14 jun. 2012

Tirar a matar


Por Héctor L. Pesquera Sevillano / Copresidente MINH

Muchos se sorprendieron y quedaron perplejos cuando Héctor Pesquera (el otro) le recomendó a los ciudadanos que si eran objeto de un robo domiciliario y tenían un arma legal, que “tiraran a matar, a la masa”. A mí no me causó el más mínimo asombro.

El actual Superintendente de la Policía y yo nos criamos juntos. Estudiamos en la misma escuela superior, compartimos como estudiantes universitarios en la UPR e incluso nos iniciamos en la misma fraternidad. Hace muchos años, como unos 40 para ser más preciso, el susodicho se encontraba en una bebelata con amigos mutuos. Habiendo dos Héctor Pesquera parientes y fraternos, -uno pitiyanqui y el otro independentista- alguien le preguntó al entonces recién reclutado agente del FBI, que si hubiera un conflicto armado o guerra entre anexionistas e independentistas y yo estuviera al otro lado, si me dispararía a matar. La respuesta no se hizo esperar. Contestó que no le temblaría la mano de ocurrir una situación como esa. Yo no estaba presente en esa actividad, pero fui informado de las expresiones del “primo”.  Por eso no me sorprenden las recomendaciones irresponsables, deshumanizantes y faltas de toda sensibilidad de Héctor Manuel Pesquera.

Igual comportamiento exhibió el escuadrón de agentes del FBI que rodearon a Filiberto en Hormigueros el 23 de septiembre de 2005: tiraron a matar. Ese es el entrenamiento y la deformación que reciben estos individuos durante su periodo de adoctrinación como miembros de esa agencia policiaca. Para ellos Filiberto Ojeda Ríos era un criminal que había que matar sin contemplaciones. Así preparan mentalmente a esos guiñapos humanos: independentistas y delincuentes son la misma cosa.

Pero el problema se dispara y multiplica cuando tenemos un gobierno cuya política pública es “tirar a matar” todo lo que represente afirmación nacional, instituciones profesionales y culturales del pueblo puertorriqueño y toda expresión de nacionalidad borincana. El ''arma de reglamento’’ utilizada por los sicarios gubernamentales, la mayoría de ellos a sueldo en la legislatura, es recortar fondos y estrangular económicamente a sus víctimas.

De forma despiadada le tiraron a matar al Colegio de Abogados, al Ateneo Puertorriqueño, al Instituto de Cultura Puertorriqueña, al Centro Cultural Casa Aboy en Miramar y otros centros culturales; al idioma español como vehículo de enseñanza y comunicación en nuestras escuelas, a los estudiantes universitarios y sus reclamos, a los proyectos de autogestión comunitaria, a los derechos democráticos garantizados en la Constitución del ELA y, muchas otras instancias en las que a lo nuestro se la ha tirado a matar.

El clima de hostilidad generado por tanta violencia de Estado se agrava al conocerse los salarios extravagantes de los funcionarios de confianza del Gobierno, los gastos exorbitantes en salones de belleza de la Primera Dama con cargos al pueblo, los contratos millonarios a los amigos del gobernador, la corrupción y los viajes en primera clase con dinero público, sin olvidarnos del fraude, el traqueteo y la trampa electoral. El Chofer del Secretario de Desarrollo Económico, por ejemplo, tiene un salario de $125,000 anuales. Este empleado de confianza de Pérez Riera tiene mejor salario que los jueces del Tribunal Supremo, otra de las instituciones tomada por asalto por este gobierno.

Nada de lo anterior, y mucho menos autorizar a los ciudadanos a tirar a matar, contribuye a desarrollar la cultura de paz que necesita Puerto Rico como política pública para detener la violencia callejera y recobrar la convivencia social. Por el contrario, el abismo existente entre clases sociales, esa brecha que se amplia entre la exigua minoría que se beneficia del festín gubernamental y las grandes mayorías excluidas del proceso económico y de su dignidad, genera mucho coraje y desesperanza ciudadana.

Honestamente, no se cuál sea la mejor manera de actuar ante la eventualidad de un robo domiciliario. Pero el sentido común nos dice que provocar situaciones de tiroteo en medio de un asalto domiciliario no es buena idea. Tener un arma en la casa no solo aumenta el riesgo de ser herido o muerto por el atacante, sino que se presta a un uso y manejo indebido de la misma, poniendo en riesgo a todos los integrantes de la familia.  Más bien me parece que actuar con serenidad y mesura se impone ante situaciones como esas.

Una cosa sí es segura y no nos cansaremos de repetirlo. A lo que hay que ''tirarle a matar’’ es a la desigualdad social, al desempleo, al narcotráfico y a la falta de educación y de oportunidades de superación del ciudadano de a pie. En ese sentido coincidimos con las expresiones de Pedro Santiago, Director Ejecutivo de Amnistía Internacional, capítulo de Puerto Rico:  “La criminalidad la reducimos con acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, al trabajo, al deporte y a la cultura. No esperemos descuidar todos estos aspectos y al final mantener el orden basados en mano dura y represión.”

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