante carta de 8 de septiembre de 1897, el General Lecret Morlot optó por abandonar su propuesta.

Otro plan de traer a Puerto Rico una expedición militar desde Cuba, surgió a finales de 1897, en lo que se conoció como Plan Morales. Al igual que el anterior plan, no recibió el apoyo de Estrada Palma, por lo que el 6 de enero de 1898 el Directorio de la Sección Puerto Rico decidió abandonar la propuesta.

La colaboración del Dr. Julio Henna con la invasión

El 15 de febrero de 1898 estalló en Cuba el buque militar USS Maine, lo que despejó toda duda sobre los futuros acontecimientos. Indica Delgado Pasapera que  el 10 de marzo el Dr. Julio Henna, quien en ese momento presidía la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano, viajó a Washington y con la ayuda de los cubanos Gonzalo de Quesada y Ricardo Díaz Albertini, se entrevistó con el Senador y miembro del Comité de Relaciones Exteriores del senado Henry Cabot Lodge. Allí el Senador convenció a Henna que si le ofrecía información sobre Puerto Rico se ocuparía de Puerto Rico, a lo que Henna accedió entregándole información recopilada en los planes de Lecret y Morales, así como un mapa donde aparecían señalados “los caminos y las guarniciones españolas con el número de tropas destacadas en cada punto.” Allí Henna solicitó en nombramiento de Comisionado Civil sin sueldo para acompañar las tropas invasoras a Puerto Rico y ser “su intermediario ante los puertorriqueños.” Más adelante Henna solicitaría de las autoridades estadounidenses el uso de los puertorriqueños en Nueva York en la invasión.

Las acciones del Dr. Henna fueron repudiados por el Dr. Betances. En una carta que le escribiera al primero el 16 de abril de 1898, Betances le indicaba que “ninguno de nosotros tiene el derecho, como jefes africanos, de coger el país y entregárselo a un poder extranjero. Esa decisión no le pertenece sino a todo el pueblo portorriqueño. Yo doy mi nombre para la revolución; no para la conquista de mi tierra...”[9]

Ante este cuadro, Betances le escribe a Eugenio María de Hostos el 7 de junio de 1898, quien entonces se encuentra aún en Chile, alertándole de los planes de Henna y exigiéndole que sobre él “haga presión todo lo posible” para obtener para Puerto Rico “las mismas concesiones, siquiera, que se hacen para Cuba.”[10]

Cuando Hostos llega a Estados Unidos, ya la suerte estaba echada. El 12 de julio de 1898 la Sección Puerto Rico había aprobado una resolución en la cual se apoyaba la participación de un grupo de puertorriqueños como parte de las fuerzas invasoras. Entre los días 18 y 19 de julio, la prensa estadounidense informó que desde Santiago de Cuba había partido hacia Puerto Rico una fuerza expedicionaria compuesta por más de 3,000 hombres bajo el mando del General Nelson Miles con el propósito de consumar la invasión de Puerto Rico. En su Diario[11] Hostos consignará lo siguiente:

“Día muy triste para mi. Desde [t]emprano me telefoneó Henna para decirme que estaba saliendo la primera expedición armada que el Gobierno americano envía a Puerto Rico. Como parte de esta expedición va según el rumor público, a apoderarse de la Isla para anexionársela; y como confirma en parte este rumor el hecho de no haber atendido el Gobierno americano el ofrecimiento de la Delegación puertorriqueña para acompañar en comisión civil al ejército de invasión, es casi seguro que Puerto Rico será considerada una presa de guerra. La independencia, a la cual he sacrificado cuanto es posible sacrificar se va desvaneciendo como un celaje: mi dolor ha sido vivo.”

El 2 de agosto, en pleno desarrollo de la campaña militar en Puerto Rico, en Asamblea celebrada en Chimmey Hall en la ciudad de Nueva York, la Sección Puerto Rico acuerda su disolución. En ese mismo proceso, Hostos propone la creación, junto al Dr. Henna y a Manuel Zeno Gandía, de la Liga de Patriotas Puertorriqueños.[12] La misma quedaría constituida formalmente el 10 de septiembre de 1898. En su Manifiesto A los puertorriqueños, Op. Cit. , indica Hostos:

“La Liga de Patriotas, en cuyo nombre os hablo, se ha constituido con dos fines; uno, inmediato, que es poner a nuestra madre Isla en condiciones de derecho; otro, mediato, que es el poner en actividad los medios que se necesitan para educar a un pueblo en la práctica de sus libertades que han de servir a su vida, privada y pública, industrial y colectiva, económica y política, moral y material.”

A estas alturas, ya el Protocolo de Armisticio con el que concluyeron las operaciones militares de la Guerra en Puerto Rico se había firmado, se estaba desarrollando el proceso de repatriación de las tropas españolas en Puerto Rico y se comenzaba a consolidar la ocupación estadounidense del país. En el proceso, muchos de aquellos que defendieron inicialmente los pabellones españoles en Puerto Rico, ahora comenzarían el proceso de transferencia de lealtades hacia el nuevo pabellón imperial de Estados Unidos.

