21/4/2014

Crucigrama a Gabriela Mistral

Por Vilma Soto Bermúdez
Claridad

Horizontales:

1. Símbolo de la plata.
3. País natal de Mistral.
5. Río de Italia.
7. Apócope de mamá.
8. Pronombre.
9. Río de Rusia.
11. Negación.
13. Antes de Cristo.
14. Voz para arrullar.
15. Nota musical.
16. Artículo.
17. Ciudad donde nació Mistral en 1889.
18. Poemas de las _______; (1950) poemario de Mistral.
20. Del verbo rodear.
24. Ara.
26. Forma de pronombre, pl.
27. Lucila _______; nombre real de Mistral.
29. Mamífero perezoso.
30. Ósculos.
31. Existe.
33. Cuerpo de agua.
36. Dúo.
37. Quiere.
40. Los sonetos de la _______; le hizo ganar a Mistral los juegos florales de Santiago en 1914.
42. Ato fuertemente.
44. Separarlos.
45. Mes hebreo.
47. Preposición.
48. Forma de pronombre.
49. Símbolo del litio.
50. Pronombre.
51. Artículo neutro.
52. Leopoldo _______; (Clarín) escritor español.
53. Diez en romanos.
54. Símbolo del oxígeno.
55. Sacerdote tibetano.

Verticales:

1. Dueño.
2. _______ Mistral; nombre literario de Lucila Godoy. Autora de Poemas de las madres; Desolación; Tala; y, Los sonetos de la muerte.
3. Se fatiga.
4. Lámina córnea en los reptiles.
5. El que guarda la puerta, pl.
6. Plantígrado.
10. Evada.
12. Escuché.
13. Símbolo del aluminio.
19. Dueto.
21. Olfatead.
22. Poemario de Mistral.
23. Pronombre demostrativo.
25. Arrojé.
28. Párroco.
32. Sílaba sacrosanta.
34. Relativo a unos pueblos que habitan en la meseta de Irán.
35. Festival de la canción.
37. Anillo.
38. Gabriela _______; nació en Vicuña, Chile, falleció en Nueva York en 1957.
39. Premio literario otorgado a Mistral en 1945.
41. Existe.
42. Símbolo del talio.
43. Gitano.
46. Poemario de Mistral.
47. Pronombre.

Solución


Buen viaje Cheo

Caricatura por Kike Estrada. Planeta Kike.

Ser independentista

Lcdo. Eduardo Villanueva
Por Lcdo. Eduardo Villanueva

Alguna gente se pregunta por qué nuestro pueblo no es mayoritariamente independentista. Las respuestas son lo más variopintas. Se dice que porque no tenemos confianza en la capacidad de gobernarnos a nosotros mismos, como consecuencia de más de cinco siglos de coloniaje. Esa enfermedad colectiva que es el coloniaje, esa subcultura que nos enseña que el colonizador es superior a nosotros y sin su presencia orientadora nos falta el aire. Se enseña como corolario a la presencia indispensable del colonizador en nuestras vidas, que no tenemos recursos naturales, que nuestra tierra es muy pequeña para albergar productivamente a un pueblo que se gobierne a sí mismo. Existimos en función del otro y vivimos enajenados del propio ser, que solo es porque el otro lo permite. Esa enajenación esquizofrénica hace que seamos admiradores de los que se atreven a ser independentistas pero a la vez, somos sus más feroces críticos. Igual que creemos que la metrópolis colonial alberga gente  superior y nos alegramos de saber que no es así, nos sentimos realizados cuando logramos destruir o debilitar el prestigio de un independentista.

Somos más duros con ellos evaluando su conducta, porque resentimos íntimamente no  atrevernos a dar el paso de ser independentistas y asumir las consecuencias de preparar un plan viable para mandar en nuestra propia tierra, como lo hacen ciento noventa y dos países del mundo que ya están adscritos a la ONU. Los admiramos en secreto pero los depredamos cuando cometen el mínimo error  que son capaces de cometer, simplemente porque son tan humanos y finitos como nosotros. Los niños crecen preparándose para ser independientes de sus padres. Se entrenan para adquirir un oficio o profesión que les permita ganarse el sustento por si mismo, sin seguir dependiendo del hogar en que fueron engendrados o criados, según sea el caso. Lo natural es que crezcamos aprendiendo a valernos por nosotros mismos para que el ciclo se repita y otros vivan de nuestro esfuerzo y aportaciones para preservar la especie y la cultura que nos distingue. Lo que es inherente al ser humano, debería ser natural para los pueblos pero no lo es,   sobre todo, si los pueblos tienen la desgracia de formarse en un régimen colonial.

