26 sept. 2012

Este Lares

Por Julio Muriente Pérez / Copresidente del MINH


No provoca ninguna gracia, que mientras el País anda manga por hombro, dando bandazos, de crisis en crisis, clamando por quienes puedan sacarlo del atolladero, algunos representantes del movimiento independentista organizado hayan protagonizado un papelón vergonzoso este Grito de Lares, todo por la obstinación, el capricho y la impertinencia política de quienes creen de que el patriotismo es un asunto del que se puede disponer arbitrariamente.

Esa situación, si nos respetamos a nosotros y nosotras, si reconocemos la seriedad y trascendencia, no de una efemérides, sino de un proceso histórico de transformación social como el que supone vencer al colonialismo, debería servirnos para realizar una reflexión profunda; sobre nuestra pertinencia o impertinencia como organizaciones independentistas, sobre nuestra utilidad o inutilidad, de si somos o no capaces de estar a la altura que exigen los tiempos, o si en cambio no tenemos la capacidad de superar pequeñeces, envidias, egoísmos, mezquindades, arrogancias, oportunismos… todo ello tan ajeno a la sociedad que se supone aspiremos a edificar en el porvenir.

Esto lo digo sin el menor espíritu de fracaso, resignación, ni pesimismo. Sí con disgusto, ante la insolencia de algunos y algunas que están desacreditados como dirigentes de una lucha tan seria como la nuestra.

Lo digo con el deseo urgente de que esta situación se rectifique y se supere de inmediato; de que llamemos a cada cosa por su nombre, de que seamos intransigentes ante quienes por la razón que sea, le hagan daño a esta lucha que tanto ha costado desarrollar por décadas y siglos.

Podemos reconocer, aunque preferiríamos que fuera diferente, la debilidad y pequeñez de las organizaciones independentistas. Lo que no podemos consentir es que flaqueen la dignidad, la ética, el humanismo, el respeto y la solidaridad de quienes conformamos el movimiento independentista organizado. Son precisamente esas virtudes las que muchas veces han permitido que superemos nuestras debilidades organizativas en esta lucha tan desigual; y las que nos han ganado el aprecio y el respeto de nuestros compatriotas.

Tenemos que entender que la gravedad del momento histórico que vivimos, a nivel nacional e internacional, no tolera de nosotros flaquezas que sólo benefician a los enemigos de nuestro Pueblo, y exige en cambio una profunda madurez política e ideológica y un alto sentido de patriotismo y desprendimiento.

No debe volver a ocurrir que las diferencias o problemas internos de una organización independentista se conviertan en un obstáculo infranqueable para el resto del independentismo organizado.

No debe volver a ocurrir que alguien, a título de jefe de una facción en disputa, con una carta privatizadora en mano e ínfulas mesiánicas recalentadas en el espíritu, imponga su voluntad caprichosamente así, tan sencillamente, porque le da la gana.

No debe volver a ocurrir que, impunemente, una organización independentista en la que el resto de las organizaciones deposita su confianza para resolver un problema serio, asuma una actitud pusilánime y oportunista, todo por tener unos minutos en la tribuna, para convertir la sagrada tribuna de Lares en centro de campaña electoral.

Ahí afuera está nuestro Pueblo observándonos. Ese Pueblo que nos aprecia y respeta, al que hemos acompañado en tantas luchas exitosas durante los pasados años. Nos está exigiendo que demos un salto de calidad, que impongamos disciplina y decoro, que demos el ejemplo. Pero un buen ejemplo, no el ejemplo desgraciado que han dado algunos y algunas en estos días.

Es a ese Pueblo al que tenemos que responder. Ahora, que si no tenemos la capacidad, la voluntad o la entereza de carácter para estar a las alturas de nuestros tiempos, mejor renunciemos y que otro u otra con más nobleza de espíritu ocupe nuestro espacio. A ver qué dice y que hace cada cual.

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