30 oct. 2012

Jayuya en la historia patria


Por Vilma Soto Bermúdez / MINH   

«Cuando la tiranía es ley, la revolución es orden.»
Pedro Albizu Campos


La colonia se convirtió en puño que golpeó recio al invasor. Puerto Rico, el país del manso cordero, no resultó tan sumiso. Eso lo debieron reconocer los yanquis cuando pusieron sus botas en 1898 en tierra boricua. Pero no. Su soberbia era y continúa siendo infinita, de dioses.

Acostumbrados a rehacer historias ajenas, a acomodar bajo su brazo el pan de otros, llegaron menospreciando a un pueblo con más años de cultura que el suyo propio. Con su estruendosa entrada bajo el fragor de los cañones trataron de doblar las rodillas de todo un pueblo. Imposible, cuando de ese pueblo trabajador surgió un líder que los hizo estremecer a ellos… al imperio del Norte.

Don Pedro Albizu Campos, fue el adalid de cuya mente salió la estrategia para atacar al invasor. Era la década del 50. Los yanquis estaban en todo su apogeo como dominadores. La Ley de la Mordaza prohibía hablar en contra de ellos y por la soberanía de la patria. Irónico. Los puertorriqueños debieron ocultar su propia bandera mientras la enseña gringa flotaba por todo el país y los nuevos amos trataban sin éxito que el jíbaro de la montaña olvidara el castellano y mascullara el inglés.

Estados Unidos, para calmar la opinión internacional que apoyaba la liberación de la Isla, se aprestaba a maquillar a la colonia bajo el sambenito de “Estado Libre Asociado”. Se elegiría el primer gobernador puertorriqueño y se redactaría una constitución que ellos vetarían descaradamente. Don Pedro sabía que había que atacar pronto. Y hacia eso se dirigió: El pueblo se levantaría en armas comenzando desde Jayuya, pueblo en el centro del país, y se propagaría la chispa libertaria a toda la Isla, a un mismo tiempo. Pero los planes habrían de adelantarse debido a un delator. La revolución se había previsto cerca de 1952, no en el 50.

El 26 de octubre fue el primer indicio de que el gobierno dirigido desde Estados Unidos por Harry Truman, planificaba una acción en contra de los nacionalistas. Don Pedro regresaba de los actos de conmemoración del General Antonio Valero, puertorriqueño héroe de la independencia latinoamericana que luchara junto a Simón Bolívar.

El Partido Nacionalista conocía que se pretendía asesinar a don Pedro en Fajardo, cuna de Valero. Solo el celo de los nacionalistas evitó la tragedia. En el trayecto de regreso a su casa, dos de los carros de la escolta fueron detenidos.

Al día siguiente, la casa de Albizu amaneció rodeada. No se podía esperar más. Habría que adelantar la revolución. Pedro Ulises Pabón fue el hombre enviado por Albizu a dar el alerta. Antes de dejarse encarcelar, atacarían. Era preferible eso a no dar la batalla abierta, mirando a los ojos del monstruo. Todos los cuarteles de la policía serían tomados el 30 de octubre de 1950. Se atacaría La Fortaleza, residencia del gobernador y en Washington, un comando armado, con vuelo de ida sin regreso, se encargaría de la Casa Blair (1ro de noviembre) residencia temporera de Truman. Era la primera vez en la historia de Estados Unidos que su ciudad capital iba a ser atacada por fuerzas de liberación extranjeras.

Blanca Canales, nacionalista y revolucionaria relata:

"Esa día hubo actos de heroísmo en Peñuelas, Ponce, Mayagüez, Naranjito, Arecibo, Utuado, Jayuya y San Juan. En Jayuya recibimos el aviso el sábado 28 de octubre traído por el Comandante Nacionalista de Arecibo, el patriota Juan Jaca, quien vino a mi casa a avisarnos a Elio Torresola y a mí y que, como tenía la encomienda de llevar la noticia a otros pueblos, lo llevara en mi carro hasta el pueblo.

"Esa tarde reunidos en casa (Elio, Carlos Irizarry y yo), decidimos no avisar a los nacionalistas que vivían en el pueblo y en otros barrios debido a que sabíamos que había agentes del gobierno infiltrados en el movimiento libertador.

"Esta es la razón por la cual a los hombres de Coabey, Elio les avisó esa misma mañana del 30 de octubre. De esa manera solamente salieron en dirección a Jayuya unos veinte hombres a quienes ya se les había tomado el juramento del Partido. Este fue tomado por mí antes de salir hacía el pueblo mientras yo desplegaba con mis manos la bandera de Puerto Rico."

La revolución en Jayuya fue dirigida por Elio Torresola que mantuvo en jaque a las fuerzas del gobierno. En el pueblo se quemaron los archivos de reclutamiento del ejército gringo con los nombres de los puertorriqueños. Pese a ser un delito, (en esos tiempos, los nacionalistas eran encarcelados por negarse a inscribirse en el ejército estadounidense) a ningún separatista se le acusó por el hecho, señal de que a Estados Unidos no le convenía que la mirada internacional se posara en su colonia.

El 30 de octubre de 1950, en Jayuya, una mujer con arma en mano, Blanca Canales, proclamó la República de Puerto Rico. Luego de tres días de intenso bombardeo militar (se utilizó el mismo tipo de avión que más tarde bombardearía a Corea) Estados Unidos pudo doblegar a los patriotas. Atrás quedaron pueblos destruidos por la aviación gringa. Miles fueron perseguidos, muertos, 3000 hombres y mujeres encarcelados… esa es la historia de la Patria. La noticia recorrió el mundo. Los pueblos conocieron la verdad de Puerto Rico y de su lucha emancipadora. No más tapar el cielo con la mano.

El 30 de octubre, como todos los años, los puertorriqueños recordaremos a los patriotas que murieron o sufrieron cárcel por la redención de su Patria. Muchos de los insurgentes fueron condenados a más de 400 años de prisión. Habrá este día poco destaque en la prensa, de haber alguno: La Ley de la Mordaza todavía amarra conciencias.

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