Si los independentistas no logran ser exitosos en sus carreras profesionales, negocios u oficios, los depredadores que mencioné, dirán que cómo van a aspirar a dirigir un pueblo independiente si no son capaces de dirigirse ellos mismos. Si son exitosos, al contrario, dirán: tanto que hablan y mira cómo viven en un nivel superior a  las masas, haciendo dólares americanos. Por cierto, no conozco que aquí haya doble moneda ni doble ciudadanía para optar por algo distinto al dólar o  la ciudadanía americana. Los colonialistas no son criticados por hacer riqueza, tienen patente de corso para ser burgueses, controlar la producción y acumular bienes. Los independentistas tienen que ser pobres, franciscanos ascéticos, que se sacrifiquen en el altar de la patria para que los demás vivan bien, aunque a la hora de apoyarlos en sus reclamos de libertad o su enfrentamiento al imperio, los dejen solos. Claro, no sin antes expresar lo mucho que los admiran por ser patriotas constantes. Eso es parte del coloniaje que enseña a atacar a los que los defienden y defender a los que los atacan, en una trágica inversión de valores. Por ello es fundamental educar para la descolonización intima y aprender a ejercer la libertad individual para que llegue la colectiva, apoyando a los que han pagado el precio para enseñarnos a nosotros como pueblo, a valorar el don de mandar en nuestra propia tierra.

El legado universal de García Márquez y el amor de sus lectores

Por William Ospina
CubaDebate

Era medianoche cuando se abrió la puerta del apartamento bogotano donde celebrábamos la première de la obra Diatriba de amor contra un hombre sentado, y García Márquez apareció con una noticia en los labios: “¡Acaban de matar a Luis Donaldo Colosio!”. Luz Marina Rodas, la gerente del teatro, me había invitado esa tarde al estreno añadiendo con incertidumbre que a lo mejor tendríamos la presencia del autor.

El autor no se había dejado ver en el teatro, aunque alguien después contó que, apagadas las luces, su silueta se había instalado en la última fila. Los invitados salimos después para la casa de la fiesta, con Laura García, la protagonista del monólogo, el director, Ricardo Camacho, y otros amigos. Ya nos habíamos hecho a la idea de no verlo, cuando García Márquez llegó con la noticia. Venía tarde porque había estado hablando por teléfono con Carlos Fuentes y otros amigos de México.

Yo lo había leído desde mis quince años, pero no lo contaba entre los humanos a los que fuera posible conocer, sino entre los clásicos de la literatura; para mí pertenecía más a la leyenda que al mundo físico. Cien años de soledad había conmocionado nuestras letras y había iniciado en la literatura a varias generaciones. Salvo Jorge Isaacs, Vargas Vila, José Asunción Silva y José Eustasio Rivera, los escritores colombianos eran hasta entonces glorias locales; pero Gabo había triunfado en el mundo entero: no solo lo leían en inglés y en francés, lo leían en húngaro, en mandarín, en lituano, en tamil, en japonés, en árabe. Y cuando en 1982 le llegó el premio Nobel, hacía mucho ya que era uno de los novelistas más afamados del mundo.

Yo incluso sentía que la fama presente de Gabo era mayor que la de todos sus congéneres. En vida, Shakespeare solo fue conocido por los londinenses que frecuentaban el teatro; Voltaire y Goethe tuvieron en su tiempo una fama escasamente europea; Cervantes tardó siglos en llegar a Alemania o a Rusia, aunque acabaría por fascinar a Heine y a Tolstoi, a Thomas Mann, a Dostoievski y a Kafka.