La suerte en el desarrollo de la guerra, desde antes del comienzo de las hostilidades militares, estaba echada: puertorriqueños dispuestos a participar de una invasión sobre su propio país para liberarlo de España y entregarlo a Estados Unidos; puertorriqueños defendiendo militarmente al país frente a una invasión, pero no para reivindicar la independencia, sino para mantener y perpetuar la relación autonómica entonces existente con España; puertorriqueños que enfrentarían con las armas a puertorriqueños que reclamaban con la armas el fin de la dominación española y la proclamación de la independencia; y puertorriqueños que estarían dispuestos a empuñar las armas contra España y contra Estados Unidos en la búsqueda de su independencia.  Es dentro de estas opciones que debemos juzgar los sucesos de Coamo y Asomante que hoy recordamos. Al hacerlo, debemos evocar no solo el valor de sus actores, sino las ideas por las que lucharon y murieron.

Conclusiones
Coincidimos con el compañero Edgardo Pratts en las conclusiones que formula en su libro Aibonito en 1898, En la última trinchera: la Batalla de Asomante[13] en cuanto a lo siguiente:

(a) En Aibonito en 1898 se esfumó la lealtad a España;

(b) La Batalla de Asomante es un “episodio honroso y significativo en nuestra historia”;

(c) La condición “estratégica” que en ese momento representaba el altiplano de Aibonito para una línea de defensa en el avance de las tropas estadounidenses;

(d) La capacidad de las tropas españolas, aún a pesar de las condiciones en las que se les requirió pelear, para enfrentar el avance de las tropas estadounidenses;

(e) El valor demostrado por algunos oficiales en las fuerza españolas en el combate;

(f) La necesidad de una revisión con respecto a la historia oficial que ha pretendido disminuir la importancia del breve período de enfrentamientos militares entre España y Estados Unidos en Puerto Rico en el contexto de la Guerra de 1898;

(g) Abordar otros sucesos igualmente importantes en el contexto de la Invasión, como respuesta de los puertorriqueños ante el drama de una guerra de anexión.

Sin embargo, la valoración histórica que sobre tales sucesos hagamos, así como del conjunto de hechos que bordean los sucesos de 1898 no deben llevarnos, bajo otras circunstancias, a extrapolar su significado imprimiéndoles características épicas o mitológicas que ciertamente no estuvieron presentes.

El valor y gallardía desplegados en combate por oficiales españoles o por puertorriqueños que formaron parte de las fuerzas españolas debemos examinarlos dentro del marco del comportamiento militar esperado de un soldado al servicio de  un mando militar. Las acciones militares desarrolladas por el Comandante Martínez Illescas, por el Capitán puertorriqueño Frutos López, el Capitán de Artillería Hernaíz o el Capitán de Infantería Lara, se desarrollaron, si bien frente al avance de una fuerza invasora, desde la perspectiva de la defensa de los intereses del Reino Español en Puerto Rico. La defensa que llevaron a cabo en Coamo o en Asomante, se dieron desde la misma perspectiva política e histórica que se dio la represión contra los insurgentes del 1897 en Yauco, o los acontecimientos desatados en el mismo día en que se suspenden las operaciones militares en Asomante frente a los insurrectos en Ciales.

Más que el valor militar de aquellos oficiales españoles, que cumplieron con su deber, merece elogio y reconocimiento histórico  aquellos soldados de fila, que sin tener nada a cambio que proteger que no fueran sus míseras vidas como soldados conscriptos para la guerra, mantuvieron sus puestos de combate ante el avance de un enemigo superior numéricamente y mejor pertrechado, hasta el final de la jornada.

En esta valoración histórica, también es necesario destacar a aquellos que, actuando como Betances lo hubiera querido, enarbolaron la bandera de la independencia y estuvieron dispuestos a recibir a las tropas americanas con las mismas armas en mano con que habían sabido enfrentar a las tropas españolas; a diferencia, de aquellos otros, que desde el interior del país como desde el exilio, entregaron a un nuevo amo imperial el destino de su propia patria.

La conmemoración de la batalla de Coamo y Asomante, a la distancia de más de un siglo, sin embargo, propicia hoy un punto de encuentro adicional en nuestra reflexión colectiva como pueblo, como nacionalidad. Ese punto de encuentro es nuestra mirada hacia el futuro. El profesor Juan Manuel García Passalaqua,[14] publicó el pasado 8 de agosto de 2006 un interesante escrito en el cual, conforme a su título, planteaba una convocatoria: ¡recordar una batalla ganada!

En los procesos de lucha de los pueblos, la pérdida de la memoria colectiva es quizás una de sus mayores limitaciones. En los pueblos coloniales, la historia como proceso social, económico y político, es la historia de los conquistadores. Ese es el mecanismo por excelencia para la dominación ideológica del colonizado. Una historia sin referentes propios, sin lucha, sin victorias, sin triunfos, todo ello facilita la dominación. Es por eso que en la formación de la conciencia e identidad nacional de un pueblo, cada rescate de esa historia propia que le arrebatemos al enemigo, al contrario, al adversario, para colocarla como referente para el desarrollo futuro de nuestros procesos emancipadores, se convierte en objetivo necesario.

