11 jul. 2012

Aquel gasoducto murió


Juan Camacho / MINH

El gasoducto del norte, aquel proyecto que iba a transportar gas natural del sur al norte a través de una tubería de 92 millas y que tenía como propósito bajar la factura de energía eléctrica en un 30%, murió.

Durante más de dos años y provisto de grandes recursos económicos, el Gobierno no pudo demostrar, de manera científica y operacional, la viabilidad y necesidad del mismo, tanto al país como a las agencias federales que tienen como función autorizar su construcción.

Ante esa realidad objetiva, planteada desde el día uno por la oposición comunitaria, científicos y académicos, el gobernador reacciona – nuevamente- de manera equivocada. En lugar de recoger velas y abrirse a las ideas y recomendaciones que al final han demostrado ser las más factibles y las menos onerosas, persiste en promover lo que ya había sido descartado por los sectores antes mencionados y hasta por las agencias federales. Veamos. El diseño inicial del tubo ocultó 20 válvulas de interconexión, las cuales se instalarían luego de aprobada la construcción para suplir gas natural a empresas e industrias existentes y futuras de la ruta. Sin embargo, derrotado el proyecto inicial y resuelto el problema fundamental de transportar gas a las plantas del norte, el gobernador persiste en mantener la treta anterior construyendo un tramo de Palo Seco a Arecibo para suplir gas a dichas empresas e industrias.

Si peligroso era el tramo del tubo de Palo Seco a Arecibo en términos ambientales y de seguridad de las personas en el concepto anterior, más peligroso sería si le añadimos ramificaciones de tubos para regar gas a tutiplén a empresas e industrias que lo requieran. Advertimos también, que tanto Pesca y Vida Silvestre como EPA han objetado la instalación de dichas válvulas.

El gasoducto original murió, pero las propuestas y las razones politiqueras y corruptas que lo motivaron siguen vivas. Seguimos alerta. 

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