En Panamá, Jorge Ritter se encontró un día con García Márquez y le preguntó por la novela en la que estaba trabajando. “Ya está lista”, le contestó Gabo, “sólo falta escribirla”

Aquella noche tuve el privilegio de conocer a la mayor leyenda de nuestra literatura, pero lo que más me sorprendió fueron su sencillez y su cercanía. Cuando nos sentamos frente a frente a la mesa, le conté que por casualidad había releído Cien años de soledad unos días atrás y que un episodio me había impresionado especialmente. Quiso saber cuál, y le hablé del momento en que el coronel Aureliano Buendía vuelve derrotado a Macondo y, enfermo, en una celda, recibe la visita de su madre.

Me conmovió que ella permaneciera un rato visitándolo en completo silencio, mientras él yacía en su catre, con los brazos extendidos hacia atrás por el dolor de las axilas inflamadas. Ese silencio entre dos seres que tenían tanto que decirse, y que tanto se asemejaban en su voluntad obstinada y en su capacidad de poner a los demás a girar a su alrededor, me parecía muy elocuente.

En ese episodio, cuando Úrsula va a retirarse, le dice bruscamente: “Te traje un revólver”. “No me va a servir de nada —responde el coronel— pero déjelo, porque la van a requisar a la salida”. Gabo iba repitiendo los diálogos a medida que yo los recordaba, y pasé a la escena siguiente, cuando los soldados sacan a Aureliano de su celda para conducirlo al paredón, por el camino del cementerio. De repente se abre la ventana de la casa donde vive su hermano con Rebeca Buendía, José Arcadio sale con un rifle, encañona a los hombres del pelotón de fusilamiento, que en realidad sienten alivio porque no quieren matar al coronel, y salva a su hermano en el último instante.

Gabo me hizo entonces una revelación: “Fíjate que en mis planes el coronel iba a morir fusilado, y era allí donde lo ejecutaban. Por eso la novela comienza con el momento en que el coronel, frente al pelotón de fusilamiento, recuerda aquel episodio de su infancia en que su padre los llevó a conocer el hielo. Pero cuando estaba contando cómo lo llevaban los soldados hacia el cementerio, recordé que en esa calle vivía José Arcadio, y ocurrió algo que yo no tenía previsto: el hermano tomó el fusil, salió de la casa, y salvó al coronel”.

Los chinos sienten que Cien años de soledad revela rasgos poderosos de su cultura, y su traductora al húngaro ha revelado que García Márquez retrata bien la vida de las aldeas de Hungría y el carácter de sus habitantes

Aquella confidencia literaria marcó el comienzo de mi amistad con García Márquez, pero al mismo tiempo empezó a modificar la idea que yo tenía de su literatura. Para mí, Gabo era un autor diestro y fascinante, con un dominio extraordinario del arte de contar, y un control absoluto de sus argumentos: allí comprendí que su aventura creadora seguía otro curso, que el escritor estaba siempre dispuesto a dejarse sorprender por sus personajes y no sabía previamente cómo terminaría su relato.

En Panamá, Jorge Ritter se encontró un día con García Márquez y le preguntó por la novela en la que estaba trabajando. “Ya está lista”, le contestó Gabo, “solo falta escribirla”. Parece una frase traviesa pero está llena de sentido. Dasso Saldívar y Gerald Martin han contado cómo trabajó García Márquez por años en borradores de Cien años de soledad, esa novela que originalmente iba a llamarse La Casa. Sería fascinante encontrar esos borradores donde Gabo definió sin duda los personajes, los episodios, la atmósfera del pueblo, el plano de la casa, las historias de la compañía bananera, el recuerdo de los gitanos, las damas francesas, las lluvias eternas y los aparatos de música de un muchacho italiano, pero yo sé que la principal sorpresa sería que en esos borradores no está Cien años de soledad.

Gabo podía conocer la historia que iba a contar, el mundo donde esa historia ocurría, los personajes y los episodios, pero todavía no tenía lo principal: la entonación, el ritmo del relato, el modo como el hilo saldría de la madeja para convertir esa abigarrada realidad que había en su memoria, ese universo caribeño de personajes disparatados, acontecimientos insólitos y climas delirantes, en el árbol de las razas y en la locura de relojes que hicieron de Macondo una de las comarcas más memorables de la imaginación literaria.