¿Que seríamos hoy todos, si los esfuerzos que condujeron a la victoria en la lucha por sacar la Marina de Guerra de Estados Unidos de Vieques de momento se esfumaran? ¿Qué sería de nuestra memoria colectiva si no viéramos en la defensa de nuestro idioma, de nuestra cultura, de nuestra identidad nacional frente a un proceso dirigido de asimilación por parte de Estados Unidos, en las múltiples manifestaciones de resistencia a la anexión de nuestro país a otro no solo distinto, sino culturalmente diferenciado, sino una de las más importantes batallas ganadas en la lucha por la sobrevivencia de nuestra nacionalidad? ¿Qué seríamos hoy todos nosotros si en nuestra memoria colectiva no estuvieran presentes figuras de la talla de  Betances, Hostos, Albizu, Corretjer; nuestros prisioneros nacionalistas; nuestros actuales prisioneros políticos; la memoria de Filiberto Ojeda Ríos o las aportaciones  históricas hechas por Ricardo Alegría dirigidas a la preservación de una memoria cultural colectiva como pueblo; y la constancia del sacrificio y trabajo de cientos y miles de compañeros y compañeras que día a día ganan batallas, pequeña y grandes, en el forcejeo permanente por la conquista de nuestros derechos soberanos.

Ciertamente como indicó Juan Manuel García Passalaqua en el artículo citado, “[L]a historia se describe con narraciones y con símbolos. Esta historia– de ésa nuestra historia– merece conocerse por las futuras generaciones, y merece además tener un símbolo vivo y eterno.”

Llegará el día en que esos símbolos patrios, en el tortuoso camino de nuestra historia de liberación, llenen cada rincón del país. Ese día nuestro reencuentro con la verdadera historia de nuestra nación asumirá un rostro diferente, el rostro de un país libre y orgulloso de sus luchas, forjado y templado en su resistencia, dispuesto a forjar un nuevo y maravilloso futuro.


[1]Negroni, Héctor Andrés, Historia Militar de Puerto Rico, Colección Encuentros, Serie Textos, Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1993.
[2] Pasapera Delgado, Germán, Orígenes del independentismo puertorriqueño, Revista de Historia, Año 1, Núm. 1, enero-junio, 1985. También véase de su autoría el libro Puerto Rico: sus luchas emancipadoras (1860-1898), Editorial Cultural (1984), pág. 25.
[3] Rivero, Ángel, Crónica de la Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico, Editorial Edil, ed. 1972.
[4] Torres Rivera, Alejandro, Militarismo y Descolonización; Puerto Rico ante el Siglo 21, Ediciones Comité de Estudios CNH, 1998.
[5] Negroni, Op. Cit.
[6] Rivero, Op. Cit.
[7] La presencia de puertorriqueños participando en operaciones militares en contra de las tropas españolas también estuvo presente en otras operaciones militares. De acuerdo con Delgado Pasapera, por ejemplo, en su libro Puerto Rico: sus luchas emancipadoras (1850-1898) “...La presencia junto a las tropas invasoras de personas reconocidas hasta ese momento como dirigentes independentistas, fue un elemento desintegrador y colaboró a aumentar la confusión reinante. En condición de miembro de la Puerto Rico Comission venía junto a otros, acompañando al ejército invasor, Antonio Mattei Lluveras y al mando de un cuerpo irregular nombrado Puerto Rico Guards, marchaba con el rango de Coronel honorario del ejército norteamericano el anexionista Mateo Fajardo. Una avanzadilla de puertorriqueños, que bajo el mando de Eduardo Lugo Viña tomó Sábana Grande y San Germán, siendo desalojada de éste último por las fuerzas españolas, no lo hizo levantando la bandera de la independencia, sino como avanzada de las fuerzas norteamericanas y tomando el nombre de Puerto Rican Scouts.”
Carta de Ramón Emeterio Betances al Dr. Julio Henna, Presidente de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano. Ramón Emeterio Betances, Colección Pensamiento de Nuestra América, Casa de las Américas, Cuba.
Ramón Emeterio Betances, Op. Cit.
Ramón Emeterio Betances, Op. Cit.
De Hostos, Eugenio María, Diario II, Obras Completas.
De Hostos, Eugenio María, Madre Isla, Obras Completas.
Pratts, Edgardo, Aibonito en 1898, En la última trinchera: la Batalla de Asomante, Editorial Asomante, Segunda Edición, 1898. Estas conclusiones también figuran en su reciente publicación De Coamo a la Trinchera de Asomante, Fundación Educativa Idelfonso Pratts, Aibonito, 2006.
García Passalaqua, Juan Manuel, Recordemos la batalla que ¡ganamos!, El Nuevo Día, 8 de agosto de 2006.

12 de agosto de 2006 (revisado 17 de julio de 2012)