7 jun. 2012

Recordación del compañero Carlos Muñiz Varela


Por Julio A. Muriente Pérez / Copresidente del MINH 

Treinta y tres años después del asesinato del joven cubano revolucionario Carlos Muñiz Varela, el FBI ha reconocido la vinculación de personajes tenebrosos del exilio cubano en aquel hecho horrendo. Se señala como responsable de su muerte al extremista cubano Julito Labatut, sujeto detestable y especie de lo peor: terrorista, mafioso, asesino. El mismo que fue objeto de un sonado homenaje organizado por la presidenta de la Cámara de Representantes, Jennifer González y la legislatura PNP, cómplices ideológicos y promotores de la intolerancia. 

Junto con Labatut han de haber participado otros de los de su calaña en el asesinato de Carlos y en numerosos actos de terror contra nuestro Pueblo. Todo esto con la anuencia de los federales. Treinta y tres años después, apenas comienza a hacerse justicia.

Hace treinta años, el 24 de abril de 1982 y en ocasión del tercer aniversario del asesinato de Carlos, fui invitado a participar como orador en la actividad que se celebró en la Ciudad de México, en recordación de Carlos Muñiz Varela.

Desempolvando papeles viejos, precisamente en los días en que se ha hecho pública la admisión de los federales, he encontrado copia de aquella ponencia, que hoy ofrezco a ustedes, como homenaje reiterado a la vida del querido compañero Carlos Muñiz Varela.

Julio A. Muriente Pérez
Copresidente MINH
Junio 2012



Intervención en el acto de recordación del compañero Carlos Muñiz Varela

Sábado, 24 de abril de 1982
México, D.F.



Estimados Compañeros y Compañeras:

Cuenta La Ilíada que colocaron los dioses al gran Aquiles en una vital disyuntiva, a la hora de su nacimiento. En su condición de semidiós debería elegir el tipo de vida que querría vivir: una vida larga, tranquila y apacible, o una vida corta, intensa y heroica. Aquiles, como buen griego de su época y como valiente guerrero que era, eligió la vida corta, intensa y heroica. Fue así como los dioses dispusieron que cayera en combate a corta edad, de un flechazo en el talón, la única parte mortal de su cuerpo. Pero ya Aquiles era inmortal por sus ejecutorias, por su arrojo y valentía, por el gran amor que tenía hacia su pueblo. Seguramente murió satisfecho.

Hoy ya no determinan los dioses nuestras vidas. Sin embargo, para los que de una u otra forma comprometemos nuestra existencia con las grandes aspiraciones de libertad, justicia y amor a la Humanidad, una de las grandes preocupaciones es precisamente vivir una vida con sentido, con intensidad, con valentía y, si se diera la oportunidad, incluso con heroísmo. No nos preocupa tanto los días que podamos vivir, como la función que podamos cumplir durante el tiempo vivido, en beneficio de nuestros pueblos.

Por todo eso llegamos a amar la existencia tan intensamente como a ninguna otra cosa. Tanto la amamos que, cuando llega el día—convenido con los dioses, dirían los aquileos—la ofrendamos por nuestros ideales.

Es por eso que consideramos que, más allá del dolor, la angustia y la rabia que haya podido causarnos el brutal asesinato de nuestro querido compañero Carlos Muñiz hace varios años, más allá de la ira y la sed de venganza que hayamos podido sentir, podemos sentirnos orgullosos, satisfechos y hasta felices. Es el orgullo, la satisfacción y la felicidad —último gran legado que nos dejan quienes con la misma dignidad con que murieron—de saber que Carlos cayó como todo revolucionario aspiraría a caer, combatiendo, luchando contra el terrible enemigo, con la frente en alto, cargado de amor y dulzura.

¡Nunca alcanzarán a comprender nuestros enemigos que aun los crímenes que cometen contra nuestros pueblos se transforman en armas liberadoras, que asesinar cobardemente a un revolucionario es elevar a ese revolucionario al más alto escalafón del valor y la dignidad, que si mortales somos unos y otros, inmortal es la revolución, que cegar ruinmente la vida de un joven combatiente tiene el efecto multiplicador—como los peces y los panes—de reproducir en decenas y cientos de otros jóvenes el ardiente deseo de combatir y triunfar!

Carlos Muñiz no es, pues, una víctima. No. Carlos Muñiz fue un combatiente socialista por la causa de la independencia de Puerto Rico y la defensa de la Revolución Cubana. El sabía muy bien lo que significaba ser un combatiente socialista, un luchador por el cambio social, digámoslo así, un subversivo. Sabía que le podía ir la vida en ese empeño y estuvo dispuesto a ofrecerla. No dudamos que, para asombro y perplejidad de quienes le ultimaron, la última expresión de su rostro vital fuera una sonrisa, como quien dice, “tal como me lo he propuesto, en este instante ofrezco mi vida por la revolución, sin arrepentimiento, feliz, triste porque es tan grande el amor que siento por la vida, pero tranquilo por el deber cumplido”.