Es esa entonación, esa magia del lenguaje, lo que le dio a García Márquez su perfil inconfundible entre los autores de nuestra época. Los biógrafos siempre vuelven a contarnos que fue al emprender con su mujer y con sus hijos aquel viaje a Cuernavaca, cuando Gabo, que conducía el automóvil, sintió llegar la frase que desenredó la madeja y le mostró, como una epifanía, cuál era el tono, el ritmo que le iba a permitir contarlo todo, ir del comienzo al fin de su biblia pagana del Caribe. Dio media vuelta, volvió a la casa, y se encerró por meses a escribir su novela.

Amos Oz nos ha recordado que las primeras palabras de una obra literaria son mucho más que un comienzo: son una clave, un conjuro: son el hallazgo más importante, el de la entonación, la decisión de quién cuenta la historia. Marcan la pauta del ritmo de la narración, y definen la atmósfera, la perspectiva del relato, la fuerza de su impulso. Así que García Márquez sabe como nadie que aquella frase: “Ya está lista: solo falta escribirla”, significa “tengo todo en mí, pero aún no sé convertirlo en relato, tengo ya la pasión, pero falta la música, tengo el magma primitivo que conformará la obra, pero todavía falta la creación”.

Tiempo después de aquel primer encuentro, le pregunté a Gabo cómo habían sido los días en que se encerró a crear Cien años de soledad. Me atreví a decirle: “En otros libros tuyos se siente el trabajo genial de un escritor, su labor de investigación, su esfuerzo de creación, pero en Cien años de soledad no se siente trabajo alguno, el narrador es un surtidor inagotable y parece que los prodigios fluyeran sin esfuerzo”. “Se me ocurrían sin cesar tantas cosas”, me respondió, “que si hubiera tenido más dinero la novela habría durado otras doscientas páginas”. Siento que en ese trance creador está uno de los secretos de la magia de García Márquez.

Dicen que un clásico es aquel autor que logra tener vigencia y sentido para lectores de muchas culturas y de muchas edades distintas. Por eso tarda en saberse cuando alguien es un clásico, pues no solo tiene que cautivar a gentes de muchas tradiciones culturales, sino de muchos siglos.

No sabemos aún qué dirá el porvenir, pero gracias a las características de esta época, García Márquez ha demostrado su capacidad de cautivar a gentes de muchas culturas. No se trata solamente de que lo aprecien chinos y rusos, iraníes y norteamericanos, franceses y sudafricanos, japoneses y húngaros. Se trata de algo más curioso: del modo como los chinos sienten que revela rasgos poderosos de su cultura, del modo como su traductora al húngaro ha revelado que García Márquez retrata bien la vida de las aldeas de Hungría y el carácter de sus habitantes. Alguien afirmó que la literatura árabe ha cambiado bajo su influencia, y ello se puede decir de muy pocos autores modernos en español.

Me gusta recordar que la primera vez que lo vi, Gabo apareció con una noticia en los labios, porque creo que ese carácter de periodista ha influido positivamente en su literatura. Hay siempre en ella un costado noticioso: su estilo siempre nos está informando algo. Sus párrafos tienen la claridad, la concisión, y a menudo el impacto de las noticias. Su voz no parece corresponder a los meandros de una conciencia o a los laberintos del estilo literario, sino a los relatos populares y a los rumores de una comunidad. Tiene más en común con la Biblia y con las Mil y una noches, que con las obsesivas aventuras verbales de Joyce o de Marcel Proust.

Nunca está lejos de los hechos, nunca se pierde en divagaciones teóricas, en rastreos psicológicos o en largas explicaciones. Por lo general son los hechos los que tienen que explicarse a sí mismos. Es el lector quien debe averiguar, si le interesa, por qué el coronel Aureliano Buendía, hastiado de guerras, se dedica a fabricar pescaditos de oro; por qué Rebeca termina encerrada lejos del mundo. García Márquez cree más en los hechos que en las explicaciones, y siempre fue escéptico con las interpretaciones de los críticos y con las teorías de los académicos, porque sabe que la fuente de las obras es misteriosa, que lo que escribimos es menos un fruto del esfuerzo que un don de lo desconocido.

