30 may. 2012

3er Aniversario En defensa de la Poza del Obispo en Arecibo

Por Perla Franco 

El pasado domingo 27 de mayo residentes de las comunidades de Islote, Jarealitos y el Vigía, junto a otros arecibeños y público en general celebraron el tercer aniversario del campamento de resistencia en defensa de la Poza del Obispo en Arecibo.

La Poza del Obispo es un acogedor balneario que creó la propia naturaleza al separar con dos grandes rocas un pedazo del bravío Océano Atlántico y convertirlo en una pequeña poza de poca profundidad. Allí se deleitan bañistas de todas las edades y así lo han disfrutado generaciones de arecibeños y de residentes de pueblos limítrofes que han hecho suyo el lugar.

Hace tres años los residentes de las comunidades cercanas a La Poza se enteraron de que un individuo de nombre Juan Chapel pretendía privatizar el lugar con la construcción de un condohotel, lo que tendría el efecto de restringir el área de la playa para su lucro personal. Los residentes de Arecibo reconocen en La Poza una parte de su entorno natural. Por eso se organizaron y colocaron un campamento cercano a la playa, a manera de escudo, para no permitir que se les arrebate el uso público de esa playa. Desde entonces permanecen allí, lugar que utilizan para crear conciencia entre los bañistas de la importancia de mantener accesibles sitios como ése para el disfrute público; especialmente cuando los espacios para el entretenimiento sano y gratuito se reducen cada día más en nuestro país.

Chapel es un individuo con una reputación nebulosa, según han podido corroborar los residentes del lugar. La Autoridad de Puertos le alquiló terrenos a la entrada de la playa donde tiene un restaurante. Además, administra el Faro Murillo de Arecibo, donde llegó a colocar serpentinas para impedir el paso por la parte trasera de esa edificación que da hacia una pendiente de cara al mar, con lo cual destruyó piedra rocosa del lugar. Se le reconoce como mala paga. De hecho, hay dos testigos al menos que lo acusan de haber sido contratados por él para realizar trabajos en el interior del faro y nunca les pagó.

Los que mantiene el campamento en defensa de la Poza han logrado persuadir a cada vez mas gente de que los espacios naturales como lo es la playa, no pueden estar a merced de un mercader que quiera limitarlo para su beneficio personal. Contra eso es que luchan los defensores de la playa. Nadie los amilana. Ni siquiera el cansancio. El pasado domingo todo el que llegó comió, bailó, cantó el tercer cumpleaños y confraternizó en franca camaradería. Hubo música en vivo para jóvenes y adultos. Asaron un lechón y lo compartieron con el que llegaba, sin distinción. “La Poza no se vende, la Poza se defiende” repetían a la más mínima provocación llenos de alegría y a sabiendas de que defienden algo muy preciado. Pero no están tranquilos. Saben que tendrán que enfrentar las intenciones de Chapel que anunció recientemente en un diario nacional que pretende desarrollar allí en año y medio el hotel y condohotel de 210 habitaciones además de otras estructuras, entre ellas, tres piscinas, una de ellas de agua salada y tres restaurantes, uno de los cuales proyecta que estará “en la misma playa”. Con ello admitió que espera “incrementar sus ventas” en un 25 o 30 por ciento. Anunció, además que se propone extender su dominio del lugar con la “ampliación” de su concepto de lo que debe ser ese espacio que ahora es de disfrute público. Hasta el momento sus ambiciones y la de los vecinos y los que frecuentan el lugar han estado reñidas.

Mientras tanto, los que participan del campamento se preparan para arreciar su lucha por preservar el lugar como uno público y sin restricciones. Aun cuando las agencias concernientes se han encargado de descuidar el área al extremo, es la propia gente que visita la playa y los que mantienen el campamento los que se han encargado de tener limpio el lugar. Serán ellos también los que se encarguen de preservarlo si el gobierno sucumbe ante el interés privado.

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