5 jun. 2012

Calle 13 y Labatut


Julio E. Fontanet
El Nuevo Día

No existen dos personas más distintas que el puertorriqueño René Pérez, conocido artísticamente como Residente de Calle 13, y el fenecido comerciante Julito Labatud. Irónicamente, el destino les deparó una extraña coincidencia. Al que tenía un negocio de floristería en Río Piedras, la Asamblea Legislativa le rindió un homenaje que, como recordarán, terminó como el rosario de la aurora. A Calle 13, agrupación musical puertorriqueña compuesta por Pérez y Eduardo Cabra (Visitante), luego de recibir un número sin precedentes de Grammys recientemente (nueve) -y romper récord en relación a ese galardón-, otra Asamblea Legislativa, pero del mismo perfil, no aprobó una felicitación.

Ciertamente, lo acontecido en ambos casos es prueba elocuente de la mediocridad e incultura de nuestros cuerpos legislativos, claro está, con sus excepciones. No puedo olvidar cómo el último día de la sesión ordinaria una senadora del PNP le envió una carta al gobernador para que vetara un proyecto por el cual ella votó a favor. Ese mismo día, otro senador -esta vez de minoría- criticó el mismo proyecto, pero advirtiendo que también votó a favor. Ambos se excusaron alegando que el proyecto bajó al hemiciclo mediante el desacreditado mecanismo de descargue y en altas horas de la noche, por lo que no pudieron leerlo detenidamente. ¡Viva el doble cotejo de la bicameralidad!

Ante una asamblea legislativa de esa naturaleza, no debe sorprendernos que no entiendan la gesta lograda por Calle 13, lo que contrasta con los múltiples reconocimientos recibidos por el grupo en naciones de este hemisferio y que, incluso, hayan sido seleccionados como uno de los portavoces del prestigioso rotativo El País en España. Resulta lamentable que el gobierno penepé no le haya hecho el reconocimiento que se merece. Afortunadamente, ante ese vacío, el Ateneo Puertorriqueño les otorgó la Medalla Betances.

René y Eduardo son mucho más que dos artistas talentosos del “rap” urbano. En la mayoría de sus letras, apelan a la solidaridad y al reclamo de derechos humanos, temas que otros artistas de ese género musical ignoran. Para los de mi generación, equivalen a lo que fue Rubén Blades en la salsa de los ochenta. Me llena de optimismo escuchar a muchos jóvenes tararear sus canciones y percibir a través de ellas relatos de crítica social y de eventos ocurridos en el hemisferio americano que de otra manera no conocerían. Por otro lado, dan ejemplo de lo que pregonan: han participado y aportado a causas benéficas y recientemente realizaron un concierto con entrada gratis para todos aquéllos que trajeran arroz y habichuelas para ser distribuidos entre los necesitados. Se aseguran también de que en sus conciertos haya siempre taquillas accesibles a todas las personas, sin importar su capacidad económica.

De Labatud podríamos decir que sus “méritos” incluyen su vinculación con actos de intolerancia contra el movimiento independentista del País y contra la comunidad cubana residente en Puerto Rico que quería fomentar relaciones y un diálogo conciliatorio con los cubanos residentes en la mayor de las Antillas. Cómo olvidar aquella entrevista en la cual se le preguntó si tenía algo que ver con el asesinato de Carlos Muñiz Varela, a lo que respondió: “No fue un asesinato sino un ajusticiamiento que se hizo a destiempo, porque debió haberse realizado antes de que naciera”. Irónicamente, el fallido y ridículo homenaje que le rindió la Asamblea Legislativa permitió a una generación de personas jóvenes conocer el terrible historial de Labatud y las denuncias en su contra por parte de personas con información de primera mano.

En medio de la intolerancia que ha distinguido al gobierno del PNP, no debe sorprendernos lo aquí expuesto. Afortunadamente, somos un pueblo con mucha fortaleza y capacidad de cambio. Y noviembre está a la vuelta de la esquina.

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