Eso hace que sus personajes sean seres de carne y hueso y no prototipos o esquemas. Eso permite que al alcalde del pueblo le duela una muela, que una anciana que ha sido orientadora de la historia y dueña de los destinos termine convertida en el desvalido juguete de sus nietos; que un ángel decrépito tenga ruidos en los riñones; que una mujer indescifrable pase sus últimos años tejiendo su propia mortaja; que finalmente cada personaje esté solo, viviendo su aventura impredecible y casi siempre inexplicable.

Ese carácter sorprendente de sus situaciones y de sus personajes podría ser una de las claves de la vitalidad de su prosa. Quiero decir que las invenciones demasiado gobernadas por el pensamiento y por la voluntad terminan siendo predecibles: la razón vive de inventos y de esquemas, crea cosas para que sirvan a determinados fines. Los inventos de la intuición son más misteriosos: van apareciendo como flores de duende, no obedecen a una finalidad evidente, se bastan con su propio milagro y suelen ignorar el desenlace.

Se dice que uno de los secretos de la Biblia es su extraña capacidad de aliar la sencillez con la sublimidad, de decir lo más profundo de la manera más sencilla. García Márquez es uno de esos autores que satisface por igual al crítico más exigente, y a lectores que nunca han leído otro libro. Tiene el don de lo que es a la vez claro, ameno y misterioso

Él mismo ha dicho que lo que encontró aquel día, por la ruta de Cuernavaca fue el tono de la voz de su abuela, la capacidad de decir las cosas más inverosímiles con la cara de palo de quien las cree de verdad. Sus obras parecen derivar de la tradición oral. Como los poemas, quieren ser dichas en voz alta, porque tienen mucho de la virtud sonora del lenguaje. Y también la huella del periodismo está presente allí: la necesidad de un lenguaje que no se aleje del habla común, que esté en diálogo con la actualidad y con el habla cotidiana.

García Márquez no es solo un autor leído sino un autor amado. Quiero recordar finalmente una anécdota que él mismo ignora. Lo acompañé una vez a la librería Gandhi, en Ciudad de México. Gabo había estado enfermo y las gentes lo sabían. Mientras recorríamos los estantes se fue formando silenciosamente, como siempre, una fila de personas que lo esperaban para que firmara sus libros. Me pidió que le avisara cuando hubiera transcurrido cierto tiempo. De pronto vi algo conmovedor. Mientras allá, al fondo, García Márquez firmaba los libros, un par de señoras, a sus espaldas, y sin que él se diera cuenta, lo bendecían.

15/4/2014

''El bosque arde, llanto del pueblo, llanto grande''

Por Karla V. Pesquera
Claridad

En Casa Pueblo nadie lleva los brazos caídos. El incendio que abrazó al Bosque del Pueblo en Adjuntas, la tarde del pasado 27 de marzo, aunque doloroso, no logró socavar la voluntad y el ímpetu de lucha con que Alexis Massol González, director de Casa Pueblo, ha cultivado durante años lo que ha resultado en el Bosque Modelo de Puerto Rico.

De las 200 cuerdas de bosque que son ahora cenizas, brota ya un plan de recuperación que convoca al pueblo puertorriqueño a participar del mismo. “Hemos creado un gobierno, el gobierno del Bosque del Pueblo y hemos logrado incluir primero la gente, la comunidad, que está indignada en Adjuntas y en Puerto Rico y todos quieren aportar y participar en ese gobierno de recuperación nacional, la recuperación de la Patria a través del Bosque del Pueblo como el modelo que debemos hacer para recuperar a Puerto Rico. Ese modelo necesita una gobernanza y esto es lo que estamos haciendo a esta escala. Ese gobierno está compuesto por la gente, las comunidades, la Academia, por los comerciantes y las empresas”, dijo Massol González con relación a la actividad El Bosque Reverdece, el sábado 26 de abril que a partir de las 9:00 de la mañana implementará las estrategias y esfuerzos necesarios para rehabilitar el bosque.