Así sólo puede pensar un nuevo tipo de ser humano, que se ha ido forjando con el pasar de los años, así como el metal va transfigurándose en hermoso objeto. Antes de Carlos estuvieron Chagui Mari Pesquera, Antonia Martínez y José ‘Fefel’ Varona. También los chiquillos aquellos a quienes correspondió manejar las cuatro-bocas antiaéreas contra los aviones mercenarios en Playa Girón hace veintiún años.

Los asesinos, eso sí, son los mismos. Residuo putrefacto y despreciable, triste ejemplo de hasta qué extremos puede devaluarse la existencia humana; bestias más que bestias, pretendido obstáculo de los irreversibles procesos revolucionarios y liberadores, son, en fin, impugnación asqueante de los valores y aspiraciones de la Humanidad. Son el pasado que nunca fue mejor, que merece el mayor de nuestros desprecios.

Pero lo que más les duele a estos salvajes es que están derrotados por la historia. En Girón, los flamantes mercenarios de la Brigada 2506 fueron aplastados. Su olímpica operación Pluto se esfumó a manos de los revolucionarios en menos de setenta y dos horas. Allí les quebraron el espinazo a la gusanera y ya no pudo levantar cabeza. Lo deseas han sido aleteos concebidos con toda maldad y rencor de quien se sabe derrotado para siempre. Entonces los bombazos, el avión de Barbados y Carlos.

Muchos han sido los sufrimientos y las tribulaciones que ha pasado el pueblo puertorriqueño. ¡Tantos años de colonialismo y opresión! Nunca ha conocido ese país la independencia, ni siquiera la independencia mediatizada e incompleta que tienen tantos otros pueblos de América. Mas, como dijera el Padre de la patria Puertorriqueña, Ramón Emeterio Betances, “querer ser libre es comenzar a serlo” …y Puerto Rico quiere ser libre.

La lucha por la liberación nacional de Puerto Rico no es cosa fácil. No es fácil ni provoca envidia ser la colonia más importante del imperialismo más brutal y poderoso que ha conocido el Hombre. Sin embargo los puertorriqueños confiamos en nuestra capacidad de lucha y resistencia y además sabemos que contamos con el apoyo de millones de hombres y mujeres en todo el mundo. Seguimos combatiendo con la seguridad de que llegará el día en que podremos gozar la libertad a plenitud, que llegará el día en que de nuestro país se erradicará la explotación y la humillación, de que llegará el día en que Puerto Rico deje de ser cueva de ladrones y de escorias que, expulsadas de sus países por contrarrevolucionarios se dedican a cometer crímenes como el cometido contra la valiosa vida de Carlos Muñiz, ¡de que llegará el día en que cubanos y puertorriqueños, puertorriqueños y latinoamericanos todos podamos en un inmenso abrazo construir la felicidad para todos!

Cuando llegue ese día en que nuestros pueblos venzan la palabra combatir cambiará su significado. Combatiremos entonces el hambre, el analfabetismo, las carencias básicas. Aunque tal vez, como Cuba y Nicaragua hoy, tendremos que estar listos por si hubiera que combatir ante una nueva agresión del enemigo imperialista.

Compañeros y compañeras:

La Revolución Sandinista nos ha enseñado que existe una categoría de hombre muerto, singular, muy especial y única: son los muertos que nunca mueren. Aquellos, que nos siguen acompañando, que son nuestra inspiración y ejemplo, que continúan combatiendo; son los que, si tuviéramos nosotros nuestro Olimpo como los antiguos griegos, allí radicarían y velarían nuestros pasos.

Carlos Muñiz, compañeros, el combatiente socialista Carlos Muñiz, el internacionalista Carlos Muñiz, ese, es de los muertos que nunca mueren. ¡Por ahí anda, junto a Chagui, Antonia y Fefel, junto a los jóvenes cubanos caídos en Girón y a los de Nicaragua, Vietnam y El Salvador! Está aquí con nosotros hoy, inspirándonos, urgiéndonos que sigamos sus pasos, que contribuyamos a completar la tarea.

Claro que sí, querido compañero Carlos; no temas, no desconfíes, aquí nos tienes, dispuestos a continuar la lucha por la que diste lo más preciado de ti. Y, ¿sabes qué, Carlos? Vamos a vencer, y estamos venciendo. ¡Te lo prometemos, que venceremos! ¿Qué mejor monumento a tu memoria y a la de todos los caídos, que la victoria final sobre el agresor?

Esa será, esa deberá ser nuestra modesta aportación, reiterada en este instante solemne en el que recordamos a nuestro hermano caído.

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