Es imperioso que biólogos, taxónomos y especialistas de bosque evalúen, con antelación a este evento, la región afectada, y que, determinen un plan de recuperación para el ecosistema y la comunidad que el mismo acoge. Sobre todo, el Bosque del Pueblo, región rica en minerales como oro, plata y níquel, que en la década del 60 pretendía ser blanco de la industria minera avalada por el gobierno de Roberto Sánchez Vilella y que fuera impedida, afortunadamente, como consecuencia de la lucha forjada por el movimiento en contra de la explotación minera. Lucha que creció especialmente a mediados de década y que desafió un gobierno que hubiera intercambiado la salud de los puertorriqueños y de nuestro entorno natural por negociaciones con empresas mineras, pretendiendo justificar el saqueo de las tierras como una solución para inyectar la economía del país, cuando en realidad tales perspectivas de “desarrollo” resultan en la pobreza y encarecimiento de los pueblos. “Esa parte que se quemó, esas 200 cuerdas, es el área que se afectó por la explotación minera. Las compañías mineras hicieron barrenos, metieron máquinas… Cuando logramos convertir lo que eran las minas en el Bosque del Pueblo, nos preguntamos qué vamos a hacer con esto y decidimos dejar que la naturaleza lo recuperara”, indicó Massol González.

En esta ocasión, sin embargo, se trata de intervenir inmediatamente en ese proceso natural para acelerar el comienzo de una recuperación que tardará años, quizá décadas, en lograrse del todo. Ya se identificaron zonas del área afectada para ser plantadas de árboles frutales, café, calabaza y bambúas estructurales para comenzar a abrirle paso a la repoblación de la flora y fauna del territorio afectado. “Lo que estamos impulsando es, además del desarrollo, de la protección, de la conservación de las aguas etc., el desarrollo económico sostenible, un modelo de desarrollo participativo y a su vez ecológico, el desarrollo agrícola sostenible”, añadió Massol.

Con este modelo en mente se hace un llamado desde Casa Pueblo a todo Puerto Rico para que estreche alianzas de apoyo a las organizaciones y personalidades que formarán parte de esa “gobernanza” que tomará inicio el último sábado del corriente mes de abril. Conformarán este esfuerzo desde brigadas, estudiantes, niños escuchas, grupos comunitarios y ecológicos e instituciones como la Universidad de Puerto Rico y la Pontificia Universidad Católica, entre otras. “La inteligencia, el conocimiento, profesores y estudiantes de varias disciplinas en el análisis de lo que hay que hacer, desde el paisajismo hasta la pintura; la Academia puesta al servicio de la recuperación del Bosque”, añade Massol. De igual forma, el parador Villas de Sotomayor será parte de la iniciativa, tanto por su colaboración -brindando alimentos a los que trabajaron por detener la ruta del fuego que consumió parte del Bosque Modelo de Puerto Rico- como también su participación en este plan de desarrollo ecosostenible desde la perspectiva del turismo. “Impulsaremos un turismo ecológico, porque el Parador Villas de Sotomayor es parte de Casa Pueblo, él (dueño del parador) es un actor del proceso desde la perspectiva de turismo. Estamos armando muchas piezas, que están ahí, vamos a ver cómo las juntamos. Cada cual es un actor del proceso”. La música que entonará la actividad estará a cargo de la Banda de los Bomberos y José Nogueras a son de la plena.

Mientras el entusiasmo del pueblo y la naturaleza hacen lo propio, la Policía de Puerto Rico, el Cuerpo de Bomberos de Puerto Rico, así como el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, continúan labores de investigación y peritaje sobre el siniestro, ocurrido la tarde del 27 de marzo. Dicha investigación anticipó que se han identificado sospechosos que deliberadamente incurrieron en cometer el nefasto crimen. Sobre esto, Massol añade que, “le corresponde al Departamento de Justicia encausarlos, y ahí no entramos nosotros. La gente a veces aprende por un cantazo. No era necesario que hicieran eso para que aprendieran, pero las leyes son así y deberán pagar por lo que hacen. No entramos en el aspecto de juzgar porque desconocemos la interioridad de esa persona. Es doloroso, uno luchar por tantos años en contra de las minas evitando la destrucción, logramos el bosque y ahora hay una destrucción provocada por alguien de aquí mismo”.

La gestión de Casa Pueblo ante las amenazas que gobiernos y corporaciones representan para el medio ambiente, ha resultado exitosa a través de la inserción de proyectos de conservación ambiental, como también de la inclusión participativa de las ciudadanas y ciudadanos puertorriqueños en tal causa fundamental de la Patria y el Planeta en que yace ésta. Por eso, muchos en el país se han preguntado si el fuego fue provocado como acto de represalia en contra de la organización, cuestionamiento que resulta necesario hacerse tras el hecho de que fueron cinco los focos de incendio que abrieron paso a la destrucción del Bosque en las regiones de Adjuntas y colindancia con Utuado. Sin ánimo de especulación, ante esta interrogante Massol expresó que “si fuera un acto premeditado con fines políticos ya es otra cosa. Si ahí detrás hubiese eso, que yo no lo sé, ya entonces es un asunto político, un crimen ambiental desde una mirada política para hacerle daño a Casa Pueblo, al Bosque del Pueblo, y sobre eso no puedo especular.”

El Bosque Modelo presenta un proyecto de ley que integra la planificación y desarrollo sostenible que propone criterios de conservación, integración comunitaria y de las empresas con el fin de establecer una economía sustentable y de armoniosa convivencia entre estos sectores y el primer corredor biológico de Puerto Rico.

Para hacer posible el rescate del Bosque del Pueblo en Adjuntas “tiene que haber la ciencia, el conocimiento, tiene que haber voluntad, tiene que haber amor, tiene que haber sabiduría. Son 200 cuerdas, son 200 veces que vamos a restaurar a Puerto Rico”, afirmó el Director de Casa Pueblo, donde se espera la participación ciudadana el sábado 26 de abril comenzando a las 9:00 de la mañana.

(Fotos Karla V. Pesquera)

8/4/2014

Betances, orgullo patrio

Por Vilma Soto Bermúdez
MINH

Ramón Emeterio Betances, Padre de la Patria (Cabo Rojo, 1827 - París, 1898, escritor, médico, abolicionista y revolucionario) que desde el exilio recolectaba armamentos  y dirigía a los insurrectos que levantarían la tea incendiaria el 23 de septiembre de 1868 en el Grito de Lares, fue detenido y las armas confiscadas, amén de que el día establecido para el levantamiento tuvo que adelantarse debido a que el gobierno español se enteró de los planes libertarios. 

Las armas no llegaron. Las fuerzas españolas doblegaron a los patriotas… pero eso no fue el fin de la lucha. Betances, el eterno exiliado, continuó su labor revolucionaria, no solamente por su Patria, sino, además por la Cuba en armas, de quien fuera su delegado en París.

Tuve el honor hace unos años, de que el historiador Félix Ojeda Reyes, quien ha dedicado su vida al estudio y a  la recopilación de los escritos del prócer, sabiendo que estaba trabajando con la Revolución Bolivariana en el Proyecto Emancipación, se comunicara conmigo para indicarme que buscara ciertos artículos de Betances en la Biblioteca Nacional.

Tras rebuscar en la prensa de la época hallé varios de sus escritos en El Federalista. Nunca algo me había conmocionado tanto. Empecé a llorar, no de tristeza, sino de orgullo patrio. Sus palabras le dieron sentido a mi concepto de Patria Antillana, de Patria Grande. Estaba en presencia de nuestra historia. Encontré a Betances en Venezuela.

A Betances se le reconoce como uno de los principales forjadores de la conciencia antillanista y figura ideológica de la independencia americana.

La pluma de Betances lo convirtió en uno de los intelectuales más leídos de Nuestra América. Al igual que Bolívar y Martí, fustigó tanto al gobierno colonial imperante, como al imperialismo de EEUU.

De él dejamos aquí una cita: «No quiero colonia ni con España ni con Estados Unidos, ¡qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan!»

(Correo del Orinoco)

8 de abril - Natalicio de Ramón E. Betances, Padre de la Patria puertorriqueña

(8 de abril de 1827 - 18 de septiembre de 1898)